Esta página utiliza cookies. La continuidad en la navegación implicará el consentimiento de su uso.Política de cookies ocultar
Pasión por el vino español

DIRECCIONES

Buenas olas y espectaculares puestas de sol, un paisaje de montañas verdes y dunas y la sensación de amplitud y naturaleza agreste hacen de la playa de Vega en Ribadesella un destino atractivo, especialmente en verano, para surfistas y autocaravanas. También lo es para los aficionados al buen comer (y beber), que acuden a Güeyu Mar a disfrutar del excelente pescado y marisco fresco que Abel Álvarez prepara a la brasa en su local con aire marinero coronado por un enorme pez rey en la fachada.

Dependiendo de la época del año, calamares, sardinas, ostras, bogavante, rodaballo, lubina, atún, bonito, mero o el rey —la enseña de esta casa asturiana— son piezas habituales en las brasas de la cocina a la vista de Abel. Los sirve casi desnudos, acompañados solo por algún adorno o guarnición, con un sutil sabor a brasa dejando que el producto y su larga experiencia con el fuego hablen por sí solos.

No es un lugar para vegetarianos ni carnívoros — su carta acaba con un lacónico “Carnes…No tenemos”— pero sí para los aficionados al vino, que encontrarán una extensa y tentadora carta en la que dominan los espumosos y el Jura y una buena y amplia selección de etiquetas nacionales, principalmente blancos y Jerez, todos a precios comedidos. “Para muchos cocineros el vino es un lastre, pero para mí es pasión”, confiesa Abel, que es capaz de salir de trabajar y hacerse los 125km que le separan de Santander solo para cenar y beber buen vino en La Cigaleña. “Tengo mucho dinero invertido en vino. Podría venderlo y vivir mejor pero sería menos feliz”.

Abel se encarga de comprar el vino y el siempre simpático y humilde Chema Batalla, que tiene la buena costumbre de recordar lo que bebieron los clientes en su última visita, entre los que hay un buen número de productores con inquietud, lo gestiona y lo sirve en las agradables mesas de la terraza o en uno de los dos espacios del interior.

Los postres caseros, entre los que domina el queso gamoneu, bien solo o en tarta, son una buena forma de acabar una comida que comienza con otro detalle que se descuida en muchos restaurantes pero no en Güeyu: su servicio de panes. Además del clásico de trigo, tienen también de maíz, miel, pasas o castañas. Mullidos y esponjosos, son una delicia, tanto solos como untados en el aceite de oliva que siempre está presente en la mesa. Es algo que se agradece, así como la opción de poder continuar la sobremesa con alguna de las botellas de la carta de Güeyu en la terraza del chiringuito contiguo, que también gestiona Abel junto a su mujer Luisa Cajigal.

A partir de septiembre y durante los meses de invierno, Güeyu cierra los lunes y martes y solo sirve comidas. Las cenas exclusivamente bajo reserva, ya que todo el equipo se dedica a preparar las populares y deliciosas conservas —lomos y colas de sardinas, mejillones, melva, berberechos, atún y navajas que se envían desde la playa de Vega al mundo y que se venden en su página web. Y.O.A.