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Pasión por el vino español

DIRECCIONES

Desde Barcelona a Vigo pasando por Málaga, la moda de llamar Wine Bar & Kitchen —así, en inglés— a lo que siempre han sido bares y tabernas se extiende casi a la velocidad del rayo. En un mundo globalizado, se entiende el uso de la lengua internacional para comunicar pero lo que chirría es que un establecimiento se llame Wine Bar y solo tenga media docena de marcas comerciales y personal con escaso interés por el vino, algo que ocurre demasiado a menudo.

No es el caso de La Catalista, un Wine Bar & Kitchen con todas las letras que descubrimos gracias a Fintan Kerr (Wine Cuentista) durante la reciente Barcelona Wine Week. Ubicado en el barrio barcelonés del Born, abrió sus puertas en el verano de 2019 con una idea tan sencilla como novedosa: ofrecer vinos catalanes y presentarlos en el menú maridados cada uno con un plato de la carta.

Detrás de este interesante concepto está la propietaria y sumiller estadounidense Erin Nixon, quien dejó atrás una exitosa pero estresante carrera como consultora tecnológica para mudarse a Europa y dedicarse al vino, una pasión que descubrió, tal y como cuenta en este artículo que escribió en la web de Jancis Robinson, gracias al retraso de un vuelo en Seattle.

Creando los platos está su amiga Laila Bazham, también propietaria y chef del restaurante barcelonés Hawker 45, cuyas raíces filipino-brasileñas y su trayectoria internacional se perciben en un menú con sabrosos platos de fusión mezclados con sabores locales como el ceviche de atún akami con emulsión de kimchi, crema de rábano picante y manzana (8 €), unas bravas con salsa gochujang y mayonesa kewpie (5 €) o el sandwich de butifarra y trompetas de la muerte con col, sésamo y huevo de codorniz (12,50 €).

Todos estos platos, más los del resto de la carta, se pueden pedir como ración individual o para compartir, mientras que los vinos se sirven por botella o a copas. A modo de ejemplo, para estos tres platos, la recomendación de vinos, todos ellos acompañados de una breve descripción en la carta, son: cava Castell D’Age 1988 Brut Nature Reserva (5,10 € copa, 28 € botella), Sota Els Angels Pink Flow 2018, un vino natural del Empordà (4,80 € copa, 26 € botella), y Bàrbara Forés El Quinta 2017, una garnacha blanca de viñas viejas en Terra Alta (6,50 € copa, 35 € botella).

Recientemente han comenzado a ofrecer un menú del día (15 €) que incluye entrante, plato principal, postre, una copa de vino y café. Se inspira en la carta, pero con algunas variaciones y se mantiene durante toda la semana.

Además de los 15 vinos por copas sugeridos con el menú, Erin propone su Secret Nerd’s Wine List, una veintena adicional de vinos servidos solo por botellas —con referencias como Terroir Al Límit Terra de Cuques (un PX seco del Priorat) o la garnatxa Joan D’Anguera Altaroses— así como los Vins del Moment o “Wild Card wines”, una oferta cambiante de vinos por copas que a Erin le han emocionado. En nuestra visita, la pizarra incluía la malvasía de Sitges Sassera de Vega de Ribes (5 €), el macabeo de Conca de Barberà Blan 5:7 de Jordi Llorens (7 €) y Radix, un 100% syrah de Parés Baltà (7 €).

A medida que el proyecto se vaya asentando, la idea de Erin es cambiar la carta de vinos y platos tres veces al año. La próxima actualización está prevista para principios de abril y probablemente renueve un 60% de las 40 referencias que ahora mismo se ofrecen.

El local que ocupa La Catalista, que ofrece música en vivo los domingos por la tarde, es un espacio luminoso con grandes ventanales y techos altos, plantas colgantes encima de la barra, taburetes y espejos que amplifican la sensación de espacio. En la parte trasera, un comedor con varias mesas y sillas bajas dan cabida a grupos y cenas especiales. El trato, cercano pero muy profesional, es otra de las alegrías de este lugar en el que se mezclan barceloneses con visitantes nacionales y extranjeros. Y.O.A.