Pasión por el vino español

disfruta

del vino
en España
Ver más artículos
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
  • BWW, una feria para todos los productores
1. El paisaje como hilo conductor. 2 y 3. Espacios para los pequeños y los grandes. 4. Arte. 5. Libros. 6. Comer bien. 7. El salón Off The record. 8. Nuestra mesa redonda. Fotos: Y.O.A., A.C. y BWW.

Experiencias

BWW, una feria para todos los productores

Amaya Cervera | Domingo 09 de Febrero del 2020

Heredera de Intervin, el capítulo de vinos de la mastodóntica Alimentaria, BWW ha sido una feria cómoda por su ubicación en el recinto de Montjuïc, en pleno centro de la ciudad, y variada gracias a la presencia de productores de distintos tamaños procedentes de toda la geografía española. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre la diversidad de elaboraciones, estilos, variedades y terruños que se embotellan ahora mismo en España, esta semana del vino de Barcelona ha servido para despejarla.

Tras escuchar las opiniones de los pequeños cuando se les preguntó por qué no iban a Alimentaria, BWW ha querido ser una feria para todos los productores. El contraste entre los dos extremos del pabellón 8 es el mejor resumen de lo que es hoy el vino español: los lujosos stands de los grandes grupos frente al espacio básico y sencillo de los pequeños productores (algunos se quejaban de las corrientes de aire), pero muy concurrido durante los tres días de ferias y con todo lo necesario para catar en condiciones. 

Entre medias, el grueso de la feria se orquestó en torno a espacios modulares en tonos claros y relajantes, idénticos para todos los expositores y de fácil acceso para los visitantes. Aunque siempre hay bodegas que se quedan descolgadas, la agrupación de productores por regiones facilitaba mucho el trabajo. Cada una estaba identificada por un gran panel colgado del techo con una foto del paisaje de la zona. La gran novedad, sin duda, el área de la nueva marca colectiva de espumosos catalanes Corpinnat. 

La forma en la que las bodegas decidieron estar presentes en BWW es una declaración de intenciones en sí misma. Familia Torres, por ejemplo, optó por tener varios pequeños stands por regiones en lugar de uno más ostentoso de grupo. Y Bodegas Pujanza, un clásico de la modernidad en Rioja, optó por situarse entre los pequeños productores. Los más organizados de este espacio fueron las 69 pequeñas bodegas que se agruparon bajo el paraguas Artisan Wine Attraction y aprovecharon para reivindicar un trabajo respetuoso con el suelo y el entorno, y la defensa de terruños, variedades y distintas formas de vinificar. Se les reconocía por sus mandiles negros bordados con un logo rosa y creados para la ocasión.

Muchos de los visitantes y expositores con los que tuvimos la oportunidad de hablar calificaron la feria de “más europea” y “profesional”, con presencia mayor o menor (ahí recabamos experiencias distintas) de importadores y compradores internacionales. A algunos les pareció que había que trabajar más en este capítulo, aunque otros se fueron muy contentos por haber abierto nuevos mercados. 
Algunos pequeños detalles que contribuyeron a crear una atmósfera algo más cálida fue la espectacular instalación en suspensión, hecha por Nika López con materiales procedentes de la viña, una zona de reuniones y otra (que quienes nos dedicamos a escribir agradecimos mucho) dedicada a la venta de libros, perfecta para poder adquirir la abundante literatura vinícola que ha salido al mercado en los últimos meses.

La sección BWW Gastronomy permitió reponer fuerzas con una oferta mucho más apetecible que los tan habituales como tristes “bocadillos de feria”. En colaboración con distintos restaurantes locales como Gresca, Xerta o Monocrom, la organización proponía un generoso menú de siete platos y siete vinos por 29 € que se compartía bien entre dos personas. No estaría de más que los organizadores de ferias dedicadas exclusivamente a la parte sólida mostraran la sensibilidad hacia el vino que BWW mostró hacia la gastronomía.

La agenda de charlas y catas paralelas se articuló en torno al pequeño auditorio Speaker’s Corner y dos salas de cata, una abierta en el mismo salón, obligada a competir con el ruido ambiental, y otra cerrada que permitía mayor concentración. El programa era realmente extenso y SWL, de hecho, participó en una mesa redonda sobre comunicación de vinos en medios digitales. Sin embargo, en las últimas ferias y congresos a los que hemos asistido -y BWW no es una excepción- nos quedamos con la sensación general de que gran parte de la agenda está marcada por los patrocinios o lo que los grandes consejos y grupos quieren comunicar. Estaría bien un poco más de frescura en este apartado, en línea con el resto de la organización.

El periplo de SWL

Aunque con un tamaño más manejable que Intervin, cualquier concentración masiva de vinos interesantes genera frustración porque apenas se consigue probar una pequeña parte de la oferta. En SWL optamos por asistir a unas pocas catas y charlas, descubrir nuevos productores, aprovechar la amplia presencia de vinos catalanes para ponernos al día y escaparnos a uno de los eventos fuera de Montjuïc: el salón Off The Record organizado por los productores Fredi Torres y Marc Lecha. 

La agenda paralela, que ha perdido la Música del Vi al desgajar BWW de Alimentaria, arrancó el domingo con la sexta edición de Mujeres del Vino, un evento de vinos elaborados por mujeres que colgó el cartel de completo, y siguió el lunes con la fiesta de la DOP Cebreros en un restaurante de la ciudad y la fiesta G-Night en honor de la garnacha. BWW también intentó involucrar al gran público, que al fin y al cabo son los destinatarios finales del vino, con un programa de actividades en comercios y hostelería. 

Entre las catas a las que asistimos, disfrutamos con la presentación de los Vinos del Garraf. Muy buena la descripción de esta zona del Penedès, una masa montañosa de roca calcárea situada a espaldas de Sitges que se caracteriza por sus suelos pobres, poco profundos y con escasa retención de agua. Aunque los vinos estaban lejos de tener un patrón común sí se apreciaron rasgos comunes como la concentración, las notas salinas y, sobre todo, la capacidad de envejecimiento, en especial en las dos referencias de Can Ràfols dels Caus: un Gran Caus Blanco 2011 elaborado sin madera y en plena forma y el merlot Caus Lubis 2004 que, pese a estar elaborado con una variedad que no se lleva nada y cuyo autor aseguró que no plantaría ahora, estaba en un momento excelente.


De lo más original fue la cata sobre vino y rock a cargo de tres personajes con muchas tablas en el mundo del vino e integrantes del grupo The Winedrinkers: Juan Manuel Bellver (antiguo crítico de rock, periodista y actual director de Lavinia España), Pilar de Haya (cantante y DJ y ahora en Lavinia España) y el exrockero, periodista y crítico, Federico Oldenburg. Nos sorprendió no ver mayor asistencia a esta presentación muy distendida y llena de anécdotas sobre rockeros famosos que fueron grandes consumidores de vino o acabaron elaborándolo, aunque también hay que decir que las mejores etiquetas que probamos en la cata eran de gente que controlaba más de vino que de música. Quienes tengan curiosidad por descubrir temas que hablan de vino, pueden bajarse de Spotify la estupenda playlist Wine & Rock BWW publicada por Pilar De Haya para el evento.


La charla de Thomas Matthews, director de Wine Spectator, que debía dar una visión internacional del vino español desde una perspectiva americana, nos pareció en cambio un tanto desaprovechada. Dedicó la primera media hora a contar su relación con España, su trayectoria como crítico de vinos y la de su publicación. Nos hubiera gustado un discurso más directo sobre los retos del vino español en el mercado de Estados Unidos, ideas y estrategias para vender mejor en ese mercado o cómo actuar frente a los aranceles del 25% impuestos por Trump en octubre pasado. Si llegó a estos temas, no lo sabemos porque nos pudo la impaciencia y las ganas de hacer nuestros propios descubrimientos en la feria.

A rebosar estuvo la cata de armonías moleculares con cava. En el momento tan complicado que viven los espumosos en Cataluña, la DO Cava propone acercarse a la gastronomía apoyándose en la ciencia de las armonías moleculares desarrollada por François Chartier, el canadiense afincado en Barcelona. Chartier ha estudiado las moléculas aromáticas de los distintos estilos de cava para proponer combinaciones con platos de diferentes cocinas del mundo que compartan esas mismas moléculas. Las primeras se enfocan en los mercados donde la DO quiere trabajar de manera prioritaria: México, Perú, Estados Unidos, Japón y países de dieta mediterránea. Además de llevar el cava al terreno de los sumilleres y, en última instancia, al consumidor final, es una vía muy interesante para desestacionalizar el consumo de los espumosos.


Uno de los eventos más interesantes que se celebran en paralelo a la feria es Off The Record. Como en anteriores ediciones, tuvo lugar en una luminosa nave que durante el día funciona como tienda de flores, pero la novedad de este año era que solo quedaba a tres paradas de metro de la feria. Contó con la presencia de 32 pequeños productores, algunos de ellos también con stands en BWW como Colet, Arrayán, Verónica Ortega, Akilia, Julia Casado, Beatriz Herranz (Barco del Corneta) o el interesante proyecto biodinámico Lagravera en Costers del Segre (Lleida). Lagravera solo llevó a Off The Record la gama de vinos La Pell, elaborada a partir de un viñedo plantado en 1889 con 24 variedades, algunas de ellas prácticamente desconocidas. Nos cautivó especialmente la finura y pureza del clarete La Pell Clar, aunque su limitada producción (300 botellas) y precio (unos 100 €) lo conviertan en un vino de la familia de los unicornios. De lo que pudimos probar en este salón organizado por Fredi Torres y Marc Lecha, también nos gustaron los macabeos de Oriol Pérez de Tudela (Vinyes del Tiet Pere), La Furtiva El Tossal, un parcelario de garnacha blanca con pieles y algo de velo del joven Òscar Navas en Terra Alta, y la nueva añada de Xerico del riojano-alavés Roberto Oliván (Tentenublo).


Más vinos que nos gustaron

Si la feria se repitiera la semana que viene, podríamos proponer tantas o más propuestas totalmente diferentes. Lo que viene a continuación es, simplemente, un resumen de lo que más nos llamó la atención entre todo lo que probamos.

Las tres garnachas blancas de Bàrbara Forés. Carme Ferrer ha encontrado en su hija Pili Sanmartín una gran continuadora de su proyecto. Esta bodega de mujeres, que destaca por su exploración de la garnacha blanca, esconde una pequeña master class de la variedad en su gama de vinos. No hay mejor descripción para la cata conjunta de la línea clásica y elegante de El Quintà 2018 (uvas de suelos de panal/arena trabajadas en barrica) junto a Abrisa’t 2018, potente y carnosa garnacha fermentada con pieles y criada en barro, y la arrebatadora expresión de terruño de En Moviment 1 2017, etiqueta de la línea experimental procedente de un viñedo de 90 años plantado en coster que sorprende por su gran cantidad de matices.


Tres manto negro y una gargollasa de Mallorca. No es fácil probar vinos de Baleares en la Península. En nuestro recorrido particular por bodegas de Mallorca pudimos comparar tres estilos muy diferentes de manto negro: la versión aérea y borgoñona, pero con buenas dosis de complejidad de Finca Biniagual 2018, pasando por la expresión de altura de Supernins 2018, un manto negro especiado y terroso cultivado a 400 metros en la Serra de Tramuntana, y la madurez, plenitud y elegancia del Desconfía de la gente que no bebe de Bodega Ribas. Nos sedujo también una muestra de gargollasa muy sutil y expresiva que trajo Bárbara Mesquida. Pese a que parece ser una variedad complicada de cultivar y trabajar (“por algo la abandonarían los viticultores,” apuntaba Bárbara), su expresión fragante y jugosa es realmente fantástica.


 
Los vinos de postal. De la cooperativa de Espolla en Empordà, uno de los núcleos de cultivo de la cariñena blanca, procede una interesante colección de vinos elaborados con esta variedad y otras de la zona y decorados con preciosas etiquetas que recuerdan a las antiguas postales que mandábamos antes de la llegada de internet. Es alentador ver cómo una cooperativa, una de las primeras en Cataluña, ha sabido adaptarse a los tiempos y ofrecer, además de vinos de volumen, pequeños retazos del paisaje y el carácter de la zona, dando protagonismo a las fincas más singulares de sus socios.  


La vie en rose. Cómo va subiendo el listón de los rosados en España en todas sus dimensiones. Nuestro vino de la semana, Escabeces 2017, catado en el salón Off The Record, nos cautivó tanto como el Rosa d’Amfora Finca Olivardots, una increíble cariñena rosada elaborada en tinajas que se vende en el entorno de los 12 €. ¿Y por qué no se hacen más espumosos y rosados con sumoll? La antigua uva proscrita en DO Penedès vive un gran renacimiento, pero debe lidiar con su vertiente tánica y rústica en los tintos. El espumoso rosado Prohibit Brut Nature Corpinnat de Mas Candí tiene una firmeza y una frescura fantásticas que marca el camino.

El Alto Turia existe. Hacía mucho que no catábamos vinos de esta zona interior en el extremo noroccidental de la provincia de Valencia donde domina la variedad blanca merseguera. Dos bodegas, Baldovar y Terra d’Art, estuvieron presentes en la zona de pequeños productores. Con etiquetas diseñadas por Dani Nebot y elaborando en una cooperativa recuperada, la primera tiene en Cañada París 2018 una buena introducción a la variedad. En la segunda nos encantó la profundidad de Finca El Maldito 2017, elaborado con su viña más vieja de bobal cultivada en suelos de arena y cascajo.


Una lanza por las garnachas navarras. Aunque los productores que más suenan asociados a esta variedad son Artazu, Lupier y Viña Zorzal, probamos tres propuestas muy diferentes y singulares. La primera, la fresca, pura y luminosa garnacha Ostoki 2018 de Luis Moya elaborado con una viña de Pamplona que se destinaba antiguamente al “txakolingorri” (el particular txakoli tinto de esta zona fría), sutil y abierta de color. En segundo lugar, las garnachas de gran relación calidad-precio elaboradas por Nekeas en la zona septentrional de Valdizarbe con el clásico El Chaparral 2017 de viñas muy viejas, fragante y profundo a poco más de 11 € y, en el sur, los trabajos de Luis Remacha en la cooperativa de Murchante Campos de Enanzo con un Rochapel 2018, rico y maduro de gran relación calidad-precio y el especiado y goloso Cientruenos 2017 de La Calandria Pura Garnacha, su proyecto personal con otros socios, que ahora se trabaja en inoxidable y ánfora.

 

Un jubilado de Castellón entre jóvenes productores. Los vinos de terruño no son solo para los jóvenes. Tras prejubilarse, Vicente Flors recuperó la tradición perdida del vino de su familia en Les Useres (Castellón). Con el mandil de los Artisan Wine Attraction, daba a probar el curioso bonicaire Clotàs E 2018, un monastrell terroso pero fresco y envolvente elaborado con una viña de 90 años (Clotàs M 2017) o la garnacha rica y pulida Clotàs G 2018, todos ellos con producciones entre 500 y 2.000 botellas. 

Vinos en Voz Baja: un pequeño productor con futuro. En consonancia con su filosofía artesana, su carácter sosegado y su origen (Rioja Oriental, la zona menos reconocida de toda la DO), Carlos Mazo ocupaba una de las esquinas del sector de pequeños productores. A pesar de su discreta presencia, la personalidad de sus vinos es innegable, como su Costumbres 2018 Tinto, una atractiva garnacha fresca de cuatro viñas diferentes con presencia de raspón y criado en barricas usadas o El Outsider 2018, que mezcla un 80% de garnacha con pasera (el nombre que dan en la zona a la blanca calagraño). Trabajado sin sulfuroso y en damajuana, consigue un vino de aroma puro, textura terrosa y un delicioso chisporroteo en boca.


Bienvenidos al extraordinario mundo de la mujer caballo. Recuperar variedades autóctonas requiere siempre buenas dosis de paciencia y cariño, y si encima se hace en una zona poco conocida, vínicamente hablando, como Valencia, el trabajo es todavía más encomiable. Bajo el larguísimo nombre que aparece en negrita, Pilar Esteve y José Ramón Domenech, viticultores en Fontanars dels Alforins, elaboran dos tintos y un voluminoso y gastronómico blanco fermentado con pieles, este último con las variedades valencí (60%), moscatel romano (10%) y otras sin identificar. El de lacre azul es de arco, una variedad de ciclo largo y buena acidez, con la que han conseguido un vino fresco y elegante con taninos pulidos y mucha expresividad. Con el lacre verde se elabora la ullet de perdiu (ojito de perdiz), una variedad que es la primera en vendimiarse y que está mezclada en la viña con garnacha tintorera. Gracias a su acidez y a la forma en que está trabajada, sus 15% vol. son impercetibles. 


Las nuevas ideas que llegan de Jerez. Los mayetos siguen esperando a que la tan cacareada revolución del Marco se haga notar en sus bolsillos, pero lo que es innegable es la vitalidad que han dado a la zona un puñado de productores conscientes de que Jerez necesita una nueva categoría de vinos blancos de calidad que sean la base y el principal sustento económico sobre el que se apoyen los grandes jereces históricos. De esto hablaba Willy Pérez (Bodegas Luis Pérez) en BWW a todo aquel que le quisiera escuchar mientras daba a catar La Escribana, un palomino sin encabezar del mítico pago Macharnudo que aspira a formar parte de esa base, ahora en estudio en el Consejo Regulador. Criado en bota jerezana, Pérez lo etiqueta como “vino de pasto”, un término que se usaba antiguamente para referirse a este estilo de blancos de albariza y que él y otros productores de la zona quieren que se extienda. En otra dimensión en cuanto a tamaño y volumen, pero siempre a la vanguardia en la zona, Barbadillo presentaba su nuevo As (20.000 botellas, 10 €), un hermano pequeño de Mirabrás, que también busca ser una introducción a Jerez. Fermentado en depósito y sin crianza, se elabora con palomino de cuatro viñas viejas y rendimientos de 4.000 kg/ha, manteniendo el recuerdo salino de los vinos de la zona pero con más presencia de fruta, lo que lo hace muy asequible para el gran público.


Este artículo está escrito conjuntamente por Amaya Cervera y Yolanda Ortiz de Arri.

ARTICULOS RELACIONADOS

Alimentaria 2018 y su Off: Menos merlot y más diversidad
Un recorrido on & off por Alimentaria
Artisan Wine Attraction o el encanto de los pequeños viñadores
Crónica de BWW 2022 y otros eventos paralelos
BWW 2023: más grande, más diversa
BWW 2024: recipientes, colas y más vino que nunca
1 Comentario(s)
Buscar
santiago garabote escribióMartes 11 de Febrero del 2020 (10:02:23)Gran artículo descriptivo de la BWW Sara & Amaya un afectuoso saludo & vino no cese de sorprendernos.
 
Comenta este artículo*
Recuérdame:
política de privacidad
*Todos los comentarios serán validados por un moderador antes de su publicación: