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1. Julia en su bodega modular. 2. Viñedo tradicional de monastrell. 3. Tinajas. 4. Exterior. 5. Interior. 6. Monastrelles. 7. Julia con Ninja de las Uvas en Off de Record Madrid. 8. Etiquetado manual. Fotos: A.C. y Julia Casado.

Bodega destacada

Julia Casado, la voz de la monastrell “del terreno”

Amaya Cervera | Martes 04 de Febrero del 2020

¿Cómo empiezan en el mundo del vino las nuevas generaciones cuando no descienden de viticultores o productores y carecen de un legado sobre el que construir? Julia Casado, 35 años, pidió un crédito de 35.000 euros para construir una diminuta bodega modular a partir de materiales prefabricados en un espacio natural protegido del valle de la Venta del Pino en la región de Bullas (Murcia). Fue su particular “habitación propia” y su enganche más firme con un paisaje que le había cautivado.

En redes sociales Julia es @ladelterreno, que es como bautizó a su primer vino y como llaman los viticultores murcianos a la variedad dominante de su zona: la monastrell. Ella la ha convertido en su bandera y pasea hoy sus etiquetas por ferias de vinos naturales de Francia como La Remise o La Goulayance.

Entre el vino y la música 

Pero el camino no ha sido fácil. Nacida en Murcia, hija de biólogo y de psicóloga, la primera pasión de Julia fue la música. Escuchó un violonchelo y supo que quería aprender a tocarlo.

Con 20 años recién cumplidos y en segundo de ingeniería técnica agrícola (“la carrera no me gustaba nada”, confiesa), la música tiró más fuerte y se fue a Alemania a aprender el idioma y a prepararse para ser músico de orquesta. El sistema era tan exigente que “acabé saturándome y decidí volver a España para terminar los estudios”, cuenta. 

En ese momento de incertidumbre e indefinición, un curso de desarrollo rural en La Habana (Cuba) cambió su relación con la música y con la agricultura. Acabó su diplomatura de violonchelo en Frankfurt y estudió enología en la Universidad Miguel Hernández de Elche con un trabajo de fin de carrera sobre ensamblajes de monastrell con uvas foráneas, que era lo que se llevaba allá por el 2005.

“Vino y música tienen mucho que ver”, asegura Julia. “El concepto de armonía está muy presente en los dos mundos, los dos necesitan algo de tensión y ninguno tiene sentido si no se comparte con los demás. Además, música y vino contienen gran cantidad de información codificada. También es interesante lo sensible que es el vino a las vibraciones”, explica.

Tras varias experiencias en bodegas de dentro y fuera de España (Josef Biffar en Alemania, tres meses en Vega Sicilia, una vendimia en Mendoza en Ortega Fournier) regresa a su tierra y sigue su aprendizaje en Jumilla pasando por Hacienda del Carche, Casa de la Ermita y Casa Castillo donde en 2015 elabora la primera añada oficial de La del Terreno que salió al mercado con una etiqueta blanca (la actual es negra).

Aventuras en Bullas

 “Aunque al principio no pensaba montar una bodega, a medida que probaba más vinos me di cuenta de que no podría elaborar si seguía trabajando para otros. En 2016 me cogí el coche y me vine a Bullas porque todo el mundo me decía que era muy diferente al resto de Murcia: una zona alta y verde”.

Julia hizo lo que cualquier productor cuando quiere conocer dónde están los mejores viñedos: socializar en el bar del pueblo. No tardó en descubrir que casi todos los propietarios de viñas eran socios de Bodegas del Rosario, la gran cooperativa de Bullas. Allí le animaron a colaborar con ellos y a entrar en la denominación. También le ofrecieron sus instalaciones para elaborar, pero Julia ya había decidido que quería tener un lugar propio. 

Alquiló una parcela situada en mitad del campo junto a una pequeña escuela de energías renovables y recurrió a estructuras metálicas modulares para distribuir los apenas 66 metros cuadrados que le autorizaron a edificar en esta zona está protegida. Hay dos espacios: bodega de elaboración y de crianza separados por una puerta corredera. Toda la estructura se apoya en traviesas de tren. 

Para Julia Casado, Bullas es como “un oasis de viña en una región en la que sobreviven viñedos viejos en manos de pequeños propietarios”. Sin embargo, su primera cosecha en la zona, la de 2016, fue una pesadilla. Tuvo que elaborar sin luz, perdió gran parte de la uva porque no la pudo procesar y apenas consiguió superar las 1.000 botellas para su etiqueta La del Terreno y 500 de La Cañada del Jinete, que es el sonoro nombre del paraje donde se encuentra la bodega. Es un tinto de producción más limitada fermentado en ánfora y criado en foudre. En ambos casos se trabaja con monastrell de viñedos tradicionales.

“Hay un problema importante de arranque de viñedo viejo, pero los viticultores saben que pequeños proyectos como el mío pueden contribuir a que la viña se conserve”, señala.

Hoy cree que “lo bueno de empezar de cero es que he podido elegir el lugar y los viñedos con los que quiero trabajar”. No tiene viñas en propiedad porque no se lo puede permitir, pero establece en su lugar colaboraciones con viticultores locales. 

 “Quizás porque mi llegada al vino es tardía, me importa mucho la coherencia en los proyectos. Lo que más me interesa y apasiona de este mundo son los productores arraigados en el territorio. Si entiendes el vino como arte, debe existir ese vínculo emocional. Yo no podría hacer vino en una zona que no amo”, insiste.

Un negocio de unos pocos miles de botellas

Sus instalaciones modulares han ido prosperando para convertirse en una casa-bodega con un mini apartamento también en formato prefabricado (Julia siente que de este modo se las puede llevar a cualquier sitio), un pequeño contenedor de barco a modo de almacén y el mini porche que ha construido con ayuda de un amigo para poder disfrutar de los vinos al aire libre cuando el tiempo lo permite (en nuestra visita a finales de enero, la nieve aún cubría algunos de los viñedos y el frío era intenso). La serie de fotos inferiores muestra cómo fue parte del proceso. 


Está particularmente agradecida al distribuidor Joan Valencia de Cuvée 3000, el gran democratizador del vino natural en España, por apostar por su proyecto desde el principio. “Al principio no quería definirme como productora de vino natural”, reconoce, pero se siente orgullosa de que elaboradores de referencia como Thierry Puzelat cuenten con ella en ferias de vinos naturales en Francia. 

Monastrell y Garnacha

La firmeza, decisión y sensibilidad de Julia Casado son cualidades que encajan bien con la monastrell. “Es una uva aparentemente muy ruda, pero me interesa la delicadeza que esconde”, dice. “Es muy expresiva, tiene muchas capas y refleja muy bien el paisaje”. La describe como una rústica corteza de árbol envuelta en notas florales y de violetas. 

La del Terreno se elabora con una viña de más de 50 años cultivada en suelos pedregosos con ciertas ondulaciones del paraje de la Venta del Pino. “Me gustó por la orientación, la tipología del suelo y la presencia de un 5% de variedades blancas. Está ubicada en un pasillo bien aireado. El suelo tiene una capa de grava, la textura es franco-arenosa y debajo hay arcilla que retiene el agua. Esto hace que vegete bien incluso en años calurosos”, señala. 

Parte del vino fermenta en tinos abiertos de madera con uva entera y parte en hormigón donde se cría unos ocho meses. Es una monastrell más salvaje y silvestre que la media de la zona, con toques terrosos, pero llena en boca, persistente (dejes de violeta y matrorral en final) y con una frescura que invita a seguir bebiendo. La Cañada del Jinete está más marcada por el trabajo en ánfora y busca una expresión más libre, pero también más extrema dentro de las elaboraciones naturales. 

El vino para todos los públicos de Julia Casado es la garnacha Ninja de las Uvas que elabora junto a Bodegas del Rosario. Las viñas se encuentran en el valle del Aceniche, al otro lado de la sierra de Lavia. “Había tres parcelas y me llamaba la atención que nunca se hubieran trabajada por separado”, señala. El nombre y la etiqueta, ambas ideas de Julia, añaden un punto desenfadado a este vino. Es un guiño a la marca tradicional de la cooperativa, Niño de las Uvas, que hace referencia a su vez a una famosa escultura del yacimiento romano de Los Cantos. El estilo, a tono con la personalidad de la variedad, es fresco, liviano y lleno de expresividad. 

“La garnacha es fácil y alegre de beber, pero complicada de entender porque hay que vinificarla como un blanco macerado, casi como si fuera una infusión. El primer año el vino llegó casi a 17% vol., pero existe tan buen equilibrio entre alcohol, tanicidad y acidez, que se siente ligero a la vez. Esto es algo que no pasa con la monastrell”, asegura Casado. 

Sus cifras de producción han mejorado hasta las 6.600 botellas de La del Terreno (17,5 €) y unas 1.700 de La Cañada del Jinete (alrededor de los 25 € en España, no se elaboró en 2017). Ninja de las Uvas (unos 13 €), va por las 4.000 botellas y aquí sí habría margen de crecimiento hasta unas 10.000. Con estos volúmenes y exportando ya a un buen número de países, asegura que el suyo es un modelo de negocio que funciona. 

“Al final, he aplicado todo lo que he ido aprendiendo en distintos campos, incluida una tesina sobre gestión de grupos diversos, a todo lo que he tenido que hacer, también en la parte comercial”, explica. 

Desde su pequeño lugar en el mundo del vino, Julia Casado se proclama admiradora de “la gente más libre y hecha a sí misma y de todo lo que nace de la adversidad y la experiencia”. Y se despide con una reflexión muy personal: “El pensamiento único empobrece; la diversidad es un valor fundamental para cualquier zona, pero implica una gestión armónica de los distintos grupos. En los lugares donde hay un gran nivel en el vino y en la música, existe una gran confluencia de intereses. La afinidad implica gente que ama la tierra. Todo lo bueno que hagan nuestros vecinos sirve para sumar a la zona”.


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1 Comentario(s)
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Majo Peroni escribióMiercoles 19 de Febrero del 2020 (02:02:45)Qué interesante su enfoque, muy inspiradora su historia de emprendeurismo, de determinación, visión y de sensibilidad respecto a la creación de un vino ligado a un territorio pero con ambiciones que transcienden las fronteras y abrazan la diversidad. Con muchas ganas de degustar sus vinos!
 
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