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1. Álvaro Palacios. 2. Las Lamas. 3. Nos encantan estas contraetiquetas. 4. Moncerbal. 5,6 y 7. La bodega. 8. Paisaje que cortan el aliento. Fotos: A.C.

Vinos recomendados

Un cuarto de siglo en Corullón y un anticipo de los 2023 de Álvaro Palacios

Amaya Cervera | Martes 26 de Marzo del 2024

El primeur de los 2023 de Álvaro Palacios, que se celebró a principios de mes en Corullón (León), ha tenido un marcado tono festivo. No solo se cumplía el 25 aniversario de la fundación de Descendientes de J. Palacios, la bodega que el conocido productor riojano arrancó junto a su sobrino Ricardo Pérez en Bierzo en 1999. También sirvió para presentar a su hija Lola, 26 años, quien, tras un largo periplo de formación internacional (lleva fuera de España desde los 14 años) se ha incorporado al grupo familiar en enero de este año. Y, por supuesto, para catar unos 2023 muy prometedores.

Los viñedos en vaso cultivados en pronunciadas laderas brillaron con fuerza en un día soleado y de cielos despejados. Solo la nieve de las montañas más elevadas remitía a la severa borrasca que había azotado la zona en los días previos.

La jornada arrancó con un paseo a Las Lamas, donde a Ricardo Pérez Palacios (en la foto inferior) le gusta remarcar el particular choque de influencias atlánticas y mediterráneas que se produce en la zona y que se refleja en las marcadas diferencias de vegetación entre la ladera norte, ocupada por bosques de castaños y retama, y la sur, con jaras, encinas y viña. Un juvenil Las Lamas 2015 acompañó la explicación. Aunque en su momento se consideró una añada madura, está muy lejos de la calidez de cosechas más recientes. La expresión de fruta roja característica de este paraje se muestra con pureza y nitidez. El elemento característico del suelo de Las Lamas es la mayor presencia de arcilla entre la pizarra, lo que siempre aporta un toque más envolvente y exuberante. Por su frescura y firmeza parece aún bastante lejos de alcanzar su cima.


Para adentrarse en la génesis de Descendientes de J. Palacios, recomendamos la lectura de este artículo de 2016. En aquella época los vinos aún se elaboraban en Villafranca del Bierzo y la espaciosa bodega diseñada por el arquitecto Rafael Moneo, que se abre camino 20 metros montaña abajo, estaba aún en proceso de construcción. 

La cata en primeur de los 2023 de Descendientes de J. Palacios y de las otras dos bodegas de Álvaro Palacios en Rioja y Priorat se llevó a cabo en la sala de crianza, abierta a los antiquísimos esquistos del Precámbrico que sustentan el paraje de Moncerbal.

La siguiente generación 

Allí pudimos charlar con Lola, quien nos contó que está interiorizando los distintos aspectos del negocio. Desde su incorporación se ha dedicado a acompañar a su padre, 60 años recién cumplidos pero con la misma energía de siempre, por viñedos, bodegas y viajes dentro y fuera de España -estuvo por ejemplo en una presentación en el club 67 Pall Mall de Londres en febrero pasado.

Confiesa que le gusta la viticultura más que los números y que una de sus mejores experiencias en este campo fue en Ródano durante su estancia en Jean-Louis Chave (“me pareció todo muy auténtico y de verdad”). Cuando de adolescente estudiaba en Estados Unidos y volvía los veranos a España, no llevaba bien que le hicieran trabajar en la bodega mientras sus amigos disfrutaban de las vacaciones, pero ahora reconoce su enganche con el campo. 

Habla con soltura inglés y francés y ha aprendido en los mejores sitios. Además de en Chave, ha estado en la Romanée Conti, Pingus, Clos de Tart, Le Pin o Harlan en Napa Valley. Aquí cuando tuvo que pasar del campo al trabajo de bodega, no dudó en elegir Promontory, porque es la bodega del grupo con menos impacto de la madera y que prioriza el foudre sobre la barrica.

Lola acompañó a su padre y a Ricardo a lo largo de toda la jornada sin arrancarse a hablar en público. “Quiero que lo que diga sea de verdad”, explicaba. Se ve la buena sintonía con su padre, con quien comparte afición por la música y el flamenco. Lleva con naturalidad que haya muchos ojos pendientes de ella y a la hora de posar para la foto, demuestra la soltura propia de su generación. 


Bierzo estrena Al Chelo

Ricardo Pérez recordó a los asistentes que la elaboración reductiva de la mencía ponía a los bierzos en desventaja frente a la mayor apertura y expresividad de los vinos de Rioja y Priorat. Y es cierto que algunos de sus tintos acusaron este efecto en nariz, en especial Corullón, el nuevo Al Chelo y La Faraona, pero las bocas sin embargo, estaban muy bien definidas.

En Bierzo, 2023 ha obligado a realizar mucho trabajo en campo. Los meses más lluviosos del ciclo vegetativo fueron junio y septiembre, lo que se tradujo respectivamente en un alto riesgo de mildiu y la necesidad de seleccionar en viña. Con las buenas reservas hídricas del invierno, la pluviometría se acercó a los 900 mm. Entre medias, se registraron temperaturas más elevadas de lo habitual en abril, mayo y, por supuesto, agosto, marcado por una importante ola de calor a final de mes. El resultado: “buenos rendimientos, pero con racimos pequeños y bayas muy comedidas”, según el informe de vendimia de la bodega.    

Todos los vinos tienen presencia de uva blanca que oscila entre el 10% de Corullón y Las Lamas y el 2% de La Faraona. Encontramos sabrosidad y abundante fruta dulce en Corullón (habrá algo más de 35.000 botellas), con el tanino aún levemente herbáceo del raspón con tiempo de sobra para integrarse. Aunque algo cerrado en nariz, Moncerbal (6.400 botellas en esta añada) se mostró soberbio: jugoso, sápido, con su fondo mineral característico, pero también con una sensación aérea y brillante, y seriedad en el tanino.


Las Lamas (6.000 botellas en esta añada) ofreció quizás la nariz más abierta, fina y bien delineada, con sus frutillos rojos acompañados de toques herbales; muy amplio en boca, con un tanino ya casi refinado y buena persistencia. Había más concentración en el nuevo Al Chelo (aquí se da la feliz coincidencia que el nombre de la viña coincide con el de Chelo Palacios, madre de Ricardo y hermana de Álvaro, fallecida en 2021), con más fruta negra y taninos terrosos, aunque fue probablemente el tinto más cerrado de la serie. Procede de una viña de 0.30 hectáreas situada en el paraje de Valdafoz que se solía destinar a Corullón. De esta primera añada se van a elaborar solo 1.000 botellas. Por último La Faraona (de la que se espera elaborar 1.200 botellas) destacó por su viveza y energía, con un componente herbal destacado, gran personalidad y notable frescura.

Desfile de añadas

La comida que siguió a la cata, servida por el chef Nacho Manzano de Casa Marcial (dos estrellas Michelin), se acompañó de diferentes cosechas de vinos del grupo con especial atención a los del Bierzo en su 25 aniversario.

De Corullón se pudieron comparar 2012 y 2018, dos añadas que Ricardo Pérez siempre ha considerado que combinan elementos atlánticos y mediterráneos. La segunda, con algo menos capa que 2012, mostró el carácter de los frutillos del bosque en versión crujiente, con consistencia, tensión y acidez en boca, y mucha vida por delante. La 2012 estaba en otros niveles de complejidad con fruta matizada, toques cárnicos casi en la línea del Ródano y hasta notas florales. Con profundidad, amplitud, persistencia y aún mucha viveza. Quien tenga una botella en casa puede sentirse afortunado.

Para Moncerbal, que según Pérez se expresa mejor en años fríos y húmedos, eligió dos cosechas de patrón atlántico. La más joven, 2021, jugosa, profunda y con una personalidad sápida reconocible, debe de ser uno de los vinos con mayor potencial entre todo lo que catamos. Y qué nariz: especiada (pimienta negra y rosa), cítrica (naranja sanguina) y con notas herbales finísimas. A la 2013, año frío por excelencia, le salía el alma gallega del bosque atlántico, el punto fresco del raspón, la pimienta negra y al final otra vez la salinidad mineral del paraje. Y una parte oscura y profunda un tanto misteriosa. Uno se siente un poco más “moncerbalista” después de probar estas botellas.    


En Las Lamas, en cambio, buscó años de mayor madurez. El 2019 arrancó con notas golosas que recordaban al toffee para retomar luego la fruta roja y los balsámicos. Destacó por su amplitud en el paladar; opulento y refrescante a la vez, con gran carga aromática y persistencia. 2012 se mostró algo más potente y estructurado, evolucionando a notas de fruta negra y quizás menos expresivo en copa. La botella de Corullón de esa añada, curiosamente, mostró mayor plenitud y complejidad.

Para La Faraona se eligió una añada atlántica y lluviosa (2014) y otra, la 2018, también con algo de influencia mediterránea, aunque probablemente impacte más decir que las dos se llevaron en su día 100 puntos de Luis Gutiérrez, el crítico para España de The Wine Advocate. La Faraona es el viñedo más elevado de Descendientes de J. Palacios. Es una tira rectangular de 0.55 hectáreas ubicada en una pendiente pronunciada en el paraje de El Fierro que supera los 900 metros en su parte más alta. Claramente visible desde la bodega, tiene la particularidad de estar atravesada por una pequeña falla tectónica. Las dos añadas mostraron la viveza, el carácter herbal y la fruta crujiente y un tanto contenida que distingue a la parcela. En mis copas la 2018 brilló con más fuerza por la intensidad aromática (¿se puede decir propulsión aromática?) y su viveza, con un paladar finamente delineado, finísimo y tremendamente joven.


Una gran sorpresa en Priorat

La gran paradoja de la cata: vinos frescos y expresivos en la añada más seca. Se recogieron menos de 230 litros en Gratallops y apenas 43 litros en una estación esencial de lluvias como es la primavera. Fue la primera vez que Álvaro decidió realizó un aporte de agua en viñas con suelos muy rocosos y en aquellas situadas en la parte alta de las colinas, con suelos poco profundos muy afectados por la erosión. También reforzó el equipo de campo para poder trabajar casi cepa a cepa. El mes más lluvioso del ciclo en 2023 fue septiembre; se registraron 80 litros en Les Aubaguetes y 51 en L’Ermita.

¿Cómo es posible en estas circunstancias conseguir la tensión que mostraba el Gratallops Vi de Vila 2023 (13.730 botellas)? Con una fusión casi perfecta entre la dulzura de la garnacha y el punch de la cariñena (20%), había además complejidad floral y un tanino pulido y elegante. Sin duda, la compra para hacer con los ojos cerrados que recomendaríamos del primeur 2023.

Las sorpresas continuaron. Ahí estaba un delicadísimo Finca Dofí (28.000 botellas) con más peso de garnacha (95%), notas de fruta cítrica, violeta y pimienta rosa, y un paladar nada excesivo, sabroso y sutil. En La Baixada (3.460 botellas), una viña que iba a Dofí (una parte lo sigue haciendo) y se vinifica por separado desde 2018, el acento está en la garnacha, aunque incluye un 5% de garnacha blanca. La nariz, delicada y con recuerdos de fruta roja dulce, daba paso a un paladar con mucha carga aromática, jugoso, largo y con una frescura difícil de creer. 


Les Aubaguetes (1.200 botellas) y L’Ermita (4.800 botellas) son viñas con más mezcla de variedades. La primera, la única que no está en Gratallops, es una parcela de 1,79 hectáreas y 123 años de Bellmunt del Priorat que combina 60% garnacha, 35% cariñena y un 5% de variedades blancas (garnacha blanca y macabeo). Junto a los aromas de frutos rojos y azules, hay un nota melosa, casi de flor blanca, muy sugerente. Es un vino con buena concentración, pero sin perder la frescura y jugosidad en centro de boca, con taninos elegantes y gran persistencia. El deseado L’Ermita iba un escalón más arriba en términos de sutilidad con aromas de talco, pétalos y recuerdos de piel de naranja. Con mucha pureza, amplitud y finura. El coupage de esta añada incluye 84% garnacha, 13% cariñena, 2% picapoll y 1% uvas blancas.

El enólogo Oriol Castells nos contó que, como parte de su búsqueda de frescura, usan bastante raspón en sus elaboraciones, pero lo cierto es que no es un elemento que resulte evidente en cata, sobre todo por la buena textura de los taninos. Es difícil prever la capacidad de envejecimiento de unos vinos que se muestran ya tan finos y expresivos, pero hay que reconocerles el mérito de haberse quedado con la parte más fresca y sutil de una añada que, por acumulación de sequía, ha puesto a prueba la supervivencia misma de las cepas en Priorat. 

Otro estreno en Rioja: Valdelareina

Ya adelantamos la semana pasada en redes sociales que había nuevo parcelario en Rioja. Valdelareina procede de un viñedo de 1,4 hectáreas situado a unos 700 metros de altitud (Quiñón de Valmira está a 616 metros) sobre un suelo rojizo con presencia de arcilla. Se estrena con 3.700 botellas y a un precio inferior al de su hermano mayor (serán unos 250 € para consumidor final). Nariz compleja con naranja sanguina, violeta, un punto de cereza y fondo herbal fresco. En boca muestra más la parte herbácea, con buena concentración de fruta, agradable sapidez, tanino aún firme y un final con notas de pimienta verde. Será muy interesante ver su evolución en botella.


La cosecha 2023 de Quiñón de Valmira (4.190 botellas en esta añada) se mostró muy expresiva, con mayor amplitud y volumen, aunque manteniendo esa sensación un tanto etérea en el paladar. Empezó muy primario y frutal, con recuerdos de mandarina y frutos rojos, para enriquecerse luego con matices de hierbas mediterráneas. Profundo en boca, con taninos muy bien envueltos y casi fundidos, equilibrio y persistencia. Hay aquí un 15% de otras variedades. Los suelos son muy poco profundos, formados por la sedimentación de coluvios calcáreos y arcillo-ferrosos sobre un horizonte petrocálcico muy profundo y frío.


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