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1. Les Brugueres. 2. Cartoixà Xarel.lo. 3. Nelín. 4. Aigua de Llum de Vall Llach. 5. La cariñena blanca de Familia Nin Oritz. 5. La nueva imagen de los top de Mas d'en Gil. Fotos: Amaya Cervera.

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El pequeño y atractivo mundo de los priorats blancos

Amaya Cervera | Martes 06 de Junio del 2017

El 70% del viñedo con el que La Conreria de Scala Dei inició su proyecto en Priorat a finales de los años 90 era de uvas blancas plantadas entre 1954 y 1970. Esta situación tan poco habitual en esta región de tintos les llevó a que su vino principal fuera blanco. El perfil de Les Brugueres (16,30 € la cosecha 2016 en Vinissimus), un monovarietal de garnacha blanca, es bastante más consistente de lo habitual en un vino joven, con más acidez de la que uno esperaría en Priorat y buen final de boca. 

Para elaborarlo, el enólogo y propietario Jordi Vidal se surte de 21 parcelas y realiza unas 28 vinificaciones diferentes. Sus 43.000 botellas anuales representan prácticamente el 40% de la producción de la bodega. En cuanto al viñedo, las 19 hectáreas de uva blanca que La Conreria de Scala Dei tiene en propiedad representan el 18% de las 108 hectáreas de variedades blancas registradas en la zona a 1 de enero de este año. Toda una excepción en la región.

La riqueza varietal blanca del Priorat

Con 60 hectáreas, la garnacha blanca es la variedad blanca mayoritaria de la denominación seguida de la macabeo (21 hectáreas) y la pedro ximénez (10 hectáreas). De ésta última probamos el Roureda Llicorella PX 2015 (1.800 botellas) que Cellers Unió elabora en la cooperativa de Poboleda con la categoría de Vi de Vila. Sin nada de barrica, había un interesante trabajo de lías y curiosas notas salinas.

La xarel.lo, que en la zona se conoce como pansal, es realmente anecdótica, aunque los productores que trabajan con ella alaban su calidad y la buena adaptación a la zona. La más curiosa probablemente es la escanya-vella (literalmente atraganta-viejas), una uva que, según nos contaba Albert Costa de Celler Vall-Llach, se plantaba se forma intercalada en el viñedo para que las mujeres mayores pudieran comer mientras vendimiaban y continuar el trabajo. El único varietal de esta uva que se elabora hasta el momento es el Gratallops Vi de Vila de Celler Ripoll Sans. 

Otras variedades autorizadas son las moscatel de Alejandría, moscatel de grano menudo, blanquilla, picapoll blanc y las foráneas chenin blanc y viognier. Frente a las 1.850 hectáreas de uvas tintas, la superficie de uva blanca en Priorat es prácticamente anecdótica, pero cada vez más elaboradores están ampliando su portolio con vinos blancos. 

Mas d’en Gil, por ejemplo, se preocupó de plantar variedades blancas en el año 2000 en su finca de Bellmunt. Con ellas elabora un vi de vila con garnacha y algo de viognier, y el monovarietal de garnacha blanca Coma Alta, con un tercio de vino en barrica. La viñas blancas más viejas de la finca, garnacha blanca y macabeo plantadas en 1941 y 1945 en suelos de llicorella, guijarros de río y arenas, van a parar al Coma Blanca (41,90 € la cosecha 2013 en Decántalo o vía Wine Searcher). La cosecha 2014 que se dio a catar en Espai Priorat continúa la tendencia a bajar los niveles de madera y se presentó sápida y elegante. El packaging cambia también en esta cosecha recuperando la botella borgoña y las tipografías de los viejos embotellados que se hacían en la finca en la época en que era propiedad de la familia Barril. 

La aventura blanca de Terroir al Limit

Más significativo quizás es el caso de elaboradores que se iniciaron como productores de tinto y que buscan ahora equiparar su producción de blanco y tinto. El ejemplo más notable es Terroir al Limit, cuya gama blanca es realmente variada e impactante. Dominik A. Huber, quien reconoce que ha sido su pasión por la gastronomía y lo bien que van los blancos para acompañar la comida lo que le ha impulsado por este camino, dio a catar todas sus referencias blancas (algunas elaboradas en cantidades minúsculas) en la cartuja de Scala Dei. La combinación de suelos, la elección de variedades, el juego con las pieles y el uso de distintos recipientes en fermentación y crianza son factores que explican la originalidad de muchas de ellas. 

La gama se inicia con Terra de Cuques 2015 (unas 16.000 botellas, 29,95 € en Decántalo), que se trabaja 10 días con raspón y pieles y se cría 16 meses en cemento. La combinación de pedro ximénez de El Lloar plantada en suelos de arcilla y un 10% de moscatel de pizarra de Porrera da lugar a un blanco serio, mineral y con una expresión muy fina de las pieles. Tanto éste como el Muscat 2015 seco (1.198 botellas, 35,90 € en Vinissimus), fino, con notas florales y buena expresión de hierbas mediterráneas, y el xarel.lo Cartoixà 2016 (668 botellas, 38,90 € la cosecha 2014 en Ideavinos), más armado y salino, son blancos muy gastronómicos. El top Pedra de Guix 2014 (51,90 € en Vinissimus, otras opciones vía Wine Searcher) es el único que no se trabaja con pieles. Combina garnacha blanca de pizarra, macabeo de suelos aluviales y pedro ximénez de arcilla y tiene un perfil más opulento, complejo y levemente oxidativo.

Huber está aumentando la producción de blanco gracias a su nuevo proyecto de vinos regionales que bajo el nombre Terroir Historic elabora en la antigua cooperativa de Torroja y que incluye un blanco y un tinto. El Terroir Historic Blanco (16,40 € la cosecha 2015 en Alforins, desde 20,69 € la 2016 vía Wine Searcher) es una mezcla de 75% garnacha blanca y 25% macabeo  fermentada con pieles y criada 6 meses en cemento. La cosecha 2016 que probé peca de algo de reducción en nariz, pero el paladar es sabroso, fresco y con abundante fruta dulce. Se elaboran 15.000 botellas, pero es la etiqueta por la que se va a apostar por crecer en el futuro. Terroir al Limit tiene ya cinco hectáreas de uvas blancas en propiedad y 40.000 de sus 100.000 botellas actuales son de vino blanco.

Nelín, crónica de una transformación

Otro productor que va a apostar más por el blanco es Clos Mogador. Según René Barbier hijo quieren convertir su Nelín, que se elaboró por primera vez en la cosecha 2000 (entonces con el “Clos” por delante), en un vi de vila de Gratallops que iguale la producción de su top tinto Clos Mogador. 

Nelín ha tenido su particular evolución a lo largo del tiempo. A la garnacha blanca inicial trabajada en barrica se añadieron plantaciones de marsanne, roussanne y viognier y hasta se usó algo de pinot noir vinificado en blanco, pero pronto se dieron cuenta –explica René– que estas variedades, al no estar adaptadas al calor de la zona, no producían. De lo propio de la región, consideran que la macabeo es reductiva y baja la acidez, mientras que pedro ximénez y escanya-vella tampoco ayudan por la parte de la acidez. En este aspecto, la variedad más interesante para ellos es la xarel.lo que están plantando en zonas altas con orientación norte con la idea de bajar el grado alcohólico y aumentar los niveles de frescura.

Ya en la cosecha 2011 se dio una vuelta de tuerca importante en esta dirección inspirándose en la experiencia del blanco Partida Bellvisos, uno de los vinos del proyecto personal de René y su mujer Sara Pérez (Mas Martinet). Se empezó a trabajar con fermentación espontánea y un 20% de pie de cuba con pieles, se alargaron los tiempos de crianza en foudre y los vinos pasan un tiempo en acero inoxidable antes del embotellado. La cosecha 2014 (34,25 € en Decántalo o vía Wine Searcher) se expresa con frescas notas balsámicas y de hierbas secas y el paladar es una combinación de piedra seca y toques salinos. Tampoco es el estilo que uno esperaría en Priorat.

El exotismo de la carinyena blanca

Puestos a romper esquemas, la palma se la lleva el nuevo Planetes de Nin Blanco que se ha estrenado con la cosecha 2015 (2.000 botellas, 28,50 € en Vila Viniteca). Se trata de un monovarietal de carinyena blanca procedente de la recuperación y reproducción de dos plantas que Ester Nin y su marido Carles Ortiz encontraron en una viña de la zona. Esta variedad más propia del Empordà no está autorizada en la DOQ pero tiene sentido pensar que estuviera presente en la región antes de la filoxera. En la etiqueta figura la leyenda “Vi blanc de varietats antigues” y solo en el corcho aparece escrito el nombre de la uva.

El vino tiene las clásicas notas de hierbas mediterráneas de la zona, pero también hay florales (jazmín), toques de almendra cruda y carácter cítrico y tensión en el paladar. La sensación es vibrante, casi cristalina y de gran persistencia. La característica más significativa de la variedad es el bajo grado que alcanza. Teniendo en cuenta que la denominación exige un mínimo de 13% vol. en sus vinos, Ester y Carles se ven obligados a hacer distintas pasadas por la viña para recoger las uvas perfectamente maduras. 

Viognier: el guiño internacional

Quizás lo que más sorprende de los blancos del Priorat es que, salvo excepciones, el perfil general es bastante más fresco que el de los tintos. Y sucede incluso con la viognier llegada con la hornada de variedades internacionales de finales del siglo XX.  

El Aigua de Llum 2016 de Celler Vall Llach (no más de 800 botellas, 48,45 € la cosecha 2015 en Vinissumus), por ejemplo, está muy alejado del perfil cálido general de la zona y es equilibrado y persistente. Se elabora con cepas plantadas hace 25 años a 540 metros de altitud, fermenta en acero inoxidable y se cría entre tres y cuatro meses en roble francés nuevo muy poco tostado. 

En una línea de precio más asequible, Clos Figueras acompaña la viognier de garnacha blanca y apenas un 5% de chenin blanc en su Font de la Figuera 2016 Blanco (21,60 € en Decántalo, más opciones vía Wine Searcher) que elaboran desde los años noventa y se expresa con notas de hierbas y limón confitado.

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2 Comentario(s)
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Ricard escribióMiercoles 07 de Junio del 2017 (12:06:04)Muy interesante este resumen del panorama blanco en Priorato. Llevo casi 20 años bebiendo blancos de esta zona (entonces no había casi nada), y mi pasión constante ha sido el Mas d'en Compte Blanc de Celler Cal Pla - aún tengo dos o tres botellas de la cosecha 2003. ¡Y me queda una sola botella de la 2001! La 2004 quizá fue la mejor. Siguen envejeciendo con elegancia y sin perder nervio y definición. El Coma Blanca de Mas d'en Gil es espectacular y envejece bien. Ahora a ahorrar para probar el Aigua de Llum... Ay...
Manuel escribióMartes 04 de Julio del 2017 (09:07:53)Gran resumen de una zona que elabora grandes tintos, pero excepcionales blancos. Es difícil nómbralos todos pero, recordar algunos de los que faltan en una lista que podríamos ampliar. Como el Massipa de Scala dei de la mano de Ricard Rofes, o el Abracadabra de Eva, la Garnatxa blanca o el limitadísimo P X de Silvia Puig. Y los vinos que se elaboran en Mas Alta en la Vilella Alta, de la mano de Diane i Bixente, el veterano Artigas Blanco, que une la garnacha, el Pedro ximenez y la macabeu, o la novedad del año, la Solana Alta, quizás la revelación, este último, de este año. Quizás podríamos de hablar de pueblos, variedades y personas pero, sin duda el priorat también es blanco.
 
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