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1. Los hermanos Pepe (i) y Paco Blanco 2. La bodega en el pago El Hornillo 3. Una de las botas de la solera de Blanquito 4. Parte de la gama de vinos de Callejuela Fotos: Yolanda Ortiz de Arri

Bodega destacada

Callejuela: los mayetos que embotellan el terruño del Marco de Jerez

Yolanda Ortiz de Arri | Lunes 05 de Febrero del 2018

Pepe y Paco se disculpan a nuestra llegada a su finca en el pago El Hornillo, una de las zonas más altas de Sanlúcar. Hay depósitos en la calle y maquinaria de trabajo porque están ampliando la bodega, construida en 1997. “Estamos reorganizando las 700 botas y el espacio disponible para trabajar de forma más cómoda”, explican los hermanos. Callejuela dista de ser una de esas grandes construcciones catedralicias que hay en el Marco; aquí el concepto es más agro-château y prima la sencillez y la funcionalidad por encima de la estética. La viña antes que el ladrillo.

No les va mal a los hermanos Blanco, pero todo lo que han conseguido ha sido a fuerza de trabajo, de no dejar las cosas al azar y de mancharse las botas de albariza. “Estamos aquí 365 días al año; nosotros no sabemos lo que son las vacaciones”, aseguran. Es algo que aprendieron de su padre, Francisco Blanco Blanquito, un hombre previsor que trabajó 20 años como jornalero antes de ir comprando viñas entre Sanlúcar, Jerez y El Puerto. A base de esfuerzo, Blanquito se convirtió en mayeto, como llaman en Sanlúcar a los viñadores.

Algunas de esas parcelas que Blanquito adquirió están en la parte trasera de la bodega, desde donde se atisba el río Guadalquivir y una considerable extensión de viña en la que la albariza todavía resiste a la presión inmobiliaria. Su hijo Pepe va nombrando los pagos que se ven: “Pastranilla, en la carretera del Puerto, El Carrascal con más influencia atlántica o Las Flores, allá al fondo”.

Los hermanos Blanco trabajan algo más de 28 hectáreas en los pagos de Callejuela, El Hornillo, Macharnudo y Añina, donde están las viñas más viejas. Macharnudo y Añina (Jerez) son pagos de interior mientras que El Hornillo o La Callejuela (Sanlúcar) son pagos de río, por su cercanía al Guadalquivir. Son tierras que conocen como la palma de su mano porque, como dice Pepe y corrobora Paco, “nosotros somos distintos a todo lo que hay porque venimos de la viña”.

Son ya tres generaciones de Blanquitos trabajando en el campo. “Aquí casi todo el pueblo vivía de la viticultura”, cuenta Pepe. “Antes se clasificaban los suelos según su calidad; había suelos de albariza, albarizones, que son albarizas pero de calidad inferior, barros y arenas. Y los mostos [vinos base] también se clasificaban según de que zona vinieran; ahora solo se mira si es albariza y el precio medio”.

Más allá de la palomino

Su compromiso con la viña es loable y poco frecuente en el Marco, donde la mayoría de bodegas compran uva o mosto a otros proveedores. Todas las elaboraciones de Callejuela con palomino provienen de sus propios viñedos en suelos de albariza y están sentando las bases para que en un futuro cercano el 100% de sus vinos nazcan de sus pagos.

Comenzaron a plantar pedro ximénez en 2015 “para que todo lo que hagamos sea de casa, porque hasta ahora lo traíamos desde Montilla”. Con esta variedad están pensando hacer nuevas elaboraciones de manzanilla y vinos de vendimias tardías y asoleos dejando las uvas sin recoger hasta octubre. “Una vez que tienes el viñedo se pueden hacer muchas cosas”, dicen.

También están dando algo más espacio a la tintilla, para volver a hacer los vinos dulces con arrope tradicionales de la zona. Van a plantar más en una vaguada de la finca, donde la tierra es parda porque, según los Blanquitos, tiene carbonato cálcico y es la que mejor va para el vidueño, que en Sanlúcar se refiere a todo lo que no es palomino.

La gran mayoría de sus fincas están plantadas con la uva reina del Marco de Jerez, de las que producen unos 200.000 litros. La mitad la embotellan ellos, pero siguen vendiendo mosto a otras bodegas como Piñero, que lo destina a la solera de la manzanilla Maruja. “Lo que nos gustaría es no tener que vender y utilizar ese mosto para hacer nuestros propios vinos blancos, vinos de entrada de gama que roten”, confiesan los Blanquitos, que ya elaboran uno de ese estilo — el sabroso y refrescante Blanco de Hornillos. “La manzanilla tiene mucho trabajo porque en cada saca hay que mover mucho vino. Y también hay que tener en cuenta el tiempo que está inmovilizada”.

Hasta el año 2005, la manzanilla que vendían era a granel, como se había hecho siempre en su casa. Ahora embotellan una fina, una madura y una en rama con la marca Callejuela, bajo la que hacen también toda la gama de vinos tradicional de Jerez. “Cuando en los ochenta las cooperativas no podía admitir más socios por el declive y los excedentes de uva, nuestro padre compró a un mayeto una pequeña bodega en la calle Caño Dorado, en el Barrio Alto”, recuerdan los hermanos. “Él vendía el mosto a otras bodegas y guardaba algo para consumo propio”.

El éxito de la manzanilla 1/11

Paco y Pepe hicieron su primera vendimia en el Barrio Alto cuando todavía eran adolescentes y les fue picando el gusanillo. Poco a poco la familia fue ampliando el parque de botas de la bodega y organizando la solera. “Compramos 20 botas de la expropiación de Rumasa y las pusimos a 15 grados”, recuerda Pepe. “Algo controlé mal porque a los dos años, la mitad de las botas se pusieron altas de acidez total, así que las subí a 18 grados. De esas botas vienen el Oloroso El Cerro y el amontillado La Casilla. Del resto de botas nació la solera de la manzanilla madura y de ahí poco a poco hemos ido abriendo, pero muy despacio”.

La entrada de Ramiro Ibáñez como consultor en Callejuela les ayudó a arriesgar con elaboraciones novedosas que quizás ellos solos no hubieran emprendido. De esa colaboración surgió la manzanilla de añada 2012 Callejuela 1/11. “Él nos decía 'esto no lo metáis en la solera, que es muy bueno. Dejad aquí algo a ver qué pasa'”, recuerdan los Blanco. “Corrimos las clases [como llaman en Sanlúcar a las criaderas] y quedaron 11 botas que no tocamos, y así fue como comenzó la serie de la manzanilla de añada”.

Cada primavera se vacía una bota y se llenan 700 botellas de medio litro para ver su evolución. Este año saldrá la 4/11, que se vende, como las sacas anteriores, a unos 20 €, un precio bastante más elevado que la mayoría de manzanillas pero que no disuade a muchos aficionados, para quienes la serie se ha convertido en objeto de colección. A raíz de ese éxito, los hermanos Blanco han decidido dejar en crianza estática varias botas de 2014 de cada uno de los pagos. Del 15 también han guardado tres botas por pago para ir observando su evolución.

En el otoño de 2015, el mismo año que salió al mercado la 1/11, presentaron su gama de vinos viejos, concentrados e intensos y de sacas limitadas, con una imagen renovada y en botella transparente de 50cl, para dejar hablar al color: la manzanilla pasada Blanquito, el amontillado La Casilla y el oloroso El Cerro. Son vinos de la solera fundacional, de la misma que su “bota de cañón”, una vasija especial que se colocó en el pasillo, a petición de su padre, cuando éste dejó de trabajar. “Estaba allí por si iba con algún amigo, para no estropear las demás. Solía venir cuando calculaba que nosotros terminábamos la jornada, y los tres nos quedábamos charlando alrededor de la bota hasta que perdíamos la noción del tiempo”, recuerdan Pepe y Paco con nostalgia. “Cuando él falleció decidimos dejar de correr las clases y solo reponemos un poco cuando está muy baja.”

Su último proyecto son tres vinos blancos sin fortificar de tres pagos diferentes, cuyas altitudes aparecen reflejadas en las etiquetas: Hacienda de Doña Francisca del pago Callejuela (62m), La Choza de Macharnudo (74m) y Las Mercedes, del pago Añina (83m). Todos ellos se han criado durante siete meses en botas con velo de flor con la idea de mostrar el carácter que imparte el terruño frente a la influencia de la bodega o el método de elaboración. “Queremos que se empiece a hablar de la procedencia, de la viña. Era la obsesión de nuestro padre. Por mucho que seas un buen bodeguero o un buen capataz, si el vino no viene de una buena albariza, no será de calidad”, aseguran los hermanos.

De momento, su intachable origen y su indudable carácter no son suficientes para que este estilo de vinos forme parte de la denominación de origen Jerez. “Que se admita vino de Montilla y no se admita este vino en el Consejo Regulador es triste, pero esperamos que esto avance”, confían.

El despacho de vinos

La recogida de la uva es un momento importante. Se hace por la noche y de forma mecanizada desde el año en que Paco, Pepe y un trabajador se encontraron solos para vendimiar sus más de 28 hectáreas. “Gracias a que dimos ese paso hemos soportado la crisis. No hay relevo generacional en las viñas; nosotros somos de los mayores y hay poca gente dispuesta a trabajar y a sacrificar tanto para vivir de esto”, reconocen.

Les ayudan tres personas en el campo pero en la bodega trabajan solo los hermanos. “Nos repartimos todo como podemos, aunque Pepe hace el papeleo”, asegura Paco. La única excepción es en invierno, cuando vienen los dos empleados del despacho de vinos que tienen en la antigua casa familiar junto a la playa en Sanlúcar. Fue su primer punto de venta, hace 10 años, y sigue siendo una fuente importante de ingresos para el proyecto Callejuela.

“Prácticamente un 40-50% de la manzanilla que elaboramos se vende a granel en el despacho. No es la misma que la embotellada, sino que es más ligera y suave. Ser profeta en tu tierra es muy difícil y lo que mantiene el negocio es el despacho”, reconoce Pepe. “Nuestros clientes son gente de Sevilla y alrededores que viene a pasar el fin de semana a Sanlúcar y compran su manzanilla para llevar a casa”.

Esa es la realidad del día a día, pero a medida que sus vinos embotellados viajan y adquieren prestigio, los hermanos Blanco empiezan a recibir más visitas en su bodega, algo que les resulta en cierta medida sorprendente. “Aquí no tenemos nada que enseñar aparte de la viña y esto de aquí”, dice Pepe señalando a su alrededor. “Nosotros nos dedicamos a la viña y a hacer vino, no al turismo”.

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