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1. De izquierda a derecha, copa cabernet/merlot, pinot noir y universal 001. 2. Georg Riedel en el transcurso de la cata. 3. El mantel de la cata profesional. Fotos: Anna Harris-Noble y Abadía Retuerta.

Gadgets de vino

¿De verdad hace falta una copa para cada vino?

Anna Harris-Noble | Viernes 23 de Septiembre del 2016

Éste fue el tema central de una cata impartida a sumilleres madrileños por el propio Georg Riedel con motivo del 25 aniversario de la bodega de Sardón de Duero Abadía Retuerta. Allí se presentó la nueva copa universal Riedel 001 y las nuevas copas varietales destinadas a hostelería. El productor austríaco, convencido de que existe una copa perfecta para cada tipo de vino, quizás se ha dado cuenta de que muchos restaurantes (por no hablar del consumidor medio) no tienen ni el dinero ni el espacio para surtirse de 10 modelos diferentes; de ahí que haya lanzado una copa que sirva tanto para tintos y blancos como para espumosos.

Tras muchos años de estudio, la copa 001 cumple las expectativas. El modelo es enorme ya que tiene capacidad para una botella de 75 cl. y aún queda espacio libre. Pero ¿cómo se comportó frente a las copas varietales? Cualquiera que no haya tenido la oportunidad de probar el mismo vino en diferentes copas probablemente crea (como de hecho me pasaba a mí) que todo es puro marketing... Yo creía que una copa relativamente fina, sin dibujos y con el balón estrechándose en el borde era suficiente, pero fue una sorpresa descubrir que la percepción cambia enormemente de una copa a otra y no sólo aromática sino también gustativamente.  

El primer vino que probamos fue el Abadía Retuerta blanco Le Domaine 2015, una mezcla de sauvignon blanc y verdejo que siempre me ha gustado. En la copa riesling estaba delicioso, con delicadas notas florales y aromas a fruta tropical madura. La acidez se abría paso en un paladar equilibrado con abundante fruta y un final largo y mineral. Catado en la copa pinot noir, mucho más ancha, parecía un vino completamente distinto: blanco, algo alcohólico, con notas verdes y de levaduras dominando la nariz y casi sin rastro de fruta y frescura. La copa cabernet/merlot resultó algo mejor pero aun así faltaba equilibrio y el alcohol dominaba en el final de boca. ¿Y la copa universal? El vino me pareció ligeramente más cerrado que en la copa riesling, con más notas de hierbas que de fruta tropical en nariz, pero se comportó bien en el paladar con acidez bien definida, buena estructura y persistencia.

¿Puede una copa destrozar el vino?

La experiencia se repitió con un pinot noir de Oregón de Drouhin; en opinión de Georg Riedel, es la variedad más sensible a la forma de la copa. El modelo ideal para esta uva, según comentó, debe tener un balón más ancho y la boca más estrecha de modo que recoja las moléculas aromáticas y dirija el vino a la parte delantera del paladar para que muestre su finura; en este caso, fruta roja y toques florales con notas ahumadas, y una boca redonda con textura aterciopelada. El vino perdió mucho en la copa cabernet/merlot; apenas se notaba la fruta y aparecieron notas herbáceas marcadas. Estaba mucho más cerrado, corto y, en general, desequilibrado. Una vez más, la copa universal fue la segunda mejor opción mostrando toda la fruta roja del vino aunque quizás menos complejidad en el paladar.

El último vino fue Abadía Retuerta Pago de Valdebellón 2013, un cabernet sauvignon envejecido en roble francés durante 16 meses. Georg Riedel explicó perfectamente la transformación experimentada en las distintas copas cuando dijo que la copa pinot noir había “destruido” este tinto maravillosamente concentrado, mostrándolo cerrado y tánico. En su inconfundible tono dramático, afirmó: “Lo lógico sería pensar: ‘Este vino necesita tiempo’, pero ¡atención!, yo diría que lo que necesita es ¡la copa adecuada!”.

Riedel tenía razón: en la copa cabernet/merlot el vino se mostró mucho más amable, con notas de moras y frutos del bosque, y toques especiados y torrefactados en nariz; en boca tenía el equilibrio perfecto entre fruta roja y negra madura, especias dulces y un final largo y amable con seductores taninos. La copa universal funcionó bastante bien pero dominaban las notas vegetales y torrefactadas sobre la fruta; el equilibrio era bueno en boca, pero no tan perfecto y los taninos resultaban un poco menos elegantes que en la copa “perfecta”.

Experimentando en casa

Para los profesionales resultó evidente que las copas varietales fueron las mejores en cada caso y que la copa universal quedaba en segunda posición. Pero, ¿qué opina el consumidor de a pie?, ¿es capaz de captar las diferencias? Como nos regalaron las copas tras la cata, decidí hacer un pequeño experimento en casa con mi marido para comprobar cuál podría ser la copa favorita para una persona no entendida. Sin decirle cuál era supuestamente la mejor opción, probamos el Penedès Pardas Negre Franc 2011, un ensamblaje de cabernet franc, cabernet sauvignon y algo de sumoll.  

En teoría, la copa cabernet/merlot era la número uno y, de hecho, fue la que reflejó mayor complejidad en el vino: especias, notas tostadas del roble y fruta negra. En la copa pinot noir las notas herbáceas y de mina de lápiz de la cabernet franc dominaban mucho para mi gusto, mientras que la copa 001 fue la que mostró más fruta: cassis y moras a raudales. Fue la copa que más gusto a mi marido más allá del “factor sorpresa” de su descomunal tamaño. En general, él pudo apreciar cierta diferencia entre las copas, pero no pudo decidirse sobre cuál era mejor o peor. “Son simplemente diferentes”, concluyó.

Como señaló Georg Riedel, los restauradores deberían hacer el ejercicio de catar cada vino que sirven en copas distintas para encontrar la más adecuada, pero ¿qué ocurre con el aficionado en casa? Esa cata demuestra que merece la pena invertir en unas copas adecuadas y con un cristal relativamente fino, con un balón que se estreche en la parte superior para que realce el disfrute del vino. Pero de ahí a comprar toda la gama varietal de Riedel hay un gran salto. El Celler de Can Roca puede permitirse servir cada uno de los 16 vinos que marida con su menú “Festival” en modelos distintos, pero en casa una copa genérica o quizás una para blancos y otra más grande para tintos son más que suficientes.

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