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Pasión por el vino español

DIRECCIONES

Para los aficionados al vino, el restaurante donostiarra Rekondo es uno de los lugares de peregrinaje obligatorios del mundo; un Louvre de la enología en el que su propietario, Txomin Rekondo, ejerce de mecenas y custodio de más de 125.000 botellas de unas 4.000 referencias que van desde un txakoli de la vecina Getaria hasta Vega Sicilia o Mouton Rothschild -dos de las bodegas favoritas de Txomin.

Pero Rekondo no es un museo, sino un lugar donde se vive y se bebe el vino. Las 242 páginas de la carta incluyen nombres míticos como Romanée-Conti y el resto de grandes de Borgoña, Burdeos o Rioja pero también dan cabida a una fabulosa selección de vinos de Jerez (muchos de ellos por copas) así como a otros más alternativos como una vertical del blanco Qué Bonito Cacareaba de Benjamín Romeo o varios ejemplos del innovador proyecto Matador. Aunque la presencia de vinos de Rioja en la carta es más que notable, cuenta con numerosas etiquetas de todo el mundo, desde Líbano a Nueva Zelanda pasando por Alemania y Estados Unidos. Es el resultado de 50 años dedicados a encontrar, comprar y guardar grandes vinos que hoy conforman una de las cinco colecciones más impresionantes del mundo, según la revista Wine Spectator.

Si la carta es espectacular, la bodega no va a la zaga y merece sin duda una visita. Coqueta, ordenada y con una iluminación tenue y amable con las botellas y los visitantes, acoge tres cavas diferenciadas. En la primera sala se almacenan los champagnes, espumosos y vinos blancos. Lugar destacado merece la impresionante colección de Château d’Yquem, que incluye hasta seis jeroboams de añadas diferentes. En la siguiente cava reposan los vinos antiguos, con verticales de clásicos como López de Heredia, Cvne o Paternina, aunque Txomin se enorgullece especialmente de tres: su colección de Marqués de Riscal, con unas 80 ó 90 añadas diferentes, incluida una de 1880; la vertical de Vega Sicilia, que comienza en 1917 e incluye ejemplares que no tienen ni en bodega y la colección de Mouton Rothschild desde 1945, año en el que la bodega cambió la etiqueta y cedió su diseño a artistas como Picasso, Miró, Dalí o Kandinsky.

A pesar del orden aparente, el sumiller de Rekondo Martín Flea -quien comparte la pasión por el vino con Txomin- confiesa que no tienen un inventario formal. De ahí que ocasionalmente tengan sorpresas como el hallazgo reciente de una botella de Sierra Cantabria de 1992 de la que desconocían su existencia. Los precios del vino son razonables: un Contino Reserva 1981 está a 60 € mientras que el excelente fino La Panesa cuesta 35 € y se encuentran bastantes añadas antiguas de Vega Sicilia entre 250 y 300 €. Txomin comenta divertido que algunos clientes extranjeros creen que el precio que aparece en la carta es el de una copa de vino.

La cocina, en manos de Iñaki Arrieta, es tradicional y basada en producto de excelente calidad, desde los tomates de huerta de un caserío cercano de Igeldo a los hongos o el jamón ibérico. Hay platos que son ya un clásico de la casa, como el arroz con almejas o el txangurro al horno, todos servidos en raciones generosas. Una peculiaridad de Rekondo es que no ofrecen maridaje con sus vinos; tanto Txomin como Martín son partidarios de aconsejar al cliente en función de sus gustos. Ambos creen que el mejor maridaje de un vino es una buena compañía. Razón no les falta. Y.O.A.

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