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La lucha por minimizar el impacto de los aranceles sobre los vinos españoles El efecto de los aranceles del 25% se está notando en muchos establecimientos, especialmente en las ventas de vinos de gama media. Foto: José Ruales en Unsplash

Estados Unidos

La lucha por minimizar el impacto de los aranceles sobre los vinos españoles

Bill Ward | Miercoles 11 de Marzo del 2020

Para la industria del de EE.UU., los meses "OND" - octubre, noviembre y diciembre - son tradicionalmente un momento de gran actividad, ya que representan cerca de la mitad de las ventas anuales de vino. Tras ese intenso período, todo el mundo descansa, o al menos se toma un respiro colectivo. Pero 2019 ha sido diferente, ya que los meses de invierno han sido tan agitados como el "OND" por una sola razón:

Los aranceles.

Desde el 18 de octubre, los importadores, distribuidores, restaurantes y puntos de venta no solo han tenido que hacer frente a unos impuestos del 25% para la mayoría de los vinos españoles, sino convivir con la amenaza de un arancel del 100% para todos los vinos de la Unión Europea.

Eso se evitó a mediados de febrero, pero todo el sector está luchando para lidiar con los aranceles del 25% sobre los vinos con una graduación alcohólica inferior al 14%. (Los vinos espumosos y con más alcohol están exentos).

El consenso general es que los operadores más pequeños (bodegas y distribuidores) serán los más perjudicados, y los vinos de precio medio (15 a 25 dólares) serán los más vulnerables.

“La mayoría de nuestros productores son más grandes y pueden absorber los aranceles mejor”, explica Larry Colbeck, propietario de The Wine Company, una importadora y distribuidora de Minnesota que trabaja con Jorge Ordóñez Selections y Olé & Obrigado Imports. “Las grandes bodegas necesitan que todos sus mercados se lleven todo el vino que producen, así que están mucho más dispuestos [a ajustar los precios]. Están distribuyendo el aumento de los precios o reduciendo su margen”.

Colbeck y sus colaboradores han estado trabajando con viticultores más pequeños, a menudo haciendo pedidos y reteniéndolos en España (los aranceles podrían desaparecer antes de que acabe el año), pero piensa que otros importadores podrían "ser demasiado pequeños para soportar el impacto" de los vinos afectados. "Lo más triste es que hay vinos que ya no llegarán aquí."

En su opinión, los vinos que saldrán mejor parados serán los más baratos y los precios más elevado. "En España, los [vinos baratos] son muy buenos. Lo que estamos viendo es que la parte media del mercado es la que más cae."

Andy Booth, propietario de Spanish Table, una cadena de tres tiendas en el norte de California, ya ha notado el efecto de los aranceles del 25% en las ventas de vinos de gama media. “Se han ralentizado. El salto de 19,99 a 24,99 dólares es suficiente para que algunas personas busquen algo diferente".

Aunque algunos clientes han "expresado cierto disgusto", Booth todavía no ha tenido que hacer frente a todas las consecuencias del impuesto porque "muchos distribuidores están tirando de las existencias" que guardaban en sus almacenes antes de que los aranceles entraran en vigor.

Por otro lado, importadores como Olé & Obrigado han tomado medidas para aliviar el sufrimiento, afirma su propietario Patrick Mata. "Hemos subido ligeramente todos nuestros precios para que los vinos que se están viendo afectados compensen a los vinos que no lo están", señala.  "Estamos asumiendo los aranceles en nombre de nuestros distribuidores para que no tengan que lidiar con esta incertidumbre. También estamos haciéndonos cargo del despacho de aduanas para los distribuidores que trabajan con nosotros y que importan directamente".

Aún así, hay algo preocupante para España, según Mata, porque los importadores de productos de la península ibérica "están ampliando nuestra cartera de vinos portugueses", exentos de los aranceles impuestos en Francia, Alemania, España y Reino Unido.

Turbio horizonte

Se avecinan más cambios, si es que no están ya en marcha. Por ejemplo, Colbeck prevé que muchas bodegas, especialmente las más grandes, comenzarán a exportar vino en formatos grandes.

"Puede suponer un ahorro enviar su vino a granel y embotellarlo aquí", dice, ya que enviarlo "en cajas y botellas limita la cantidad de vino que se puede transportar en un contenedor. Los productores de volumen van a tener que considerar esa medida".

Un escenario menos probable sería que las bodegas aumenten el grado alcohólico de sus productos para llegar al 14%, pero eso significaría descartar una forma de trabajar y una filosofía que han mantenido durante décadas, o incluso siglos.
 
Pero no hay duda de que las bodegas cuyos vinos llegan a los 14% se están beneficiando. Alex Raij, chef y propietaria de cuatro restaurantes españoles en Nueva York (Txikito, El Quinto Pino, La Vara y Saint Julivert Fisherie) dice que ha incorporado a su carta vinos de mayor graduación alcohólica. Pero también compró vinos españoles anticipándose a los aranceles, y asegura que no se está olvidando de las bodegas más pequeñas que han sido hasta ahora su principal proveedor. "Somos un pequeño negocio", dice Raij, "y siempre hemos sido solidarios con las pequeñas bodegas y las marcas familiares. Eso no cambiará." 

Aún así, hay cambios en marcha de costa a costa. Raij y Booth dicen que es ahora cuando sus clientes están empezando a notar las consecuencias de los impuestos. Prácticamente todo el vino que llegó antes de los aranceles desaparecerá en breve, y será más difícil para las empresas de ambos lados del Océano Atlántico absorber los costes adicionales.

Para agravar la situación, especialmente en la parte baja del mercado, California tiene un excedente significativo de uva, lo que hará que los precios disminuyan. "Esto llega en un momento pésimo para las importaciones", señala Colbeck, añadiendo que los vinos de países como Argentina y Australia también podrían ganar cuota de mercado a expensas de los vinos europeos afectados por los aranceles.
 
Entre tanto, son las empresas estadounidenses las que más sufren, según Ben Aneff, presidente de US Wine Trade Alliance, una agrupación de minoristas, mayoristas, importadores y restaurantes que se oponen a los aranceles.
 
"La información inicial que recibimos mostraba lo que muchos de nosotros comentábamos", dice Aneff, socio gerente de Tribeca Wine Merchants en Nueva York. "El 25% ha demostrado ser un incremento lo suficientemente alto como para dañar a la industria de EE.UU. al hacer que muchos vinos sean demasiado caros para importarlos y venderlos con plena confianza". El daño, sin embargo, se ha limitado en gran medida a las empresas estadounidenses. Hay grandes mercados extranjeros que pueden absorber gran parte del vino que EE.UU. no va a comprar como resultado de los aranceles."
 
Los efectos a largo plazo son aún más desalentadores, predice Mata. "Los vinos se encarecerán y mantendrán su precio tras los aranceles. Habrá menos importadores y distribuidores. A corto plazo, todo está en espera. Nadie está contratando, nadie está despidiendo. Cuando un negocio no avanza, se ralentiza. Para mí, estos aranceles son terrorismo económico".
 
Aún así, hay una pequeña buena noticia potencial: España es, en definitiva, un país que ha generado mucha lealtad en los últimos años. 
 
"Los consumidores siguen interesados en probar vinos españoles. No dicen 'oh no, otro Pinot Grigio no'", asegura Colbeck. "Estoy en este negocio desde 1973, y la categoría de los vinos españoles es muy dinámica."

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