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Pasión por el vino español

BODEGAS

Holandesa afincada en España desde hace más de 20 años, Ellen De Vries se ha sentido “raptada” por la belleza de las viñas viejas de Ines, una pequeña pedanía de San Esteban de Gormaz en la Ribera soriana que forma parte de esa España vaciada y en la que viven menos de 10 personas durante todo el año.

“Alguien me trajo a este pueblo, me quedé prendada de una de esas cepas viejas, compré una viña y empecé a trabajarla”. Lo que arrancó hace más de diez años como un hobby de fin de semana para esta profesora de primaria en la escuela Waldorf de Las Rozas (Madrid) acabó convirtiéndose en su modo de vida.

Hoy Ellen vive en Ines junto a su marido, el pintor y poeta Carlos Aranda. Juntos hacen vino y, con su sensibilidad, están dejando su huella en este pueblo. Hasta el momento han rehabilitado el pequeño edificio que les sirve de bodega, la casa en la que viven, un pequeño alojamiento rural que han bautizado como la “casa del vino”, una leñera y dos de los antiguos calados del barrio de bodegas. Además, han ayudado a recuperar la antigua escuela, transformada hoy en un pequeño museo que permite realizar un viaje en el tiempo a la España de los años 60. Y en el centro del pueblo, Carlos ha creado “el jardín del bienestar”, un espacio de sosiego al aire libre en el que se puede disfrutar de una copa de vino junto a una exposición de sus cuadros y esculturas.

Cercada por una valla y con una pequeña casita al lado, su pequeña viña de cepas retorcidas y centenarias a la salida del pueblo parece un jardín salvaje. Apenas da 500 o 600 kilos de uva; el resto de lo que necesita para llegar a las 2.000 botellas de producción anual procede de otro par de parcelas que ayudan a cuidar y que comparten el perfil de suelos arenosos que caracterizan este municipio.

Después de hacer varios cursos para aprender a hacer vino, Ellen cree que comenzó a coger el ritmo de las elaboraciones en las cosechas 2014 y 2015. En 2019 dejó su trabajo de profesora para centrarse exclusivamente en el vino. La bodega no está en la DO Ribera del Duero por todas las exigencias que les supone para una producción tan pequeña, pero no descartan acogerse en el futuro. Donde sí se han integrado es en la Asociación Viñas Viejas de Soria junto a productores muy conocidos de la zona como Dominio de Atauta o Antídoto.

Como cabría esperar de alguien que ha trabajado en una escuela Waldorf, donde se imparte la pedagogía desarrollada por el padre de la biodinámica Rudolf Steiner, elaboran un vino biodinámico y natural, sin sulfitos añadidos, bajo la marca Dualidad. Sin embargo, no tiene certificación ecológica porque les falta la separación suficiente de otras parcelas; necesitarían que sus vecinos también se certificaran “y siempre hay alguno que no quiere”, señala Ellen.

Para ella el vino es algo vivo que absorbe muchas cosas. Por eso, en las paredes del minúsculo espacio de bodega que se reduce prácticamente a un módulo de elaboración y otro de crianza, cuelgan poemas de Carlos; y, en la zona de envejecimiento, tiene una caja con todas las plantas que crecen en la viña; además, pone música a sus barricas. “Creo profundamente que todo esto ayuda a que el vino esté bueno”, dice.

En 2015 creó un pequeño club para vender el vino. El único compromiso para los socios es comprar 12 botellas al año a 12 € cada una frente a los 18 € de precio de mercado. Seguro que les gusta saber que su vino envejece en un nicho con su nombre, en uno de los viejos calados del barrio de bodegas. En la puerta se puede leer: “Dando tiempo al tiempo”.

A sus poco más de sesenta años, Ellen reconoce que no es fácil vivir en el pueblo siendo de fuera, pero también sabe que “toda esta historia del vino” le ha atrapado. Y las pocas botellas que elabora de un tinto muy digno acorde con su filosofía han servido para traer un poco de vida y sensibilidad a Ines, una pedanía que solo recupera el bullicio de antaño en verano y vacaciones.

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