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Pasión por el vino español

DIRECCIONES

Aunque abrieron las puertas del Amelibia en el verano de 2015, Alejandra (Alex) Álvarez y Patxi Amelibia son dos veteranos de la restauración. Tras estudiar en la Escuela de Hostelería de Gamarra (Álava) donde se conocieron, trabajaron en diversos lugares hasta que les surgió una oportunidad de instalarse en Laguardia, de donde es originario Patxi.

Tras un par de años llevando el restaurante del batzoki de Laguardia, sin duda uno de los pueblos más bonitos de Rioja Alavesa y de España, donde se ganaron fama por su excelente menú degustación, Patxi y Alex decidieron dar el salto y abrir su propio restaurante, pequeño y familiar, justo fuera de la muralla que rodea al pueblo.

Es un local espacioso con preciosas vistas de las lagunas que salpican el paisaje infinito de viñedos de la comarca y la Sierra de Cantabria al norte. En el interior, una docena de mesas espaciadas con manteles y copas de calidad y un ambiente reposado —muy diferente a los habituales lugares de patatas a la riojana y chuletillas en los que desembarcan la mayoría de turistas— conforman el espacio para disfrutar de la cocina de Patxi Amelibia, que se centra en una carta con recetas tradicionales y elaboradas como la menestra (12 €), las kokotxas de merluza (22 €), las patitas (15 €) y manitas (18 €) o el cordero asado (21 €). A esta carta base siempre hay que sumar la oferta de platos de temporada fuera de carta como el cardo con almendras y alcachofas con boletus del invierno o los caracoles de primavera. Todo con producto de primera calidad y cocinado con muy buena mano.

Bajo encargo, en Amelibia también hay menús para grupos y un menú degustación de ocho platos (40 € + bebidas). Hasta hace un año (2018) también tenían un menú del día, muy popular entre los bodegueros y profesionales del vino de la zona, pero lo retiraron porque, como explica Alex, “costaba 18 € pero en realidad era como comer a la carta”. No podían atender bien toda la demanda que tenían así que decidieron centrarse y recuperar su filosofía inicial. “Queríamos volver ser un restaurante familiar en el que disfrutamos de lo que hacemos y en el que la gente disfrute con el resultado de nuestro trabajo”.

Otros dos cambios que llegaron ese año fueron los horarios —Amelibia solo abre a mediodía, excepto los martes, que cierra por descanso semanal— y la carta de vinos, que ha reducido la presencia de crianzas impersonales de la zona que a veces tenían por compromiso. Aunque realmente Alex siempre tenía vinos “diferentes” en su “carta B”, ahora la “carta oficial” se ha abierto a más pequeños y medianos productores de Rioja y de otras zonas de España y del extranjero, incluido un puñado de buenos champagnes. Los precios son muy comedidos (Phincas tinto de David Sampedro está a 22 €, Zárate Balado a 30 € y Pascal Doquet Blanc de Blancs a 46,50 €) y como explica Alex, la gente empieza a tener una mentalidad más abierta y quiere probar vinos de otros lugares, especialmente blancos.

El servicio de sala, del que se encarga la siempre sonriente Alex, es cercano, profesional y amable. Una dirección muy recomendable para comer en Rioja. Y.O.A.