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Algunos rosados que reflejan la efervescencia de la categoría en España. Fotos: A.C. y Y.O.A.

Vinos recomendados

Optimismo y diversidad en clave rosada

Amaya Cervera y Yolanda Ortiz de Arri | Domingo 09 de Agosto del 2020

Este año nos planteamos un verano rosa. Porque necesitamos poner un poco de alegría en la copa y porque hay mucho que contar y descubrir dentro de esta categoría. Desde que hace cuatro años escribiéramos sobre la voluntad de muchos productores de convertir sus rosados en vinos de primera división con expresiones de terruño, envejecimientos y precios acordes con este objetivo, la “explosión rosa” ha continuado en casi todas las direcciones posibles. 

Ya sea en clave de burbujas, variedades, ensayos en zonas tradicionalmente ajenas a la categoría, uso de la madera u otros recipientes de envejecimiento, o de recuperación de claretes y estilos tradicionales, nunca había habido tanto donde elegir. De hecho, muchas de las propuestas que hemos incluido en este artículo (al que iremos añadiendo nuevos vinos a lo largo del mes de agosto), son novedades que han salido este año al mercado. Seguidnos en redes sociales para estar al tanto de las nuevas recomendaciones que vamos subiendo a la web.

Un poco de contexto antes de empezar

Las zonas más destacadas de elaboración de rosados en España en los años noventa eran Navarra, Cigales, Méntrida y todas las regiones del universo bobal (de hecho, esta variedad era más habitual en versión rosada que tinta). La garnacha aparecía como uva reina de la categoría. Era la base de los rosados de Navarra y Méntrida y a menudo también de los claretes de Rioja, sobre todo en el valle del Najerilla, donde se combinaba con viura. En Rioja y Cigales también estaba presente la tempranillo y antes de la creación de la DO Ribera del Duero en 1982, Aranda y su entorno eran más conocidos por sus claretes elaborados a partir de la mezcla de tinto fino con uvas blancas. 

Las variedades foráneas, ya fuera en solitario o combinadas con las locales, llegaron con fuerza al mundo de los rosados en Somontano, Navarra o Penedès. La especialidad del rosado riojano envejecido en madera quedó prácticamente recluido al universo López de Heredia. Hoy, sin embargo, el Viña Tondonia Gran Reserva, que se elabora en añadas muy puntuales, se ha convertido en un auténtico unicornio.

Los efectos de la revitalización de la categoría rosada han ido mucho más allá del triunfo de los colores pálidos. El interés que han generado los vinos rosados en los productores de calidad ha sido fuente de creatividad, diversidad y recuperación de estilos históricos. 

El Chivite Colección 125 envejecido en barrica fue el primer intento de hacer un rosado de gama alta a cargo de un auténtico experto navarro en la categoría. En Ribera del Duero, Bertrand Sourdais fue más lejos con Le Rosé de vocación terruñista y técnica de prensado directo que hoy supera la barrera de los 50 €. En la misma zona, Jorge Monzón no solo resucitó el clarete, sino que luchó por poner el término en la etiqueta y darle la crianza y el reposo necesario antes de salir al mercado (la añada en curso es 2018). Su alter ego en Rioja, aunque bastante menos conocido, es Honorio Rubio, abanderado del clarete de Cordovín. En el ámbito de las burbujas, Raventós i Blanc se inspiró en Champagne para crear un estilo tan refinado como adictivo simplemente añadiendo una pequeña cantidad de vino tinto al ensamblaje de variedades blancas de De Nit. Por su parte, los productores de espumosos ancestrales van incorporado de manera natural las propuestas rosadas a sus porfolios (dos favoritos de los que hemos hablado en varias ocasiones en SWL son Capsigrany de Alta Alella y Roig Boig de La Salada).

Si pensamos en variedades, Marqués de Murrieta se desmarcó con una casta ajena a la categoría como es la mazuelo. Hoy, hay rosados de manto negro, monastrell, caíño, merenzao, sumoll, mandó o malvasía rosada. No hay más límite que la propia imaginación. Un ejemplo: en su rosado Viñas Viejas de Castilla y Léon, Marqués de Riscal llega a añadir lías de sauvignon blanc en la elaboración. Y sí, los recipientes (cemento, ánforas…) y las elaboraciones más retro (flor, pieles) también han llegado al universo de los rosados. Algunos de los siguientes vinos son reflejo de toda esa efervescencia.

Pedregar Ull de Perdiu 2016, AT Roca (Classic Penedès)

Entre los espumosos rosados que hemos probado recientemente nos ha gustado este que elabora AT Roca y que tiene la particularidad de ser un vino parcelario. El viñedo, plantado con garnacha (representa el 85% de la mezcla) y macabeo sobre margas calcáreas, se beneficia de una orientación norte que proporciona una maduración lenta. El vino base envejeció siete meses en barrica y estuvo 30 meses en botella con sus lías, lo que contribuye a su complejidad aromática (hierbas, brioche, fruta escarchada y pastelería). Tiene nervio en boca, con notas de fruta ácida y final tostado. Un trago sofisticado para relajarse en buena compañía al final del día. De acuerdo con las normas de Classic Penedès, es ecológico e indican la fecha de degüelle en la etiqueta. Se han elaborado 21.299 botellas. 

Encuentra este vino por 19,60 € en Coalla Gourmet

Astobiza Rosé 2019 (Arabako Txakolina)

Aunque se venía haciendo desde hace un tiempo para el mercado norteamericano, 2019 es la primera añada que se ha comercializado en España. El vino es una mezcla a partes iguales de las variedades locales hondarrabi zuri y hondarrabi beltza. Tras el despalillado, se trabajan conjuntamente en un macerador antes de cofermentar en depósitos de acero inoxidable. Fresco y sutil, con notas de fruta blanca y de hueso y algún toque de hierbas, ofrece un agradable juego dulce-amargo en un paladar fluido y fácil de beber. El diseño de las etiquetas, que juegan con la idea del “hecho a mano” (hand made) y que se trabajan previamente como bocetos dibujados en papel, es un atractivo añadido a la hora de regalar o presentarse con la botella en una reunión de amigos. Se han elaborado 6.000 botellas de esta añada. 

Encuentra este vino por 12 € en la tienda de la bodega o vía Wine Searcher.

Albariza de José Estévez 2019 Rosé (Cádiz)

Otra novedad lanzada muy oportunamente para animar el verano. Tras un palomino sin encabezar, este rosado es el segundo vino de la gama Albariza, que se sitúa en una banda de precio muy asequible por debajo de los seis euros. Las botellas se distinguen por la imagen del caballito de mar en la etiqueta, un recordatorio de que en el pasado el Marco de Jerez era mar y de la actual riqueza de fósiles marinos en sus suelos. El vino, un ensamblaje de las variedades locales palomino y tintilla de rota en porcentajes que la bodega guarda celosamente, se elabora en frío, incluida una maceración previa y la fermentación conjunta de las dos variedades. Es un vino ligero y veraniego, perfecto para introducirse en la parte salina y caliza del jerez con el añadido de un toque de manzana roja. Su carácter lleva directamente a la zona.

Encuentra este vino por 5,95 € en Bodeboca.

Arbayún Rosado de Guarda Garnacha 2019, Baja Montaña Viñedos y Bodegas (Navarra)

No es habitual encontrar la palabra “guarda” en la etiqueta de un rosado, pero ahí es precisamente donde quiere poner el acento Fernando Chivite en su proyecto más personal. Convencido de la buena evolución en botella que puede tener un rosado, refuerza este concepto con el uso del formato mágnum en parte de su producción. En el fondo, no hay más secreto que la selección de garnachas viejas cultivadas en ladera en la subzona de Baja Montaña donde los rendimientos son naturalmente bajos por la edad de las plantas y la pobreza de los suelos. En unos tiempos en los que la garnacha reina en el panorama de los tintos españoles, este vino ayuda a redescubrir lo rica, gustosa y elegante que puede ser en versión rosada. La nariz, fragante y delicada, combina aromas de frutillos rojos y pétalos. En boca el vino es jugoso, con estructura y delicadeza a la vez, y muy equilibrado. Gran textura y toques levemente tizosos en final de boca. Una auténtica ganga por debajo de los 10 € y una de las mejores expresiones disponibles de rosado de Navarra.

Encuentra este vino por 8,90 € en Lavinia.

Les Prunes Blanc de Mandó 2019, Les Filles d’Amàlia (Valencia)

De la bodega subterránea con decenas de tinajas antiguas de Celler del Roure siguen saliendo pequeñas maravillas como ésta que consolida además el trabajo de recuperación de la variedad mandó. Esta uva de ciclo largo y alta acidez tiene aptitudes naturales para elaborarse como rosado. Mi botella, por cierto, aguantó perfectamente durante más de una semana en la nevera. Interesante combinación de fruta roja (cereza, fresa ácida), con toques florales y herbales delicados. Paladar sabroso, sápido y jugoso con leves notas salinas y terrosas en final que le dan carácter. Una más que interesante aportación a la categoría.

Encuentra este vino por 10,90 € en Bodegas Bio.

Naranjas Azules Garnacha 2019, Soto Manrique (Cebreros)

Este rosado de excelente relación calidad-precio que debería estar en la lista veraniega de los wine lovers se elabora con garnachas de clima mediterráneo de la zona de Gredos. “Es un vino que necesita un perfil de uva muy concreta con graduaciones en torno a 13% vol. y pH de 3 que se correspondan con un estilo muy fresco y floral”, señala Jesús Soto. El original nombre viene de la época en la que Jesús trabajó en Belondrade (Rueda) y de la voluntad de su jefe de entonces, Didier Belondrade, por conseguir el más difícil todavía, que en su jerga equivalía a “naranjas azules”. De color pálido y nariz fragante con notas florales y de cereza, el paladar es jugoso, con una agradable nota de fruta dulce y un final salino que sirve de perfecto contrapunto. Se bebe tan bien que recomendamos el formato mágnum para las reuniones de más de cuatro personas.

Encuentra este vino por 9,45 € en Decántalo.

Sota Els Angels 2018 Rosado (Empordà)

En versión tinta puede pecar en ocasiones de rústica, pero las aptitudes de la cariñena para la elaboración de rosados nos parecen de lo más interesantes a juzgar por experiencias como ésta en la que representa el 50% del ensamblaje (el resto es 30% de merlot y 20% de garnacha). Elaborado a partir de un prensado directo y con final de fermentación y crianza de un año en un foudre de 1.800 litros, el color es muy pálido y el estilo elegante y sofisticado. En nariz destacan los aromas ahumados, florales y de piel de melocotón. El paladar es sutil, pero sápido y vibrante a la vez, con notas de fruta jugosa (cereza, pomelo). Perfecto para una ocasión especial.

Encuentra este vino en el entorno de los 26 € en Ca l’Angel o vía info@sotaelsangels.com

Onomástica Reserva 2016 Rosado, Carlos Serres (Rioja)

Otro guiño a la cariñena, en este caso bajo el nombre de mazuelo porque el vino viene de Rioja. Aquí representa el 60% de la mezcla ganando el protagonismo a la tempranillo que ocupa el espacio restante. La bodega Carlos Serres, propiedad del grupo Vivanco desde comienzos de los 2000, ha lanzado una edición especial de un rosado de Reserva, recuperando uno de los estilos de antaño de la casa. La firma fue fundada en 1896 por el francés Charles Serres y tuvo su primera sede en el Barrio de la Estación de Haro. La gama Onomástica, por otro lado, se reserva a vinos de finca con origen en la propiedad El Estanque, situada en la zona sudeste de Haro. Elaborado por el método del sangrado y con más de 1.000 días de crianza entre barrica y botella, la presencia de madera no se esconde ni en nariz (las notas tostadas comparten espacio con las notas de frutos rojos) ni en boca, pero el final está dominado por una mazuelo que crea tensión, aporta frescura y mantiene el vino vibrante y fresco. Sin duda, un rosado para comer (tiene buena estructura) y una buena alternativa a los tintos en los meses de verano para acompañar carnes o platos relativamente consistentes. Solo se han elaborado 1.200 botellas. ¿Veremos una revitalización de los rosados criados en madera en Rioja?

Encuentra este vino por 22 € via Carlos Serres.

Lalomba Finca Lalinde 2019 Rosado, Ramón Bilbao (Rioja)

Esta añada ha traído algún cambio importante al rosado de altos vuelos del grupo Ramón Bilbao. Al integrarse en el nuevo proyecto de viñedos especiales del grupo, ha dejado atrás la sofisticada botella serigrafiada con la que salió al mercado para alinearse con la imagen sobria del resto de vino del grupo cuyo lanzamiento se espera para la vuelta del verano. El leit-motiv en este caso es la vinificación y crianza en hormigón de la nueva bodega creada específicamente para los vinos de Lalomba de la que hablamos con detalle hace algunos meses en SWL. El vino sigue siendo uno de nuestros rosados favoritos de Rioja, fragante y elegante (frutillos rojos, pomelos, pétalos), con el paladar bien delineado por la acidez que se consigue gracias a la altitud del viñedo en las faldas del monte Yerga y a la inclusión de un 10% de uva blanca (viura) en el ensamblaje. Agradables notas sápidas aquí también. Es un rosado que se desarrolla bien en botella. A los que les guste jugar con la evolución en el tiempo deberían apostar también por el formato mágnum.

Encuentra este vino por 18,95 € en Decántalo

La Pequeñita de Alonso & Pedrajo 2018 Rosado Macerado (Rioja)

La trilogía riojana de rosados que hemos incluido en esta selección se cierra con un vino osado que rompe moldes y que cabría definir mejor como clarete. La originalidad empieza con las variedades empleadas, bastante atípicas en la categoría (es una mezcla en cofermentación espontánea de maturana blanca y tinta) y sigue con la elaboración que hace guiños al madreo o adición de racimos enteros durante la fermentación, mantiene el contacto con las pieles durante tres meses y hasta incluye una fermentación parcial en tinaja. Se acaba con una leve crianza en madera y se embotella sin adición de sulfuroso. Es, por tanto, un vino natural, que se trabaja con pocos trasiegos y que se beneficia de la aireación. De hecho, es muy recomendable decantarlo para eliminar la reducción inicial. Con estructura y acidez, es muy enérgico y un punto salvaje, con notas de piel de naranja, toques herbales y la tanicidad característica de su elaboración. Para paladares aventureros en busca de rarezas. Se han elaborado 1.450 botellas. 

Encuentra este vio por 19,40 € en Lavinia.

Sílice 2019 Rosado, Sílice Viticultores (Vino sin indicación geográfica)

Aunque muy pocos asocien la Ribeira Sacra a los rosados, ésta es una de las nuevas categorías autorizadas en la última modificación de su reglamento del que nos hacíamos eco en uno de nuestros recientes artículos sobre la zona. Este vino viene de viñedos cultivados en los cañones del Sil, pero se comercializa sin indicación geográfica (Sílice Viticultores es una de las bodegas de calidad que operan en la región sin estar acogidas a su Consejo Regulador). El proyecto de los hermanos Carlos y Juan Manuel Rodríguez, con raíces familiares en Sober, y el inquieto enólogo Fredi Torres, de origen gallego pero criado en Suiza y que firma vinos en distintas regiones españolas y europeas, ha alumbrado dos nuevas referencias “rosas” este año: un clarete de tonalidad oscura y este rosado pálido, sugerente y de grado moderado (12% vol.) que se bebe con asombrosa facilidad. Es un ensamblaje de mencía, merenzao y palomino cultivadas en suelos graníticos, arenosos y pizarrosos que fermentan con sus propias levaduras y se crían con sus lías durante cuatro meses; una parte del vino se trabaja en barrica y el resto en acero inoxidable. Recuerdos de sandía y granada, nota floral (rosa, piedra pómez) y leve fondo ahumado. Fresco, jugoso, muy buena acidez, con persistente toque tizoso y mineral en final de boca. Como todo lo que sale de esta bodega, es escaso (solo se han elaborado 1.651 botellas), pero merece la pena probarlo. 

Encuentra este vino por 17,95 € en Vinícola de Información.

Zárate Fontecón Rosé, Caíño Tinto, Espadeiro y Albariño, Bodegas Zárate (Vino sin indicación geográfica)

No abundan los rosados en Galicia y menos en el valle del Salnés, zona eminentemente productora de blancos. A pesar del dominio de la albariño, un puñado de productores con inquietud están recuperando variedades tintas tradicionales de la zona. Uno de ellos es Zárate, que ha lanzado este blanc de noirs en el que mezcla un 60% de caíño tinto con 20% de espadeiro y otro tanto de albariño procedente de la finca Fontecón, en Meaño. Tras el sangrado, el caíño y el albariño, ambos despalillados, fermentan con sus lías en un depósito de acero inoxidable durante tres meses mientras que el espadeiro se prensa con racimos enteros y se mantiene en barrica francesa tres meses con sus lías antes de ensamblarse con las otras dos variedades. Es una combinación original en la que destaca el punto de fruta roja vibrante de las uvas tintas con la mineralidad y la frescura de la albariño. El trabajo con lías aporta volumen y hace que sea un vino muy gastronómico.

Encuentra este vino por 20,50 € en Vila Viniteca.

Mélangé Clairette 2018 Saca Marzo 2019, Bodegas Recuero (Vino sin indicación geográfica)

Ubicada en Villanueva de Alcardete, en Toledo, Bodegas Recuero es una de las pocas firmas comprometidas con las variedades locales de Castilla-La Mancha como la tinta moravia (brujidera) o las blancas airén, malvar o verdoncho. Por relación familiar, existe un segundo proyecto en la Sierra de Gata, en Cáceres, con uvas que vinifican en Toledo bajo la marca Antier. De la coexistencia de ambos orígenes ha surgido una tercera línea de vinos mestizos que se comercializan bajo la marca Mélangé y que tienen como pauta común el hecho de trabajarse con flor. En este caso, estamos ante un clarete elaborado como vino natural y sin adición de sulfuroso que se cría en tinajas de cemento bajo velo. Es fruto de la combinación prácticamente al 50% de una pinot noir de Toledo vendimiada relativamente temprano y de ojo de liebre del municipio de Villamiel en Cáceres, una variedad blanca con cierto parecido con la familia de los albillos. En esta saca de apenas 960 botellas se nota menos la flor que en el sugerente y muy recomendable Mélangé Bajo Velo blanco. Manda el carácter de hierbas, flores secas y manzana asada. En boca tiene leves notas terrosas, pero está marcado por la sapidez y salinidad final. Otra opción para paladares aventureros.

Encuentra este vino por 12,40 € en Lavinia.

Mentidero Masdache 2019, Puro Rofe (DO Lanzarote)

El trabajo de Puro Rofe por dar visibilidad al emocionante patrimonio vinícola de Lanzarote sigue adelante con el lanzamiento de Mentidero, su primer vino de parcela. Elaborado con viñedos centenarios de malvasía volcánica, diego, listán blanco y listán negro y criado en roble francés y acero inoxidable durante seis meses, está etiquetado como vino rosado por exigencias burocráticas, no por vocación. Según Rayco Fernández, no buscaban hacer un rosado sino un vino tradicional, “como homenaje a los de antes en lo que no se diferenciaba por color o variedades”. Su origen es la parcela Mentidero, un paisaje de viñas plantadas en los tradicionales hoyos cavados a mano en el suelo volcánico del paraje de Masdache que ilustra la etiqueta. Era de Juan, el tío de la viticultora Ascensión Robayna, pero ella se encarga de cuidarla desde que él murió. Con 12% vol., es un vino fresco, ágil, salino y con buena acidez pero al mismo tiempo serio y con volumen y capaz de acompañar una comida gracias a la estructura que le aporta la listán negro. La reducción inicial en nariz desaparece con una buena aireación y da paso a notas de frutos rojos y hierbas como la mejorana. Solo 1.600 botellas de un vino singular y complejo que desecha el tópico de que los rosados son una categoría inferior. Como dice Rayco, “es como si fueran los barítonos de la ópera bufa. ¡Tan necesarios!”.

Encuentra este vino por 36,50 € en Coalla Gourmet.

La Furgoneta que miraba al Órbigo 2019, Bodegas Tierra (Vino sin indicación geográfica)

Este vino surge de la colaboración del productor riojano Carlos Fernández de Bodegas Tierra y Sara Martínez y León Flórez, responsables del consorcio de exportación del que Tierra forma parte. Un clarete en toda regla, se surte de viñedos rastreros muy viejos de palomino y de un viñedo de prieto picudo en espaldera cultivados en la ribera del río Órbigo en León. Las viñas pertenecen a la familia de León, originario del municipio de Santa María del Rey, pero el vino se comercializa sin DO porque se elabora en las instalaciones de Tierra en Rioja. Como algún otro rosado de esta selección, nace como un encargo de un importador y se vende así en su totalidad fuera de España. La base es la palomino, que representa más del 90% de la mezcla, con un 8% de prieto picudo que se prensa suavemente (a Carlos le ha sorprendido la capacidad colorante de esta variedad). Se utiliza la técnica tradicional del madreo para añadir racimos enteros de uva blanca hasta conseguir el color pálido y asalmonado que se buscaba. La nariz empieza con notas de tiza que deja paso a toques florales y de piedra pómez) y un fondo de frutillo rojo. El paladar es fresco, sabroso y untuoso, con buena acidez y tensión (he ahí su espíritu blanco) y nuevamente tiques tizosos que le dan personalidad. La pequeña parte que se crió en madera le da redondez en boca. Solo se han elaborado 2.000 botellas.

Precio 10 €. Más información sobre el vino en Bodegas Tierra.

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