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1. Carmen Enciso y Luis Valentín bajo la escultura del sacacorchos (2) de Juanjo Novella. 3. El Reserva y el tinto 10 Años Después. 4. Cemento como elemento diferencial. 5. Un rosado original. 6. Homenaje en la viña. Fotos: A.C. y Valenciso.

Bodega destacada

Valenciso: un rioja del siglo XXI

Amaya Cervera | Martes 02 de Octubre del 2018

Lo más bonito que les han dicho es que están “en mitad del río”, una especie de metáfora para explicar que tienen lo mejor de los clásicos y de los modernos.

Lo cierto es que Valenciso no encaja en el discurso terruñista tan en boga entre los más jóvenes productores riojanos. En filosofía está mucho más cerca de los clásicos del Barrio de la Estación de Haro y su receta de mezclar uvas para conseguir vinos finos y elegantes con capacidad de guarda. Pero su Reserva sabe muy distinto. Hay elegancia y sedosidad (no se renuncia a la piedra angular de la zona), pero dentro de un estilo más vibrante y directo. 

“Cuando sacamos el primer vino en 2001 la gente esperaba que fuera otra de esas 'bombas’, así que en cierto modo nacimos a contracorriente”, recuerda Carmen Enciso. “El problema es que estamos en un espacio indefinido. Tenemos todo lo que se pide a los grandes, pero no somos tan pequeños como para que nos asocien con los vinos de garaje”.

La conexión bordelesa

Sin embargo, Carmen Enciso y Luis Valentín (sus apellidos casaron perfectamente para dar nombre al vino) sabían muy bien lo que era la modernidad cuando decidieron crear su propio proyecto en 1998. Su experiencia en Bodegas Palacio, tanto durante su época dentro de la multinacional Seagram, como en la etapa francesa (1985 a 1998) con Jean Gervais les dio una visión privilegiada.   
“Bodegas Palacio fue el segundo cliente internacional de Michel Rolland fuera de Francia. El encargo que le dio Gervais fue modernizar el tempranillo de Rioja”, explica Valentín mientras rememora las sucesivas llegadas del famoso consultor a la bodega de Laguardia en, por este orden, un Citroen, un BMW, un Mercedes conducido por él y un Mercedes con chófer. 

El uso de roble francés, el mantenimiento de la fruta y la sensatez en los tiempos de crianza son lecciones aprendidas en esa época. También la importancia de la viña ahora que los viñedos singulares y los vinos de pueblo están de plena actualidad. 

“Ya estábamos de acuerdo con estas ideas en los años 80 cuando trabajábamos con los franceses”, puntualiza Luis Valentín. “Nos parece bueno porque da más libertad, se transmite la imagen de que Rioja se mueve y combate el problema de la vulgarización que hemos estado sufriendo en los últimos 10-15 años. También porque da más importancia al viñedo frente a la barrica. Lo que no nos gusta es que se pongan los vinos de parcela por encima de los coupages clásicos. Y también está el riesgo de que los viñedos singulares acaben como los vinos de pago”. 

Hacia el cultivo ecológico

El viñedo es un gran pilar en Valenciso. Aunque se compran uvas a dos viticultores, la bodega cultiva directamente 27 hectáreas repartidas en 17 parcelas que se extienden en torno a la bodega en Ollauri y en un radio de una decena de kilómetros, fundamentalmente en Briones, Rodezno, Zarratón, Haro y Villalba, la zona más fresca y alta. Aproximadamente la mitad son hectáreas propias, mientras que el resto se gestiona mediante contratos de alquiler con un mínimo de 15 años de duración y opción de compra. En muchos casos los propietarios no cuentan con un relevo generacional para continuar el cultivo.

“La viticultura de fin de semana no es buena ni para quien la hace ni para la calidad del vino,” incide Luis Valentín. “Por suerte estamos viendo un repunte de jóvenes agricultores gracias a las ayudas que se conceden a viticultores de menos de 35 años. Y las bodegas también han puesto baremos más exigentes de compra. Pero es evidente que ha habido un abuso de kilos porque la viticultura productiva resultaba más rentable”.

Valenciso inició la conversión a ecológico hace dos años, de modo que en otros dos años más estará en disposición de obtener la certificación orgánica. También se utilizan de forma puntual preparados biodinámicos como la infusión de manzanilla, cola de caballo y salvia a modo de fungicida contra el mildiu.

Nace un blanco

Para Carmen y Luis no hay recetas claras. Al final, consideran que lo más importante es trabajar con uvas de viñas viejas y buenas barricas. Les gusta contar que su enólogo de cabecera, el tristemente fallecido Denis Dubourdieu, decía que la mesa de selección era un método clásico e ineficaz porque la mejor selección se hace en la viña. 

Lo más importante es que les ayudó a definir el estilo de su blanco de viura y garnacha blanca del que hoy se elaboran cerca de 10.000 botellas. Es uno de esos vinos que seducen por su elegancia, amplitud y delineada acidez. Se elabora con un prensado muy exigente, levaduras naturales y las dos variedades se trabajan en cofermentación. Tiene la particularidad de utilizar roble del Cáucaso, de poro más fino respecto al francés y en una versión muy poco tostada.

El blanco fue la primera y muy discreta compañía que tuvo el Reserva, el auténtico pilar del proyecto y durante muchos años el único Valenciso en el mercado. No es extraño si se piensa que las primeras elaboraciones se realizaron en instalaciones alquiladas primero en Laguardia y luego en San Vicente e incluso que llegaron a tener vinos repartidos por Navarrete y Fuenmayor. Luis Valentín recuerda haber hecho una cata en un andamio para Boutinot, su actual importador en Reino Unido. La comercialización (la exportación representa el 60%) y la creación de marca siempre fueron por delante desde la primera cosecha 1998. La actual bodega de Ollauri, un espacio funcional pero diseñado con mucho gusto, se remonta a la cosecha 2006.

El arte de la mezcla 

El Reserva representa la mayor parte de las 150.000 botellas que produce Valenciso. Es un monovarietal de tempranillo que combina uvas de distintas ubicaciones de Rioja Alta. El coupage se decide entre cuatro personas: Carmen, Luis, Ana Ruiz (“la primera persona que empezó a trabajar con nosotros”, recuerda Carmen con cariño) y la enóloga Alicia Erayalar, que les ha ayudado prácticamente desde el principio. 

“La gran cata coupage se hace una vez al año”, explica Luis Valentín. “Probamos los depósitos y las barricas de primer y segundo año. Catamos, nos vamos, volvemos una hora después y luego dejamos la mezcla para el día siguiente. Lo que realmente te habla de longevidad es la cata de las 24 horas”.

Carmen y Luis creen que más allá de la propia uva, lo que hay que modular de verdad en este proceso es el impacto de la madera en función de las características de la añada. Desde la cosecha 2011 además el Reserva ha incorporado un pequeño porcentaje de roble del Cáucaso (en torno al 10%) a su parque de barricas que hasta entonces solo contenía roble francés.

“Creemos que da un carácter más fresco y vivo al vino y que se nota menos la crianza; quizás la boca resulta algo más tiesa al principio, pero el vino parece más moderno”, explica Luis Valentín. 

El cemento y otras especialidades

Pero, probablemente, el tinto que más pasiones levanta entre los expertos es el que se ha bautizado como Valenciso 10 Años Después. El vino se beneficia de los depósitos de cemento que la bodega utiliza habitualmente para fermentación y combina una crianza de cuatro años y medio en estos tanques y cuatro años más en barrica. La madera elegida es roble del Cáucaso, pero no se trata de un segundo uso de las barricas utilizadas para el Reserva, sino de las destinadas al blanco que tienen un tostado mucho más liviano. 

Este vino procede habitualmente de un viñedo de Haro de 75 años. Hasta la fecha se han lanzado al mercado las añadas 2005 y 2007, pero en bodega tuve la oportunidad de catar la 2008 junto al Reserva de la misma añada. El vino resultaba mucho más juvenil en la versión en cemento, con los taninos más firmes, y mayor sensación de vida por delante y frescura. ¡Qué interesante receta de longevidad!

Entre las ventajas que aporta el cemento Valentín y Enciso destacan que la extracción es mucho menor en comparación con el acero inoxidable y que la maloláctica es totalmente diferente “porque la pérdida de color es nula”.

La última especialidad de la casa (y su vino de producción más reducida) es un rosado del que se elaboran unas 2.000 botellas y que en la cosecha 2016 cambió de estilo para convertirse en un sangrado de tempranillo que fermenta en acero inoxidable a muy baja temperatura y que se trabaja intensamente con lías. Con notas de hinojo, anisados, buena acidez y finas notas lácticas es otro pequeño secreto de esta bodega que quizás no resulta demasiado mediática, pero que parece haberse convertido en una auténtica especialista en interpretar los valores clásicos de Rioja con claves del siglo XXI.

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1 Comentario(s)
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Enrique Tudela escribióMiercoles 03 de Octubre del 2018 (01:10:47)Felicito a Amaya por haber elegido a Valenciso como Bodega destacada en este último número de su publicación. Conozco los vinos de Valenciso desde hace tiempo y coincido con las apreciaciones de Amaya tanto en cuanto a los tintos como el blanco y rosado. Para los aficionados del mundo del vino, creo que se trata de vinos que, además de beberlos con placer, tienen una relación calidad-precio excepcional. Es agradable ver que buena parte de los "gurús" también lo consideran así.
 
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