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1, 2, 3, 4. La Bodega. 5. José Ramón Urtasun y Jesús Mendoza. 6. Viña Olagar. 7. Blanco Gran Reserva. 8. Los vinos que vendrán. Fotos: A.C.

Bodega destacada

Los nuevos caminos de Remírez de Ganuza

Amaya Cervera | Martes 08 de Marzo del 2022

Creada en 1989, Remírez de Ganuza forma parte de ese grupo de bodegas que, junto a Artadi, Eguren, Roda, Finca Allende o Contador, reescribieron la modernidad riojana en la década de los noventa. 

Su éxito se asentó en dos grandes pilares. El primero, la gran colección de viñas que reunió el fundador Fernando Remírez de Ganuza gracias a su experiencia de casi dos décadas dedicado a la compra y venta de parcelas. El segundo, los sofisticados sistemas de elaboración ideados por el propio Fernando que siguen vigentes en la bodega. Como la mesa de selección dividida en tres tramos que acaba con la separación de las puntas y los hombros de los racimos. Los primeros, con más acidez, se destinan a un maceración carbónica de lujo, el Erre Punto, mientras que los hombros, por su mayor concentración, resultan idóneos para el envejecimiento. Otras innovaciones incluyen el lavado de los granos con su propio mosto antes de entrar en los depósitos, o el uso de una bolsa-globo que se va llenando paulatinamente de agua para realizar una delicada extracción del mosto en su tinto de escurrido nocturno Trasnocho

En la década de 2010 la familia Urtasun, primero como accionista y luego como única propietaria, aportó el empuje necesario para transitar por los cada vez más competitivos mercados del vino, mientras Fernando Remírez continuaba ligado al proyecto, pero centrado en el viñedo, que es su gran pasión. La estrategia de los últimos años se ha centrado en la venta de añadas viejas con objeto de posicionar la marca en el mercado de los vinos finos y en el desarrollo de la gama de blancos para situarla a la altura de los tintos. El próximo paso es mostrar la capacidad de algunos viñedos para ofrecer una expresión más actual y refinada de la región.

“Durante unos años quizás hemos dado una imagen de estancamiento en el sentido de falta de innovación, pero en realidad esto solo ha sucedido de cara al mercado porque en la bodega no se ha dejado de trabajar”, nos decía hace unos días José Ramón Urtasun mientras prepara la salida al mercado de dos nuevos tintos, ambos elaborados con uvas de San Vicente de la Sonsierra. Para él, será una muestra de “esas pequeñas cosas que tenemos de mucha calidad, aunque no sean muy relevantes en términos de volumen y facturación”. 

Una garnacha y un tempranillo parcelario

El primer vino es una garnacha que empezará a comercializarse esta primavera bajo la marca Iraila (septiembre en euskera). Se estrena con la cosecha 2020 y está elaborada con uvas del paraje de La Rad en San Vicente de la Sonsierra, más una pequeña aportación de Disabal también en San Vicente -en 2021 van a añadir una tercera parcela, El Convento, del mismo municipio. Las uvas se despalillan, pero no se estrujan y el vino se cría en un depósito de cerámica poco poroso (40%) y el resto en madera. El perfil es fragante y aéreo, con mucha carga floral (rosa, violeta), fruta roja dulce y crujiente, viva acidez y buena persistencia; un estilo muy diferente a los tintos más estructurados con base de tempranillo que caracterizan a la bodega. Una apuesta por la expresividad sin pretensiones de convertirse en vino de guarda, aunque su bajo pH (3,2) podría dar sorpresas.

El parcelario, que llegará más tarde al mercado y se estrena en la cosecha 2019, procede íntegramente del paraje de La Rad, donde han reunido cuatro hectáreas repartidas en siete majuelos que se extienden al norte de la N-232a, a los pies de la Sierra de Cantabria y muy cerca de la pedanía de Peciña, en uno de los entornos más cautivadores de San Vicente de la Sonsierra. Aquí dominan los suelos arcillo-arenosos, pero según el enólogo Jesús Mendoza, la textura pedregosa de la superficie aporta vitalidad a la planta y ayuda a lidiar con el calor del verano.

El vino saldrá al mercado como Remírez de Ganuza UV, por unique vineyard, y no descartan solicitar en algún momento la certificación de viñedo singular. Son viñas plantadas entre 1973 y 1978 que se llevan vinificando por separado desde 2007 y que siempre han ofrecido un carácter muy definido. Mendoza lo describe como una combinación de notas de pimienta blanca y flores azules. Elaborado exclusivamente con tempranillo, UV es un tinto expresivo, muy especiado y con la delicadeza de los toques florales. La amplitud en boca viene más por su dimensión aromática que por la concentración de la añada o la carga tánica. Se ha trabajado la mitad en madera nueva y el resto en roble usado buscando los tuestes largos y a baja temperatura que están tan en boga por ser más respetuosos con el carácter original de los vinos.

José Ramón Urtasun puntualiza que no tiene intención de lanzarse a hacer parcelarios a la borgoñona porque cree que pueden acabar diluyendo la marca y confundiendo al consumidor final, pero valora la notoriedad que este tipo de vinos generan entre los prescriptores y su posicionamiento de precio será muy ambicioso: entre 85 y 90 € la garnacha y sobre los 110-120 € el UV.

La evolución del reserva

También es consciente de que en algunos ámbitos se ha penalizado la apuesta de la bodega por la madera nueva en un momento en el que se busca diluir la presencia del roble en los vinos. Pero ni él ni Jesús Mendoza son dogmáticos en este sentido. El ejemplo más claro es la reducción del aporte de roble nuevo en el Reserva 2014 actualmente a la venta. “Fue un año de alta producción con lluvias en vendimia en el que quien tuvo viñedos bien saneados pudo salvarse de la botrytis. Es una cosecha delicada y la tratamos como tal”, explica Mendoza. El perfil, ciertamente, es menos estructurado de lo habitual en la casa, pero se ha trabajado muy bien la textura sin ahogar su carácter aromático, más en la línea de fruta roja, pimienta y mentolados.

Para Jesús Mendoza las grandes añadas de Rioja son las de fluidez y buenos pHs como 2018. Un buen indicador de esta “fluidez” desde su punto de vista es el peso medio del grano de uva. En 2018 fue de 2 g frente a 1,2 g en 2019 (una añada de mayor concentración) y 1,8 g en 2020, que vuelve a ser una cosecha con más jugo. “Tenemos que trabajar los tempranillos con más suavidad porque con el cambio climático el perfil se está haciendo cada vez más potente”, recalca.

Esto implica, según Urtasun, que quizás en el futuro tenga menos sentido la separación de las puntas y hombros del racimo porque los vinos de crianza posiblemente acaben necesitando una frescura extra. De momento, los fans del Erre Punto no deben preocuparse; a pesar de su escasa producción, el vino tiene unos mercados muy fieles que se van a mantener. 

Con unas 60.000 botellas anuales, el Reserva es el vino central de Remírez de Ganuza y también el de mayor producción de una bodega que no va mucho más allá de 180.000 botellas en un año bueno. Se elabora con viñas repartidas a lo largo de nueve municipios situados a los pies de la Sierra de Cantabria desde Labastida a Elvillar, “sin que ninguno de ellos tenga un peso determinante en el vino”, explica Urtasun.

De hecho, la selección de viñedos no está cerrada. “Nunca hemos tenido tanta viña buena. Ahora mismo estamos comprando más que vendiendo, pero hay parcelas de las que nos acabaremos deshaciendo porque la idea es concentrarnos en todo lo que es muy bueno”, señala Urtasun.

Algunas de las nuevas adquisiciones son viñas cuyas uvas llevan comprando desde hace años. Todo lo que viene de proveedores (en torno al 15% de lo que entra en la bodega) son viñedos de calidad controlados por ellos. Además, venden uva a terceros.

El objetivo de futuro es ampliar la capacidad productiva (las coquetas instalaciones situadas en el centro de Samaniego han llegado al límite) para que en los años buenos puedan procesar toda la cantidad de uva de calidad que entra en bodega. A largo plazo, Urtasun cree que deberían apuntar a las 300.000 botellas, en línea con la estructura media de un château bordelés porque hay margen de crecimiento para el Reserva manteniendo las mismas exigencias de calidad.

Ahora mismo, la bodega ofrece al canal profesional la posibilidad de adquirir hasta 10 añadas distintas del Reserva, siendo la más vieja 1996. Es la vertical más amplia dentro de una oferta que se aplica a casi todos los vinos de la casa desde el Erre Punto blanco (seis añadas) que hace unos años que no se comercializa pasando por Fincas de Ganuza (cuatro añadas), el Gran Reserva (nueve añadas) y Trasnocho (seis añadas).

Blancos al nivel de los tintos

El Erre Punto blanco, que se presentaba en una botella burdeos y con una imagen muy parecida al tinto de maceración carbónica, desapareció para dar paso en la cosecha 2013 un blanco más serio trabajado en madera y presentado en botella borgoña que, con la aparición de un gran reserva de alto vuelos, se ha transformado en reserva. Es un ejemplo impecable de aumento paulatino de valor y calidad con precios en el entorno de los 42 € el Reserva y 85 € el Gran Reserva. Remírez de Ganuza ha pasado de ser una bodega solo de tintos a posicionarse como un actor relevante en la categoría de blancos riojanos

Aunque las producciones son más pequeñas (28.000 botellas el Reserva 2019 que acaba de salir al mercado y 3.000 botellas el Gran Reserva 2013), la demanda supera con creces la oferta y Urtasun valora mucho el buen posicionamiento del Reserva blanco en la restauración. Este vino procede de un popurrí de viñas tradicionales en las que las variedades blancas habitualmente solo ocupan las cabezadas o esquinas. Olagar, la parcela plantada en 1978 de la que nace el gran reserva, es una excepción. Las cepas de viura se extienden por una ladera de bastante inclinación situada un poco más arriba de La Canoca, en San Vicente de la Sonsierra. Los suelos poco profundos moderan naturalmente los rendimientos.

Para Jesús Mendoza, la viura es una súper variedad si se planta en suelos adecuados y con orientaciones favorables: “Da cuerpo, acidez, buenos pHs y al no ser demasiado exuberante, expresa muy bien el lugar”.

Si los Remírez de Ganuza blancos tienen una cierta pátina de clasicismo con esos envejecimientos en madera tan equilibrados, en los tintos se va a ampliar de manera importante el abanico de estilos, mientras que el Reserva debería mostrar en cada año la personalidad de los buenos viñedos tradicionales de la Sonsierra.

Tras la estela de un innovador como Fernando Remírez de Ganuza, el equipo formado por José Ramón Urtasun y Jesús Mendoza parece estar en muy buena sintonía. Como si fuera un guiño a la nueva sensibilidad que están poniendo en práctica, todos los vinos que han salido al mercado bajo la nueva propiedad y los que están a punto hacerlo se presentan en botella borgoña

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