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PIE DE FOTO CASTELLANO: 1. Daniel Landi y Fernando García son Comando G. 2. Las Umbrías. 3. Rumbo al Norte. 4. La bodega. 5. Técnicas de fermentación. 6 y 7. Algunos de los vinos. Fotos cortesía de Comando G y Amaya Cervera.

Bodega destacada

Comando G: al rescate de las garnachas de Gredos

Amaya Cervera | Jueves 02 de Abril del 2015

Comando G era el nombre de una serie de dibujos animados que se emitió en la televisión española a finales de los setenta y principios de los ochenta. Pero para Daniel Gómez Jiménez-Landi (al que se le conoce más como Daniel Landi), Fernando García Alonso y Marc Isart, fundadores del proyecto, la “G” tenía otras lecturas adicionales por “Gredos” y “garnacha”. Todos se conocieron en el máster de viticultura y enología de la Politécnica de Madrid. 

Misión: salvar Gredos 

Si los protagonistas de la serie de animación debían proteger la Tierra de los ataques de seres de otras galaxias, estos garnachistas están orgullosos de haber puesto los viñedos y los vinos de la sierra de Gredos en el mapa de los grandes tintos españoles, de haber salvado fascinantes parcelas en peligro de extinción (y a menudo en lugares imposibles; sólo hay que ver las fotos) o de favorecer la recuperación socioeconómica de su entorno. 

A menos de una hora en coche desde Madrid, Gredos empieza a parecerse a un Priorat en ciernes donde ser pequeño, bucear en el terruño y apostar por la calidad son los valores más cotizados. Probablemente, Comando G es la representación perfecta de este espíritu y del tipo de elaboradores que proliferan en la zona: jóvenes desenfadados y entusiastas, fascinados por un paisaje de viñas de montaña y que trabajan en un territorio que es una auténtica encrucijada administrativa. Porque no hay que olvidar que aquí confluyen tres provincias (Madrid, Ávila y Toledo) de tres comunidades autónomas (Madrid, Castilla y León y Castilla-La Mancha), con dos denominaciones de origen (Vinos de Madrid y Méntrida) y una tercera en camino (parece que podría haber una futura DO Cebreros para la parte de Ávila cuyos vinos se comercializan ahora como VT Castilla y León).

Quienes trabajan sobre el terreno, sin embargo, tienen claro que el concepto es Gredos y que existe una identidad geográfica común a toda la sierra con una variedad autóctona dominante, la garnacha, y unos suelos (graníticos y pequeños focos pizarrosos en los municipios abulenses de Cebreros y El Tiemblo) que aportan una mineralidad distintiva a los vinos. Si a esto se suma una elaboración a la borgoñona, el resultado son tintos de una personalidad tan arrebatadora como diferente: más profundos y aromáticos que estructurados, con mucho carácter del terruño, persistentes y altamente evocadores. 

Landi describió perfectamente la región, sus valles y sus pueblos, así como los objetivos de la asociación Garnachas de Gredos en un artículo publicado el año pasado en Elmundovino en el que también reivindicaba una DO propia para la zona. Con su formación en Filosofía, parece que le corresponde el papel de ideólogo del grupo.

El comando de la garnacha

Marc Isart, enólogo de Bernabeleva en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), abandonó el proyecto de Comando G en 2013 por temas familiares y no poder dedicarle el tiempo necesario. Continúan al frente Daniel, que en 2011 elaboró su última añada en la bodega familiar Jiménez-Landi para iniciar su propia aventura, y Fernando García, que lo compatibiliza con la dirección técnica de Bodega Marañones en San Martín de Valdeiglesias (Madrid). 

Landi reconoce que empezó en el mundo del vino “sin tener ni idea”. Junto a su primo refundó la bodega familiar de Méntrida en 2004 y en 2006 descubrió los viñedos de El Real de San Vicente, el último municipio de esta DO y el único que se adentra en la sierra de Gredos.

Fernando, de 36 años, estudió Agrónomos en Madrid con la especialidad de fitotecnia, pero 15 días de vendimia en el Bierzo con Raúl Pérez allá por 2004 le bastaron para engancharse a tope con el campo. En diciembre de ese mismo año aterrizó en Lavinia: “Con unas 4.500 referencias y en aquella época muchas etiquetas ecológicas y biodinámicas, fue una gran escuela; me gastaba todo el dinero en vino”, recuerda Fernando.

En 2006 empezó a trabajar con Telmo Rodríguez, “con quien aprendí una barbaridad”, señala, y gracias al cual pudo conocer distintas regiones con viñedos muy diferentes, entre ellos los de Cebreros en Ávila, donde desde finales de los 90 Telmo elaboraba el tinto de garnacha Pegaso junto al piloto de rally Carlos Sainz. “En aquella época pasaba todas las vacaciones visitando bodegas en Francia: Borgoña, Loira, el Ródano… -continúa Fernando-. Lo que más me obsesionaba era por qué en España los vinos no tenían mineralidad”.

La antítesis del tempranillo 

Daniel Landi también viajó, descubrió y, en general, hizo mucha labor de esponja entre 2004 y 2007. Para él hoy lo más importante es “saber qué tipo de vino quieres hacer para poder crear un estilo propio a partir de lo que es factible en tu zona. Un proyecto –sentencia– siempre se debe apoyar sobre conceptos”. Los suyos son buscar vinos elegantes, frescos y con mineralidad. Fernando añade: “Estamos en esta zona y sólo queremos estar aquí para saber hasta dónde podemos llegar con la variedad y el terruño”. Y lo cierto es que están trabajando de firme en la caracterización de valles, suelos y, de acuerdo con una filosofía borgoñona, en la personalidad de cada uno de los municipios y la ubicación de sus viñedos históricos. De hecho, la obsesión por elaborar “vinos de paisaje” es otra constante en la filosofía de Comando G.

Si el proyecto personal de Daniel Landi se centra en El Real de San Vicente (Toledo) con dos parcelas concretas en El Tiemblo y Cebreros (Ávila), Comando G tiene 15 de las 20 hectáreas con las que trabaja en la actualidad en Rozas de Puerto Real (Madrid) y además elabora pequeños pagos en el valle del Alto Alberche (Ávila). Tanto El Real como Las Rozas son pueblos del valle del Tiétar que comparten un paisaje especialmente verde debido a su alta pluviometría. 

Esta climatología, junto a la altitud del viñedo y la apuesta por determinadas orientaciones contribuyen de forma determinante al factor frescura. El trabajo en el viñedo también se orienta en esta línea: “Nuestro enfoque es opuesto al del tempranillo”, explica Daniel Landi. El objetivo es intentar alargar el ciclo de la planta para obtener maduraciones lentas y complejas sin concentración excesiva; algo que consiguen fijando los rendimientos en torno a los 3.000-4.000 kilos por hectárea. Los viñedos se trabajan en ecológico y los que se destinan a vinos de parcela en biodinámica. “La biodinámica funciona”, afirma Landi y pone el ejemplo de la granizada salvaje que cayó en Las Umbrías en julio de 2012 y cómo consiguieron que las viñas echaran nietos y hojas para madurar los racimos aplicando cada semana un tratamiento de ortiga a las yemas de los pámpanos. 

“Porque las viñas no son números sino sensaciones”, Landi introduce además el concepto de la “maduración sápida” y nos cuenta que previamente a la vendimia visitan cada viña a la misma hora del día para seguir de cerca su evolución hasta alcanzar ese punto deseado en el que la uva “sabe” y deciden vendimiar.

La bodega, situada en Cadalso de los Vidrios, sirve tanto a Comando G como al pequeño proyecto de siete hectáreas y unas 15.000 botellas de Daniel Landi. En una cosecha se pueden realizar hasta 45 vinificaciones diferentes en recipientes varios: tinos de madera, cubas de plástico o barricas abiertas. Los racimos se seleccionan y van directos a depósito, la mayoría de las veces con raspón (otra herramienta de frescura); se pisa muy suave (“solo hasta el tobillo” y apenas durante los primeros días de maceración). Los remontados y pigeage están olvidados; ahora remojan el sombrero con una simple regadera (Daniel Landi enseña cómo en una de las imágenes superiores). Los encubados pueden ir de los aproximadamente 30 días de La Bruja Avería, el vino de entrada de gama donde se busca fundamentalmente fruta, hasta los 70 de algunos de vinos de pago que, según Daniel Landi, requieren más tiempo para hacer aflorar el paisaje y la mineralidad. En los últimos estadios de este lento proceso se protegen los vinos con carbónico.

Tras el prensado, los vinos van a barricas, fudres o tinos donde se practican unas crianzas bastante reductivas. Normalmente, los vinos de parcela tienen su fudre o su barrica. En el envejecimiento en madera se buscan volúmenes grandes que respeten al máximo la personalidad de la garnacha. En lo que respecta al sulfuroso, los índices totales oscilan entre los 40 y 50 grs./litro y se añade normalmente en vendimia, después de maloláctica y antes del embotellado. Aunque ellos no practican un trabajo con cero intervención, Daniel Landi no pone reparos a los vinos naturales “mientras la elaboración no esté por encima del paisaje”.

De brujas, primeros crus, tumbas y tamboriles

El vino de mayor producción de la bodega es La Bruja Avería (12,60 € en Vinissimus) del que en la cosecha 2014 harán 40.000 botellas y con el que esperan llegar en el futuro a 60.000. El nombre viene de un antiguo programa infantil de televisión y, de acuerdo con el planteamiento borgoñón de la bodega, es su “vino de pueblo”, el que debe transmitir el paisaje de Rozas de Puerto Real. Las uvas, de las que aún se compra en torno al 40%, proceden de la parte baja del valle en forma de U que se dibuja entre los municipios de Rozas, Cadalso y Cenicientos. En Comando G tienen perfectamente definido el carácter de los viñedos de esta área: fruta roja equilibrada hacia Cadalso; más frescura y elegancia hacia Rozas.

De reciente aparición con la cosecha 2013, Rozas 1er Cru (algo menos de 5.000 botellas; 26,90 € en Lavinia, más opciones vía Wine Searcher) es la forma más directa y descarada de aplicar los conceptos borgoñones en Gredos. Este vino se elabora con viñedos situados en la falda de la montaña y, por tanto, a mayor altitud (900 metros); el objetivo es poder alcanzar las 10.000 botellas. Sirve como perfecta definición de lo que pueden ofrecer las zonas más frescas de Gredos en la copa: fragancia de fruta silvestre y cítricos, con jugosidad, profundidad y mineralidad en el paladar. Y la cosecha 2014 que pude probar de barrica me pareció tremendamente expresiva.

Por encima (en precio y altitud) está la primera viña que elaboró Comando G en la cosecha 2008: Las Umbrías (entre 600 y 2.000 botellas dependiendo de la cosecha, 59,90 € en Lavinia, más opciones vía Wine Searcher). Aquí entramos ya en el terreno de las producciones reducídisimas y precios más aptos para locos terruñistas. Es una parcela de media hectárea y cepas de unos 60 años situadas en lo alto del llamado monte de los Corzos (1.000 metros), con los característicos suelos de granito de la zona y aquí además algo de arcilla roja. De unos 60 años, la viña estaba prácticamente abandonada y se recuperó a base de biodinámica. Daniel me hace fijarme en la brisa que hay siempre aquí; me dice que “el viento es importante para la fragancia de los vinos” y que ayuda a fijar los aromas.

Comando G elabora todavía tres vinos más de parcela pero procedentes de parajes totalmente distintos. Para empezar, hay cambio de valle: nos dirigimos al Alto Alberche, en la provincia de Ávila, donde se encuentran algunos de los viñedos más elevados de la región. Dos de las parcelas, las que van para los vinos Rumbo al Norte y Tumba del Rey Moro, son especialmente extremas. La primera, de menos de media hectárea y cepas de unos 55 años, está en el muncipio de Navarrevisca a 1.150 metros de altitud y tiene orientación noroeste. Es una zona en la que ha desaparecido la mayor parte del viñedo. El marco de plantación es tan estrecho que en la parte de arriba ni siquiera entra el caballo y hay enormes piedras intercaladas entre las cepas. De aquí apenas sacan 1.500 kilos por hectárea. La vendimia se hace muy tarde, a finales de octubre, y el vino refleja todas estas particularidades ofreciendo sensaciones afiladas, carácter septentrional y notas especiadas  (pimienta verde). Aunque un tanto extrema, la mineralidad fría del granito en final de boca de Rumbo al Norte me parece fascinante (en torno a 1.000 botellas, 90,50 € en Lavinia y vía Wine Searcher).

Al otro lado del valle, en Navatalgordo, y bien visible desde Rumbo al Norte está la pequeña locura de donde sale El Tamboril (por encima de 50 €, ver puntos de venta vía Wine Searcher), un viñedo de uvas blancas situado a 1.230 metros de altitud que se vendimia aún más tarde y de donde se seleccionan los mejores racimos de garnacha blanca y garnacha gris con los que en los últimos tiempos también se están haciendo experiencias de crianza en damajuanas bajo velo en flor, directamente inspiradas en los vinos del Jura (de hecho existen unas 100 botellas entre 50 cl. y mágnums de un Tamboril Crianza Biológica que es el último entretenimiento de Comando G). Son los únicos vinos blancos de una bodega cuyo ámbito fundamental de trabajo se centra en la garnacha.

Algo más hacia el este, en Villanueva de Ávila, aguarda Tumba del Rey Moro (58,90 € en Vinissimus o vía Wine Searcher), una viña prefiloxérica y de aspecto salvaje. De hecho, cuando la visité con Fernando García el verano pasado me costó creer que pudieran sacar uva suficiente de aquel paraje caótico y vertical que se precipitaba montaña abajo entre robles, castaños e higueras. “Es un norte puro; una viña sombría y fría”, asegura García. Para mí, probablemente, es la garnacha de mayor recorrido en boca de las que elabora Comando G.

Daniel y Fernando acaban de renovar la presentación de la gama de vinos para hacerla tremendamente terruñista (ver fotos superiores) y centrar toda la atención en las contraetiquetas donde categorizan sus vinos a la borgoñona: nombrando las parcelas si es el caso, los municipios, valles y por supuesto el concepto “Sierra de Gredos”, aunque luego en la “etiqueta oficial” que pasa prácticamente desapercibida se especifica que las elaboraciones de Rozas pertenecen a la DO Vinos de Madrid, mientras que el resto son VT Castilla y León. También han incluido recientemente un par de líneas descriptivas en clave poética. Por ejemplo para El Tamboril: “Garnacha gris y blanca ensambladas en las grietas del granito. Perfil sensible de la estrechez, metafísica de lo táctil, acordes prohibidos de las montañas”. Muchos preferirán el contenido de la botella, pero qué duda cabe que los conceptos, el trabajo y los vinos son de una coherencia total.  Quizás son menos heroicos y desenfados que en el pasado, pero es que Fernando y Daniel parecen estar madurando a la par que sus vinos.

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