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1. Ramiro Ibáñez y Willy Pérez 2. La caja de albarizas 3. Los hermanos Blanco de Callejuela, junto a Luis Pérez, padre de Willy 4. Vinos de la cata 5. Recorrido por los pagos en la cata 6. Mantel de cata Fotos: Abel Valdenebro (1-3) y Y. O. de Arri

Catas

El día que las albarizas recuperaron su voz

Yolanda Ortiz de Arri | Martes 19 de Junio del 2018

Ramiro Ibáñez y Willy Pérez no olvidarán fácilmente la edición 2018 de Vinoble. Las entradas para su cata sobre viñas y suelos de Jerez, programada para el último día de la feria, se agotaron en apenas 15 minutos después de salir a la venta. Conscientes de la oportunidad de exponer su visión sobre la identidad y grandeza de la viña jerezana en un evento como Vinoble, Ramiro y Willy —nadie les llama por su apellido— se trabajaron su intervención a conciencia.

Llevan ya un tiempo escribiendo un libro sobre este tema, que esperan publicar pronto, y utilizaron parte del ingente material que tienen para preparar un dossier de 20 páginas con mapas y cartografías detalladas que entregaron a los asistentes a la cata. Apenas durmieron la noche anterior. Querían imprimir todo a tiempo y por eso tuvieron que ausentarse desde la tarde del lunes del popular stand de Territorio Albariza, que compartían con Primitivo Collantes, Callejuela, Forlong, Armando Guerra y Barbadillo.

Pero antes de poner papel en la impresora, Willy y Ramiro volvieron a la viña a por las muestras de albariza que querían regalar durante la cata. La lluvia que cayó en el Marco los días previos a Vinoble les había impedido recogerlas antes, pero entre los dos se las arreglaron para llenar 60 estuches de madera con nueve compartimentos numerados a mano con algunos de los 15 tipos de albarizas que cubren los grandes pagos del Marco desde Miraflores a Carrascal.

Expectación, conocimiento e ilusión

A las 10:30 la Mezquita estaba a rebosar. Sumilleres, distribuidores, periodistas, enólogos de otras bodegas, compañeros de Territorio Albariza y de pie, al fondo de la sala, la discreta figura de Luis Pérez, padre de Willy y antiguo director de investigación de Domecq, una bodega a la que aludieron en varias ocasiones durante su exposición. Luis Flor, el representante del Ayuntamiento que ha llevado el peso de la organización de este Vinoble, personal del Consejo Regulador y Juancho Asenjo, defensores de la presencia de productores de vanguardia en la feria jerezana, también estaban por allí.

Había expectación por escuchar las palabras de Ramiro y Willy y de probar sus vinos y los resultados no defraudaron a nadie. En una hora para el recuerdo, estos dos apasionados de la historia e identidad de su tierra derrocharon conocimiento y contagiaron su ilusión a una audiencia que agradeció con un aplauso cerrado, largo y sentido —y alguna lágrima emocionada— su magnífica cata-paseo por los pagos y suelos de jerez combinando tradición e innovación.

Muchos salieron de la Mezquita con la sensación de haber vivido un momento especial, como la Master of Wine Sarah Jane Evans. “No recuerdo haber escuchado nunca tantos aplausos en lo que era 'solo' una cata; se palpaba la emoción y creo que marcó un cambio significativo. Otras regiones vinícolas como Borgoña, Priorat o Napa han delimitado y analizado sus viñedos. Estamos ante una nueva etapa en Jerez, que además es extraordinariamente democrática, en la que el conocimiento y la historia se comparten con todos nosotros”.

Para Paddy Murphy, del blog The Vine Inspiration, la cata demostró que el Marco de Jerez, más allá de afirmaciones vacuas, tiene un potencial real para producir vinos finos de clase mundial. “Es una cata que perdurará en el tiempo, una demostración no solo del talento de Ramiro y Willy para elaborar vino sino de su conocimiento y respeto por la historia de Jerez. Al presentar vinos que abarcaban casi ocho décadas lo que destacó fue el valor del lugar sobre el proceso de elaboración.”

Los vinos de la cata

Willy y Ramiro comenzaron su presentación desde “la humildad y el respeto a la tradición”, explicando a grandes rasgos la importancia de la cercanía o lejanía al océano, de la altura de los viñedos, de los vientos y de la albariza en un paseo que comenzó en el pago El Carrascal, en el límite geológico de las albarizas en Sanlúcar y expuesto al océano. Allí nace el primer vino que se cató, UBE Carrascal 2014, elaborado por Ramiro con uvas de viñas viejas de la finca Las Vegas, en la zona más alta de este pago que “da vinos muy rectos y frescos”. Fermentado en bota y con una crianza de dos años es, según Willy, “uno de los vinos que mejor marca la palomino”.

El segundo, un 2016 con un año en botella y más cuerpo y estructura que el anterior, provenía de Miraflores Alta, una zona que por su situación, altura, orientación y suelos puede considerarse “el ombligo de Sanlúcar”. Como recordó Ramiro, Miraflores estuvo ligado muchos años a la manzanilla Barbiana de Rodríguez Lacave. Hoy en día sus propietarios son principalmente viticultores sanluqueños.

De la viña del Armijo, también en Miraflores, provenía el tercer vino, Amontillado El Armijo, con diez años de crianza biológica y otros tantos de oxidativa, perteneciente a las soleras familiares de Gaspar Florido, autor de vinos como los emblemáticos GF. Ramiro contó como Florido impartía a la manzanilla más vieja de la casa un perfil más jerezano, porque “el terruño también es el factor humano y la forma del productor de interpretar la albariza”.

La manzanilla La Charanga, cuarto vino de la mañana y con unos cinco años de vejez media, nació en una viña de 1,7 ha. en el extremo norte de Maína, propiedad de un mayeto. Es un pago con gran contenido en diatomeas a casi 15 km del océano, lo que, según Ramiro, le da “más sapidez y estructura dentro de Sanlúcar”. Por estos suelos, con alto contenido en fósiles, “rompemos una lanza frente a otros calcáreos de muchas otras zonas”, aseguraron.

El quinto vino, Dos Palmas 2009 de Forlong, era de Balbaína Baja, una zona con suelos heterogéneos a 6 km de la costa de El Puerto de Santa María que Willy describió como “el pago más sanluqueño de jerez”. Aunque hoy en día quedan pocas viñas allí, Forlong todavía sigue manteniendo su presencia y de allí surgió este fino con tres años de crianza biológica con buena sapidez, frescura y textura del que solo se elaboraron 200 botellas y 40 mágnums.

Avanzando hacia el interior, el sexto vino provenía de Añina, un pago de la época romana con casi 600 ha a las afueras de Jerez pero trabajado por muchas bodegas y viticultores sanluqueños. Con menos fama que sus vecinos Balbaína y Macharnudo, Añina cuenta con cuatro subzonas. El Amontillado Las 40 que catamos procedía de la viña de ese mismo nombre, ubicada en el subpago de Marihernández, y fue elaborado de forma artesanal en la propia casa de la viña, con entre 18-20 años de crianza casi estática. “Nariz jerezana y boca sanluqueña”, como lo describieron Willy y Ramiro.

El Blanco De La Riva, la antigua marca de Domecq que han recuperado, fue el séptimo. Se trata de un vino de pasto asoleado durante ocho horas en día de levante (“Nunca se debe asolear en la costa porque fuerza el espíritu de la uva, pero en Macharnudo y Carrascal es genial porque favorece la estructura”) y fermentado en botas con 10 meses de crianza bajo velo. Willy contaba su ilusión casi infantil cuando les dejaron comprar uvas de la parcela El Notario, en la zona norte del Castillo del Majuelo en Macharnudo Alto, “el lugar donde se inventó el jerez moderno” y volvieron a destacar “la importancia del terruño humano de Domecq, que muchos querían imitar”.

El Corregidor es el viñedo más conocido de Carrascal, el pago más al interior de los cuatro grandes pagos jerezanos. Allí domina la tosca de barajuelas y allí nace el Oloroso La Barajuela 2013, el octavo vino de la cata y parte de la gama que incluye otros tres vinos y un brandy vendimiados en 14 pases durante 50 días. Son vinos en los que se busca la expresión de la finca por encima de la crianza oxidativa. “La idea es intentar conseguir madurez pero sin forzar, recuperando el asoleo como técnica más natural y sin fortificar,” comentó Willy, que describió su Barajuela como “una mezcla entre un vino tranquilo y un oloroso”.

Sin movernos de Macharnudo, “la Romanée Conti de Jerez”, y para acabar este paseo tan revelador entre lentejuelas y lustrillos, Ramiro y Willy, que llevan años comprando jereces viejos, trajeron de su colección particular una saca de 1945 del apoteósico amontillado fino Carta Blanca 1940, “uno de los grandes vinos blancos de España, un jerez de viña, con una crianza bien entendida, sápido, con un estilo que nos gusta”. Ramiro recordó que Blázquez, autor de este vino, y La Guita, estaban más adelantados que los demás en ese sentido. “El vino venía concentrado de la viña y en bodega se respetaba ese carácter,” sin primar la crianza biológica sobre el volumen en boca. 

Para rematar la cata, una reflexión final de este duo inconformista, apelando a la identidad: “Jerez tiene una calidad muy alta, pero se puede hacer todavía mejor.”

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1 Comentario(s)
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Discover Sherry escribióMiercoles 20 de Junio del 2018 (04:06:22)Excelente artículo sobre todo para los que no pudimos asistir. Gracias.
 
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