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1. Víctor Urrutia. 2. Con su hermana María, directora de marketing, en la celebración del centenario. 3. Oro líquido en los calados subterráneos. 4. La nave Eiffel. 5. La bodega Real de Asúa. 6. Cvne hoy. Fotos cedidas por la bodega Cvne.

Bodega destacada

Víctor Urrutia: “En Cvne el vino es más que una botella”

Amaya Cervera | Miercoles 02 de Septiembre del 2015

“Hay que elevar el tema del vino”, me dice Víctor Urrutia, consejero delegado, poco después de darme la bienvenida a Cvne en el mismo centro de recepción de visitas por el que pasan más de 15.000 aficionados al año. Hasta el 5 de octubre se puede ver en la bodega la en ocasiones inquietante exposición Pozos de la escultora Cristina Iglesias. “La historia que queremos contar es que el vino es más que una botella”, insiste Urrutia.

Con su eterno rostro aniñado, parece casi el mismo joven al que le tocó tomar las riendas en 2003 cuando se jubiló su tío Luis y su padre le sustituyó como presidente. Entonces no tenía ni 30 años. “El vino me gustaba pero no tenía formación técnica; sabía lo que cualquier consumidor, aunque hoy creo que cada vez sé menos”.

Nació en Madrid, se educó en internados ingleses, estudió Derecho en el CEU mientras ejercía como consejero en la bodega, trabajó en un banco en Londres y después en una consultora en Estados Unidos. Es muy probable que la experiencia adquirida en esos años sea la causa de su casi permanente escepticismo, incluso ahora que Cvne vive uno de los momentos más dulces desde su fundación en 1879 por los hermanos bilbaínos Real de Asúa, uno de los cuales, por cierto, fue el tatarabuelo de Víctor.

Aún con el primer puesto del mediático Top 100 de la revista norteamericana Wine Spectator para el Imperial Gran Reserva 2004 todavía fresco (es el primer y único vino español en haberlo conseguirlo hasta la fecha), Urrutia parece estar siempre alerta: “Lo más complicado hoy es que la gente conozca tu vino”.

Si en España o México Cvne es una auténtica institución, no ocurre lo mismo en el resto del mundo. “Cuando estoy fuera, siempre lo explico todo desde lo general a lo particular: primero España, luego los vinos de Rioja y por último Cvne. El acercamiento tiene que ser sencillo. Ahora también cuento que cuando se casó el príncipe Felipe bebieron Imperial en la boda”, dice. 

Sobrevivir a los riojas modernos

Infinitamente menos apasionado que la mayoría de sus vecinos del mítico Barrio de la Estación de Haro, le aburre que casi todos los elaboradores digan las mismas cosas en  las entrevistas y es capaz de hablar sin tapujos sobre los años más duros para las bodegas clásicas de Rioja: “Tras vivir un momento álgido a finales de los años 90, la venta de riojas clásicos empezó a caer y con la crisis se dejaron de vender grandes reservas. La razón en España fue más por un tema de estilo y no de precio”, recuerda. 

Las cosas no habían mejorado cuando volvió de Estados Unidos para hacerse cargo de la bodega: “En 2003 nadie quería un Imperial Gran Reserva del 95. Una de las preguntas habituales entonces era ‘¿No tienes nada con fruta?’”.

Pese a que muchos le vean más perfil de financiero que de bodeguero, está convencido de que “si hubiera sido muy bueno en lo que hacía antes, lo habría cambiado todo para elaborar vinos modernos, pero por suerte se ha recompensado a quien ha ido más allá del corto plazo. También me alegro de no haber tenido un enólogo rompedor que cambiara radicalmente las cosas”. 

Las concesiones más importantes a la modernidad en los últimos 20 años han sido el tinto Real de Asúa (49,90 € en Lavinia o vía Wine Searcher) que sigue todos los cánones de los nuevos riojas (100% tempranillo, madera nueva y menos tiempo de crianza) y la reducción de los tiempos de envejecimiento de las marcas principales. La añada en curso del Imperial Reserva, por ejemplo, es 2009; la del Gran Reserva, 2008. Las producciones, por otro lado, han vuelto a parámetros de antaño. Si en los años 60 se hacían unas 150.000 botellas de Imperial Reserva y en los 90 se llegó a 250.000, ahora se trabaja en el entorno de los 100.000 litros. El Gran Reserva ronda los 50.000 litros y no se elabora todos los años. No habrá en 2013 y 2014, y tampoco salió al mercado en 2002, 2003 y 2006. Los precios actuales rondan los 25 € para el reserva y 45-50 € en el caso de del gran reserva.

Como en la mayoría de firmas clásicas, la renovación de las instalaciones y del parque de barricas también ha sido importante. Nadie puede negar a Cvne su eterno espíritu pionero desde que adquiriera un pasteurizador Malvoisin a finales del XIX (hoy decora  los jardines), fuera de las primeras bodegas en incorporar depósitos de cemento en los años cuarenta o apostara por la gravedad tanto en su bodega El Pilar, inaugurada en 1989, como en la más reciente Real de Asúa (2005), un paraíso de tinos de madera en el que se elabora esta marca moderna junto a los Imperiales. Estos vinos top envejecerán luego en la nave Eiffel, proyectada por el estudio del famoso arquitecto francés a finales del XIX. Su gran innovación, por cierto, fue crear una cubierta metálica de pared a pared que evitaba el uso de columnas y permitía mover cómodamente las barricas en un amplio espacio diáfano. 

Más que vinos viejos y telarañas

El gran tesoro de Cvne es su viejo cementerio, tan húmedo y lúgubre como se pueda imaginar. Hay 80.000 botellas anteriores a 1990, envueltas en moho y telarañas; temperatura de 13 grados, humedad del 80%. Los vinos más antiguos están encerrados en un nicho del que consta una relación firmada por un notario. Se cuenta que se cerró y se tiró la llave al río. Como ocurre también en Tondonia, otra histórica del Barrio de la Estación con importantes reservas de cosechas viejas, estas botellas no están a la venta. Se utilizan únicamente para catas verticales que ayudan a prestigiar la marca.

Quien haya tenido la suerte de asistir a alguna de ellas se sorprenderá probablemente del estilo más cubierto, la mayor estructura de sus vinos y unos grados alcohólicos que alcanzan o incluso superan los 13% vol. en añadas antiguas. Para continuar con este legado “nuestros vinos tienen que envejecer, explica Víctor Urrutia. Esa es la grandeza de Rioja. De modo que tenemos que hacer lo necesario para hacer buenos vinos que duren en el tiempo”. 

Por suerte, la tendencia actual hacia tintos más complejos y elegantes ha vuelto a poner en primera línea a las bodegas históricas riojanas. “Sin duda, la moda de Borgoña ha ayudado a los vinos clásicos y los riojas son primos hermanos de los borgoñas”, señala Víctor. “Hoy es en Nueva York donde quieren descorchar un gran reserva, cuanto más viejo, mejor. Antes nadie quería ver estos vinos y ahora son oro puro. Quién sabe qué pasará dentro de 10 años”, se pregunta.

Un gran grupo de Rioja

En Cvne, sin embargo, la maquinaria de elaborar en cantidad que está detrás del Imperial y del glamour de los vinos viejos no se ha parado en ningún momento. El grupo, que integra hoy a Cvne, Viña Real (espectaculares instalaciones en Laguardia diseñadas por el arquitecto Philippe Mazières) y Contino (uno de los primeros vinos de finca de Rioja en el municipio de Laserna), elabora más de cinco millones de botellas al año. 

La calidad media del Viña Real Crianza y de los Cune, la marca fruto del error tipográfico de cambiar la “v” por una “u”, está al alza reforzada por la rotundidad de cosechas que merece la pena buscar como 2010. De hecho, el paraguas de prestigio de Cune da cabida a una amplia gama más allá del antiguo tercer año, que en sus inicios se conocía como “clarete” y hoy se etiqueta como Crianza, y del Reserva que destaca por su relación calidad-precio. Hay también un gran reserva, un rosado y un blanco semidulce, aunque esta categoría tradicionalmente la ocupó la marca Corona, que continúa su camino en el mercado. El mítico Monopole es actualmente un blanco sencillo y afrutado aunque los wine lovers deberían tomar nota de que se prepara una edición especial al estilo de antaño. Hace unos años se lanzó White, con ligera crianza en barrica, para dar gusto a un consumidor más moderno y necesitado de una presentación más actual. 

En Viña Real la gama se ha ido ampliando progresivamente con el tinto moderno Pagos de Viña Real, un blanco fermentado en barrica y últimamente un rosado. El grupo está elaborando también vinos competitivos en precio en Rueda y Ribera del Duero y en la tienda de la bodega descubro a mi llegada los nuevos Nuve de bajo contenido alcohólico (9% vol.) en versión blanca y tinta. Contino, de la que se tiene todo el control desde 2013, es la única firma del grupo que sólo trabaja la gama alta. El Reserva es su vino central, aunque también ha ampliado la gama con un monovarietal de garnacha que añadir a su graciano y un blanco que, en cierto modo, recoge el testigo de los clásicos.

La compañía también ha evolucionado. En 1997 salió a bolsa para poner fin a la atomización del millar aproximado de accionistas familiares. Hoy los Urrutia cuentan con la participación mayoritaria, seguidos del inversor Juan Abelló que posee un 16%. Si todo va según lo previsto la firma abandonará el parqué en unos meses. Lo que se mantiene intacta es la raíz vasca. La sede ha permanecido invariablemente en Bilbao hasta hace una década que se trasladó no a la bodega original de Haro sino a Viña Real en Laguardia (Rioja Alavesa).

En esencia, Cvne es una empresa familiar. “La ventaja es que se vende mejor una historia familiar que una corporación; siempre es más agradable que esté el propietario a un comercial. Sin embargo, la familia tiende a ser menos profesional”, reflexiona Víctor.

Expansión comercial

La comercialización, y en especial la exportación, han sido probablemente los campos de mayor trabajo para Víctor Urrutia, quien reconoce estar últimamente muy centrado en la distribución. Hoy, el 35% de la producción sale fuera de España con Suiza, Reino Unido y Estados Unidos como primeros mercados. 

En algunos de ellos, Cvne está apostando seriamente por controlar también la distribución. En Estados Unidos es accionista junto con Lustau y Vega Sicilia de Europvin, la firma importadora fundada en su día por Christopher Cannan y de la que Víctor Urrutia es su consejero delegado actual. El año pasado adquirió en solitario, a través de su filial Cvne Excellars, la compañía japonesa Mikuni Wine, una de las mayores distribuidoras de vino del país y ahora ha entrado también en China. 

“Antes no se trabajaba la exportación y era un milagro que se vendiera fuera de España. Ahora en Japón comercializamos Drouhin”, apunta orgulloso Urrutia. 

Sin embargo, no deja de ver los riesgos y debilidades de la compañía: “No puedes seguir las modas porque te puedes quedar en fuera de juego; tampoco puedes descuidar los vinos, los viñedos, la calidad, los comerciales. En los años 80 Cvne era de las mejores bodegas de España y a final de los 90 ya no era así para nada. Hay que cuidar mucho los detalles porque es muy fácil cargarse las cosas”.

Pese a que Víctor Urrutia siente el gran peso de la responsabilidad sobre sus espaldas, no puede negar lo bien que Cvne está encarrilando el siglo XXI: “Sí, puede ser que estemos en el mejor momento de los últimos 20 años”, concede.


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