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Pasión por el vino español

BODEGAS

¿Pueden dos abstemios crear una bodega que se convierta en referencia clave de su región? La improbable historia de Celler Vall Llach no se puede entender sin la figura de su principal instigador: el cantautor catalán Lluis Llach, muy conocido por su música comprometida en los últimos años del franquismo. Cuando a la muerte de su madre en 1983, hereda su casa y fincas de Porrera en un Priorat entonces empobrecido y remoto, decide instalarse en este pequeño municipio en el que los viticultores luchaban por sobrevivir. De hecho, la zona nunca fue la misma tras la filoxera y en los 80 sufría la llamada “crisis de la avellana turca” que afectó duramente a otro de sus productos tradicionales.

Decidido a mejorar la vida de sus vecinos y aumentar los precio de la uva, Llach pidió ayuda a su amigo Enric Costa, notario en Vic, y a los “cinco magníficos” (Barbier, Pérez, Palacios, Pastrana y Glorian) que ya habían iniciado sus elaboraciones en Gratallops. José Luis Pérez (Mas Martinet) respondió su llamada para hacer lo propio en Porrera remodelando la cooperativa del pueblo y lanzando Cims de Porrera.

En los años siguientes Lluis fue adquiriendo viñas. De hecho, no era raro que los viticultores le quisieran vender sus parcelas ante las dificultades que suponía trabajar en los terrenos particularmente escarpados de Porrera. El resultado fue una bodega propia para vinificar sus uvas junto a su también abstemio amigo Enric Costa. Celler Vall Llach se estrena con la añada 1998. Pero en lugar de crear nuevas y cómodas instalaciones se sigue buscando aportar riqueza al pueblo y rehabilitan dos edificios emblemáticos: La Final, situada en la plaza principal, que es la mayor y más antigua construcción privada dedicada a la elaboración de vino; y la casona de Cal Baldrich, donde se encuentran las oficinas y las naves de crianza con las barricas repartidas en los distintos pisos del edificio. También emplean a trabajadores del municipio y aún hoy está establecido que ante cualquier nueva contratación se ha de entrevistar primero a posibles candidatos de Porrera.

Para Albert Costa, hijo de Enric y actual responsable de bodega tras el fallecimiento de su padre en 2013, “si los ‘cinco magníficos’ hicieron la revolución enológica del Priorat, Lluis Llach hizo la revolución social”.

Albert estudió agrónomos en Barcelona y enología en Tarragona, y complementó su formación vinícola trabajando en Australia y California. Su llegada ha supuesto también un cambio en el estilo de los vinos. Frente a los altos niveles de maduración y elevados grados alcohólicos de antaño, se buscan ahora vinos más equilibrados y menos contundentes. En la mayor parte de los vinos, el ingrediente estrella son las cariñenas viejas de Porrera, de las que la bodega tiene en cantidad y calidad.

La gran joya es Mas de la Rosa, un viñedo emblemático plantado en 1900 y con casi un 80% de pendiente. Antiguamente se destinaba a Vall-Llach, pero no había duda de que debía dar origen al vino top de la bodega. Reconocido por el INcavi como vino de finca, ha pasado a ser una vinya classificada tras la reciente aprobación de la nueva zonificación de viñas y parajes en Priorat. Manda la cariñena junto a algo de garnacha y garnacha peluda; también hay algunas cepas de blanco esparcidas para que las mujeres mayores pudieran comer y recuperar fuerzas en vendimia (es la variedad escanya-vella, literalmente “atraganta-viejas”). Había una masía en el propio viñedo donde se fermentaba el vino en tanques de cemento y luego se bajaba al pueblo en pellejos de cabra. Hoy se hacen hasta 15 microvinificaciones en barricas de 300 litros y tanques pequeños de acero. Se elaboran menos de 2.000 botellas y el precio gira en torno a los 92 € la botella.

Su actual vino de municipio, Porrera Vi de Vila (5.000 botellas, 43 €), también se diluía antiguamente en la marca Vall-Llach. Se elabora con una parte de Mas de la Rosa y la viña de San Antoni, situada junto a la ermita del mismo nombre en las afueras del pueblo a menor altitud. Siempre tuvieron claro que el vino que llevara el nombre de Porrera en la etiqueta debería estar en la parte alta de la gama y, de hecho, solo tiene por encima al Mas de la Rosa. La base nuevamente es cariñena (80%) junto con un 20% de garnacha.

Idus de Vall Llach (6.000 botellas, unos 33 € en España) data de la época en la que Lluis y su socio vendieron su parte de Cims de Porrera al grupo Perelada. Hubo viticultores que quisieron irse con ellos y la marca se creó para aglutinar a todos estos proveedores y diferenciarla de los vinos elaborados con uvas propias. Idus es un coupage de cariñena (60%) y garnacha (40%).

El tinto de entrada de gama Embruix de Vall Llach (65.000 botellas, 18 €) incluye variedades foráneas (cabernet, merlot y syrah) en el ensamblaje junto a las dos tintas autóctonas. La bodega elabora también el blanco de producción anecdótica Aigua de Llum (44 €, no más de 800 botellas) un monovarietal de viognier con parte de la uva en acero inoxidable y otra parte trabajada en barrica.

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