Bodega Matías i Torres La Palma | Spanish Wine Lover

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Pasión por el vino español

BODEGAS

Quinta generación de una familia de viticultores, Victoria Torres es la punta de lanza de los vinos de calidad de La Palma, una isla de origen volcánico, dominada por el impresionante Parque Nacional de la Caldera de Taburiente en el centro de la isla, y por el Roque de los Muchachos, un pico rocoso a 2.426 metros que alberga los telescopios del Observatorio Astrofísico.

Reserva Mundial de La Biosfera, la cercanía del mar y su influencia y la orografía abrupta de La Palma —la isla más alta del planeta en relación a su superficie— explican los numerosos microclimas, tipos de suelos y variedades plantadas en pie franco en un lugar donde la filoxera nunca llegó.

Las siete hectáreas de viña con las que trabaja, alguna de ellas de pequeños viticultores, están repartidas entre Fuencaliente al sur, donde también tiene su pequeña bodega, la zona de Mazo en el este, y Tinazara, Briesta, Puntagorda y Garafía en el noroeste, una zona más fría y de suelos volcánicos evolucionados, con viñas en vaso en bancales a 1.200-1.400 metros sobre el nivel del mar donde cultiva principalmente albillo criollo, una variedad diferente a la albillo de la península, y negramoll, la variedad tinta más habitual en La Palma.

La malvasía, la variedad más apreciada de la isla, la tiene en Los Llanos Negros, una ladera de viñedos a 200-400 metros de altitud de hasta 130 años de edad orientados a poniente con suelos pobres de arena volcánica. Con esta variedad Vicky elabora su preciado Matías i Torres Malvasía Naturalmente Dulce (50 cl, 50 €), un vino de perfume evocador y paladar amielado atravesado por una acidez que deja un largo final en boca. Las condiciones climáticas y el rendimiento tan bajo de la malvasía —su mejor añada fue 2012, cuando hicieron 3.000 botellas; de 2016 tiene apenas 30 litros— junto con la curiosidad por explorar el potencial de esta variedad le llevaron a elaborar Matías i Torres Malvasía Aromática Seca (1.500 botellas, 35 €), un vino con una gran potencia aromática que contrasta con un paladar seco y austero, con buen equilibrio de acidez.

En la falda sur del volcán de San Antonio, bajo una loma negra frente al océano, se encuentra la parcela de Las Machuqueras, una de sus preferidas y que ha pertenecido a su familia durante cinco generaciones. Allí las viñas, en pie franco y con edades entre los 45 y 100 años, están protegidas por unas paredes llamadas cadenas, y se arrastran por el suelo de picón desafiando al viento del noreste que sopla sin piedad.

De esta parcela elabora su Listán Blanco Las Machuqueras (3.000 botellas, 20 €), un monovarietal vendimiado a mano y que permanece en contacto con sus propias levaduras (como el resto de sus vinos) durante unos siete meses antes de un corto paso por madera. Concentrado, mineral, tiene un paladar agradable y con un punto salino (la listán blanco es la palomino de Jerez).

Todos sus vinos los elabora de manera artesanal, con fermentaciones espontáneas y sin control de frío. En la viña se rige por criterios ecológicos, comparte la filosofía biodinámica y hace uso de preparados de plantas aunque “sin imposiciones”. Muchas de las labores, tanto en viña como en bodega, siguen siendo manuales.

Vicky elabora otros dos monovarietales blancos. Matías i Torres Diego (1.500 botellas, 26,40 €),también conocida como bujariego o vijariego blanco, proviene de una finca de Fuencaliente a 800 metros de altitud cultivada en parral bajo. Ella es la única productora de la isla que hace un monovarietal con esta variedad. Matías i Torres Albillo Criollo (1.500 botellas, 21 €) proviene de las viñas de entre 30 y 50 años de Briesta, en el norte, plantadas entre pinos e hinojo. Destaca por su notas de hierbas y minerales, con una acidez equilibrada y pureza en boca.

Su gama de tintos cuenta con dos vinos: Matías i Torres Negramoll (4.000 botellas, 22 €), mezcla uvas de distintas parcelas de la isla y se prensa en el tradicional lagar de tea de 1885 antes de criarse en viejas botas jerezanas que su padre, fallecido en 2015, trajo de Chiclana. En la añada 2016 elaboró por primera vez un monovarietal de listán prieto (la país chilena) que saldrá a la venta en breve.

Recientemente, Vicky ha recuperado el castaño tradicional de muchas bodegas de la zona y ha introducido el hormigón buscando “pureza y expresión de variedad” y también trabaja con damajuanas (“para ver el efecto del velo de flor. Aquí a veces ocurre de forma natural y espontánea”).

Por su pequeño tamaño y forma de trabajar artesanal, la bodega no acoge visitas de forma oficial aunque Vicky, una mujer amable y siempre sonriente, nunca echa a ningún visitante atrás.

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