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Pasión por el vino español

DIRECCIONES

Los chiringuitos y el mercadillo que salpican el paseo marítimo de Portonovo no son a priori un indicador de la sorpresa que se esconde en la Taberna A Curva, al final de la calle de este pueblo costero gallego.

Ni la agradable terraza del exterior ni las mesas y bancos de madera y manteles de papel del comedor hacen presagiar el respeto al vino que se practica en este local. Sólo las botellas vacías y las tapas de madera con nombres de bodegas como André Clouet, Algueira o Dani Landi adornando las paredes dan una pista de lo que se sirve y se bebe a diario en A Curva.

Que las apariencias engañan es algo que Miguel Anxo Besada sabe de sobra. Está acostumbrado a ver las caras de sorpresa de muchos de sus clientes cuando se prestan al recomendable juego de probar a ciegas vinos que él propone y combina entre varias mesas mientras explica las orientaciones de las fincas donde nacieron los vinos y las sutilezas de las añadas con naturalidad y sin esnobismos.

Además de turistas de paso y vecinos de la zona (el día de nuestra visita había un grupo de marineros del pueblo bebiendo vinos de Francia, Galicia y Alemania), allí acuden aficionados y gentes del sector de toda España y más allá, muchos acompañados de bodegueros locales que aprecian la pasión y profesionalidad de Miguel y los precios comedidos de su carta.

Buen conocedor y defensor de los vinos gallegos —hasta hace poco fue también distribuidor— Miguel cuenta con unas 400 referencias, incluidas prácticamente todas las de pequeños productores gallegos, pero también de otras zonas vinícolas españolas y de zonas que le gustan como Borgoña, Champagne o los rieslings alemanes.

Intenta transmitir ese interés por el vino a sus camareros, algo que los comensales notan y agradecen en un país donde la formación vinícola detrás de la barra escasea muy a menudo. “Mi segundo aquí llegó joven y no sabía nada de vinos, pero lleva ya 15 años con nosotros y ahora le gusta este mundillo y se ha formado como sumiller”, cuenta Miguel. Y cuando el bar cierre durante las vacaciones de invierno (de octubre a enero), él y su equipo se irán de viaje al Marco de Jerez “a probar, aprender y disfrutar”.

Aunque Miguel lleva ya 10 años al frente de A Curva, el negocio lo heredó de sus padres. Esa mano casera y tradicional se nota en los platos que sirven allí, como la deliciosa caldeirada de raya, la empanada o el pulpo a feria. La materia prima es de calidad y se trata sin complicaciones, como las almejas o las volandeiras a la plancha, un molusco de la familia de las zamburiñas y vieiras recogido en las Rías Baixas, que seguro que es todo un descubrimiento para los que se acerquen hasta A Curva.

De carácter inquieto y activo, Miguel ha abierto recientemente Casa Aurora, otro local de vinos en la cercana localidad costera de Sanxenxo. Para los que viajen en temporada baja a la zona es una buena recomendación, porque sólo cierra un mes al año. Y.O.A.