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1. De izq a dcha: S. Ysart, P. Higuero, R. López y C. Carrillo 2. J. Hermida, M. Martín, P. Mendoza y C. Allen 3. Vinos subastados para recaudar fondos para la investigación contra el virus 4. Los productores, en BWW. Fotos: AWA, A.C. y Y. O.A.

Bodega destacada

Artisan Wine Attraction o el encanto de los pequeños viñadores

Yolanda Ortiz de Arri | Martes 09 de Junio del 2020

España ha sido tradicionalmente un país de pequeños viticultores pero muy pocos elaboran y venden vino con marca propia. Un par de ejemplos: en la DO Jerez había 1.571 viñistas inscritos en 2019 pero solo 55 bodegas exportadoras mientras que en la DOCa Rioja, según las últimas estadísticas oficiales, hay 14.800 viticultores y 574 bodegas.

Aunque lejos de las cifras de Francia —solo en la región de Champagne hay 5.000 vignerons que comercializan su propio vino— en España va ganando terreno y visibilidad una nueva generación de productores con negocios familiares, más formada y viajada que la anterior, que no solo recupera variedades y tradiciones sino que completa el círculo, haciendo vinos de terruño y vendiéndolos sin complejos por el mundo.

Los viticultores de Artisan Wine Attraction pertenecen a esa generación. Individualmente representan una parte minúscula del vino español, pero unidos bajo esta marca y con sus mandiles negros, consiguieron ser una de las historias de éxito de la Barcelona Wine Week, la primera y única gran feria vinícola celebrada este año en Europa. 

“Empezamos unos 15 el año pasado en Fenavin, pero nuestra idea era crecer y a Barcelona Wine Week fuimos 69. Nacimos como punto de encuentro de viñadores independientes. Es un grupo bastante heterogéneo pero todas somos bodegas pequeñas que reivindicamos la agricultura y somos respetuosas con el medio ambiente y con los vinos” explica Pilar Higuero, de Lagar de Sabariz, una de las impulsoras de Artisan Wine Attraction. “En España todavía mucha gente cree que los agricultores llevan boina enroscada y están rodeados de moscas. No es así; los agricultores de hoy en día somos diferentes.”

Pepe Mendoza, uno de los elaboradores más conocidos del sureste español ahora al frente de su proyecto Casa Agrícola, puntualiza las palabras de Pilar. “No llevamos boina pero tampoco tenemos bodegas de 10 millones de euros ni pisamos la viña con mocasines. Si miras nuestras manos, verás que todos tenemos callos. Sabemos podar y embotellar. Estamos buscando un equilibrio donde podamos vivir de lo que nos gusta, que es la agricultura y el vino, de una forma respetable.”

Implicación a la carta

Fieles a su filosofía de agrupación abierta —“en un marco de libertad, compañerismo y confianza mutua, para poder llegar juntos al mundo”, como reza su slogan—, cada uno se encarga de aquello en lo que pueda resultar más útil y toman las decisiones entre todos pero hay un núcleo principal, compuesto por ocho productores, que organizan, proponen ideas y llevan las redes sociales. Cualquier bodega que comparta su visión y principios puede sumarse a Artisan y nadie está obligado a acudir a las ferias. “Hemos aprendido de lo bueno y lo malo de la espontaneidad de grupos previos como Roca Madre o Inkordia. Queremos que Artisan sea algo flexible donde la gente se sienta cómoda y el nivel de implicación sea a la carta aunque todavía estamos aprendiendo a andar,” añade Rafa López, de Sexto Elemento, una pequeña explotación con viñas a más de 750m de altura en el interior de Valencia.

La reunión en casa de Jesús Hermida (enólogo de Finca Caraballas y con su propio proyecto en el Bierzo) para perfilar la estructura y presentación de Artisan en Madrid fue la última antes de la pandemia pero durante el confinamiento consiguieron organizar una subasta con botellas donadas por las bodegas y recaudar más de 2.000€ para la investigación contra el virus. Están tan contentos con el resultado que de hecho no descartan hacer alguna más. “La subasta ha movilizado a mucha gente en las redes lo que da idea del interés que tiene el mundo del vino. Además, ayudarnos entre nosotros es una de las motivaciones de Artisan y si podemos ayudar juntos, también lo haremos,” indica Santi Ysart, la cara visible de los cinco hermanos detrás de Cantariña Vinos de Familia, en el Bierzo. 

Otro de sus objetivos es llegar más y mejor al consumidor final en un momento en el que los grandes eventos multitudinarios han quedado en suspenso y la gente bebe más vino en el hogar. “Todos tenemos viñas preciosas así que estamos pensando en hacer como en Francia: ferias directas y pequeñas en distintas bodegas de todo el país en las que se pueda disfrutar de un día en el campo, comiendo y probando vinos. Queremos que el consumidor pierda el miedo al vino y vea que detrás de cada botella hay un productor, un paisaje, un trabajo y un día feliz,” explica Pilar Higuero, cuya espectacular finca-granja en Sabariz (Ourense) sería sin duda un lugar idílico para urbanitas en modo post-confinado. 

En estas fiestas en el viñedo no descartan implicar a otros sectores afines como queseros, panaderos o productores de fruta. Como dice Pilar, “se trata de reivindicar la agricultura y la sensación de gremio”. De hecho, Montserrat 'Mery’ Martínez, una de las integrantes de la directiva de Artisan, no es productora de vino, sino del aceite de oliva Peccatum 7 en la comarca de Les Garrigues, en Lleida.

E-commerce y presencia online

La creación de una web colectiva y la venta online también es algo que están estudiando, aunque “la logística es complicada”, confiesa Charlotte Allen de Almaroja en Arribes del Duero. Curiosamente, algunos miembros de Artisan no tienen aún su propia página web, pero Mery Martínez cree que su presencia en las redes sociales —la subasta la gestionaron a través de su página en Facebook— les facilitará el camino en su implantación online. “Es mejor hacer un buen trabajo en redes y mantener contacto directo con el cliente que tener una página web en la que no manejes bien el SEO. A partir de aquí iremos avanzando en e-commerce. Hay un cambio de hábitos que han venido para quedarse; mucha gente va a continuar utilizando internet para comprar.”

¿Quizás se habían olvidado un poco hasta ahora del consumidor final, apoyándose solo en la distribución? “Todos hacemos nuestros vinos pensando en nuestras viñas pero también en quién los va a beber. Cuando eres un hombre orquesta, que lo mismo podas, que trasiegas o vendes, tienes que repartir el tiempo como buenamente puedes. Al pararse buena parte de la distribución hemos podido dedicarle más tiempo a la comercialización”, comenta Santi Ysart, quien añade que este acercamiento al consumidor final no es competencia con la distribución. “En mi caso la mayor parte de los vinos van al Horeca; una pequeña parte va a tiendas donde sí hay una parte de competencia pero todas las tiendas tienen su web y compiten entre ellas. Yo creo que estamos descubriendo nuevos canales de contacto con la persona que se va a beber la botella”.

Los Artisan también ven una nueva oportunidad de mejorar y personalizar el consumo de vino en un mundo más consciente del medio ambiente y de su salud y que sale a comer y cenar a lugares con limitación de aforo y restricciones. ”Muchos restaurantes antes estaban cómodos con una carta de vinos que les importaba poco; si ahora vamos de la mano con ellos, creo que nuestros vinos pueden ser un buen argumento de venta”, añade Santi, quien también pronostica un alza del servicio de descorche, una práctica habitual en EE.UU. y algunos países europeos pero poco frecuente en España.

Restaurantes cañeros y defensa de lo autóctono

En cualquier caso, son conscientes de que sus vinos no tienen cabida en lo que Pilar Higuero describe como “restaurantes cañeros: lugares donde la carta de vinos es infumable y tomo cerveza”, pero sí en otros que entiendan la cocina “con el mismo idioma que entendemos nosotros los vinos,” añade Rafa. “No hablo de restaurantes Michelin sino por ejemplo de un lugar donde se eleve la casquería y hagan maravillas con ella. Si te trabajas un plato, quieres que lo que hay en la copa vaya en consonancia”.

Pepe Mendoza asiente y sabe que tienen mucho camino por hacer. “Cuando hago un vino que a mí me emociona realmente, un consumidor de a pie aún no ha llegado. En vinos como los nuestros, el sumiller tiene que estar avanzado y el consumidor final también. Lo bonito y lo difícil es lo que estamos intentando hacer, que es explicar a la gente de a pie que nuestros vinos son puros y sientan bien, que no tienen azúcar residual o chips porque no queremos ponerles maquillaje. Estamos todavía dando los pasos y nuestro nicho es pequeño pero yo creo que viene un cambio”, asegura Mendoza, que ha pasado 25 años trabajando con variedades internacionales y vendiendo vino en el mundo. “Yo veo que ahora tenemos una oportunidad para mostrar lo autóctono; fuera están deseando conocer cosas nuevas y una cabernet no les va a sorprender pero lo nuestro sí. Los Artisan tenemos vinos de un rango muy amplio; no por ser artesanos tenemos vinos caros”.

El optimismo de Pepe lo comparte el resto de la asociación, que ve grandes posibilidades para los vinos artesanos, a pesar del mazazo global que ha supuesto el Covid en todos los ámbitos. “Dentro de seis meses mucha gente habrá olvidado el encierro pero creo que habrá un antes y un después para quienes los valores habrán cambiado definitivamente. Quizás solo sea un 5% o un 10% pero creo que esa gente va a valorar las cosas más sencillas y va a buscar comida de proximidad y vinos de la zona, ecológicos o biodinámicos”, asegura Charlotte Allen, que ve también necesario que los consumidores españoles defiendan más lo suyo. “Llevo 13 años en España y el complejo de inferioridad continúa. Hay mucho fanfarrón, de esos que gritan 'Yo soy español', pero a la hora de defender lo suyo no están. Veo demasiada gente poniendo por las nubes vinos franceses mediocres, pero aquí tenemos vinos igual de buenos o mejores. Ya es hora de decir que lo que tenemos aquí es la hostia”.

Colaboración, no competencia

Les preocupa la crisis económica que viene y el sufrimiento de muchos viticultores, especialmente los que venden su uva a bodegas grandes, por eso entienden que se den ayudas para destilaciones en este momento excepcional pero son contrarios a las subvenciones generalizadas. “Han sido una lacra para el sector”, apunta Jesús Hermida. “Cuando los negocios van a pulso, son mucho más sanos porque su asentamiento es más firme. Ahora no solo necesitan ayuda los agricultores; todo el mundo la necesita”.

Pepe corrobora esta opinión y recuerda la resiliencia de los agricultores. “Hay poca gente que haya padecido tanto. Sabemos lo que es tener una mala cosecha y perder una parte muy importante de la producción; a los agricultores nos tiran al suelo y rebotamos”, bromea. “La suerte de los Artisan es que, de todo el sector, somos los que mejor vamos a salir de esta crisis: ni tenemos grandes lujos ni lastres grandes en las bodegas; somos equipos pequeños y familias viviendo de lo que producimos”.

Y si alguien del grupo lo pasa mal, el resto de los Artisan están siempre dispuestos a ayudar, explica Pilar. “Yo he estado delicada de salud y un montón de gente se ha ofrecido a echarme una mano como Borja Pérez de Tenerife, que se ofreció a venir a podar, Jesús vino a vendimiar, Mery me ayuda en otras cosas. Artisan no solo es un grupo para abaratar ferias; aquí también nos ayudamos unos a otros, cortando uva, en la bodega o compartiendo distribuidores e importadores. Eso es bonito porque habla de generosidad y colaboración, no de competencia. José Crusat podría ser mi competencia, pero yo no lo veo así. El importador de Canadá no me compró a mí por los precios pero le compró a Crusat y tan contenta. Charlotte me ha mandado gente, yo llegué a China a través de Rafa… Nos vamos ayudando.”

Mientras debaten el formato y características de su web común, de sus fiestas en el viñedo y de su puesta de largo en Madrid, posiblemente en noviembre, los Artisan tienen claro que esto es trabajo pero también diversión. “Danos tiempo que yo estoy hablando con los Rolling Stones,” bromea Rafa López. “Las ferias nuestras van a ser divertidas no, lo siguiente.”

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