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1 y 2. Estadio en Washington DC 3. Elizabeth Mendez de Vera en Chicago 4. 15 Romolo en San Francisco Fotos: Stacey Zarin Goldberg (1 y 2) y los establecimientos

Estados Unidos

Los jóvenes de EEUU exploran los vinos españoles por su buen precio

Bill Ward | Martes 09 de Febrero del 2016

Para el público americano más joven, los millennials, los vinos españoles ofrecen un abanico de nuevas experiencias. La amplia y asequible oferta que llega desde la península les permite explorar y experimentar sin apenas rasgarse el bolsillo.

“A los jóvenes de ahora les gusta mucho probar cosas nuevas”, dice Elizabeth Mendez, propietaria y directora de bebidas de Vera, un restaurante y bar de vinos español. “Buscan variedades desconocidas a precios asequibles. Les encantan los vinos de calidad a buenprecio pero que no sean fáciles de encontrar. Están muy interesados en descubrir cosas nuevas pero sin gastarse un dineral”, añade Mendez. Sin duda alguna, la oferta es amplia: tintos, blancos, espumosos y encabezados de regiones tan diversas como Mallorca o Málaga.

Es un fenómeno que irá a más porque muchos de los millennials nacidos entre 1982 y 2004 todavía no han alcanzado la mayoría de edad. Y parece que la generación Next-Gens (los menores de 21) seguirá esta tendencia; según un estudio de Wine Intelligence, el 57% de ellos está deseando saber más de vino cuando tengan la edad legal requerida en EEUU para beber (más de 21). Para 2025, el informe prevé que haya 109 millones de consumidores de vino, una cifra récord que representaría el 44% de la población adulta.

En busca de la novedad

De momento, la generación un poco más adulta se interesa por variedades como la prieto picudo de León, asegura Max Kuller, director ejecutivo de vino en tres restaurantes de Washington DC, incluido Estadio.

“Hace 20 años la gente tenía suficiente con conocer unas pocas variedades”, indica Kuller. “Ahora todo el mundo persigue la novedad. Si ya lo han probado, no lo quieren. Buscan variedades desconocidas”.

Para Kuller, la moda de las cervezas artesanas popularizada por los hipsters es equivalente al “efecto bola de nieve” creado por estos consumidores a la búsqueda de botellas peculiares. “Al que le gusta la cerveza de trigo con fruta de la pasión seguro que acaba pidiendo un prieto picudo”, añade Kuller. Esta actitud abre las puertas a zonas vinícolas poco conocidas en EEUU como Campo de Borja, Bizkaiko Txakolina y Almansa. Hace dos años, Estadio —donde el 90% de los vinos de la carta son españoles— organizó una cena con vinos de las Islas Canarias, probablemente la primera del país, según Kuller. 

Pero los hipsters van más allá de variedades y zonas poco conocidas y también buscan vinos singulares de regiones más consolidadas como Ribera del Duero o Rías Baixas. A la clientela más joven de Kuller le gustan los albariños con trabajo prolongado de lías mientras que la de Mendez es fan del Sketch de Raúl Pérez. “Las botellas se crían en el océano así que es un vino único y con mucha demanda, pero no es excesivamente caro. Es el tipo de trofeo que a los sumilleres les encanta subir a Instagram”, explica Mendez.

La vieja escuela también vende

El dominio de la tecnología casa bien con la visión de miras más amplia que tiene esta generación respecto al mundo del vino.

“Parte de ese interés por ir más allá de los vinos clásicos es que tienen las herramientas para encontrar lo que les gusta, porque todo es accesible”, explica Ian J. Adams, subdirector de 15 Romolo, un lugar de culto por sus tapas en San Francisco. “Tienen una habilidad especial para encontrar ofertas y están dispuestos a arriesgarse”. Los clientes jóvenes están más predispuestos a escuchar las sugerencias del personal “para ir más allá de las zonas tradicionales y explorar nuevas regiones”.

Mendez comparte ese análisis. “A veces entra gente joven que no sabe lo que quiere y me preguntan qué novedades tenemos o qué me ha gustado a mí. Saben que contamos con un montón de referencias interesantes en la bodega así que preguntan directamente por lo que está fuera de carta”.

Pero los jóvenes no se olvidan de los clásicos. Mendez ha notado “un movimiento de culto hacia marcas como R. López de Heredia, muy conocidas pero que también se ajustan al perfil de vieja escuela que tanto interesa a los jóvenes”. Estadio vende los vinos de López de Heredia desde su apertura y Kuller revela que a menudo sirve esta marca a gente que se inicia en el mundo del vino “para que descubran la grandeza que puede llegar a tener el vino español”.

Los productores con más nombre también son una puerta de entrada para muchos consumidores hacia otro tipo de vinos. La mayoría de los clientes a los que les gustan los espumosos de Raventós “se atreven a probar el resto de vinos de la bodega”.

En general, el consumo de cava se ha popularizado a lo largo de EEUU de forma paralela al auge de las ventas de prosecco. “La gente se empieza a dar cuenta de que el proceso de elaboración es diferente al prosecco y de que el cava es una gran alternativa más al champagne pero más barata porque el método de producción es el mismo”, indica Mendez.

Los vinos de Jerez entre los menores de 40

Otro estilo que se ha popularizado entre los jóvenes es un clásico de España: el jerez. Vera vende entre 50 y 100 copas de jerez seco a la semana, más tres cócteles diferentes elaborados con jerez, principalmente a la clientela con menos de 40 años.

“La juventud tiene ganas de explorar el mundo del jerez porque no han vivido esa connotación de vino para las abuelas”, explica Mendez. “Además les gusta comer anchoas y jamón serrano, así que el fino y la manzanilla son los acompañantes perfectos”.

La mencía, otro vino español apto para la gastronomía, también se ha popularizado entre los millennials en estos últimos años. Muller y Mendez aconsejan a los clientes que les gusta la pinot noir que prueben los vinos elaborados con mencía porque “hay muchas similitudes, pero los precios son mucho más baratos”.

De hecho, el precio es clave para que los hipsters se introduzcan en el vino español y experimenten diferentes estilos.

“Están ansiosos por descubrir elaboradores catalanes con carácter”, indica Adams. “Las generaciones anteriores tienen más reservas a la hora de probar vinos que se salen de las regiones y estilos clásicos; es comprensible porque eran los únicos a los que ellos tenían acceso en su época. Pero los jóvenes están mucho más dispuestos a probar y a explorar regiones poco conocidas pero capaces de producir vinos espectaculares”.

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