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Las aproximadamente 5.000 piezas que se exponen en el museo son el resultado de 45 años de búsquedas y adquisiciones por España y por el mundo. Fotos cortesía de Vivanco.

Rioja

Vivanco, el museo del vino que sí hay que visitar

Amaya Cervera | Viernes 22 de Agosto del 2014

“¿Cómo puede una sola familia haber coleccionado tanto y de manera tan relevante sobre la historia y la cultura del vino, su tecnología y tradiciones?”. La sorpresa del escritor británico Hugh Johnson, autor de La historia del vino y una de las figuras más relevantes en todo lo que toca a las raíces, tradición y aspectos culturales del vino, fue mayúscula cuando descubrió este museo ubicado en Briones (La Rioja).

Con más de 100.000 visitantes en 2013, se ha convertido en uno de los primeros destinos turístico de La Rioja. La pasión por el coleccionismo parte de Pedro Vivanco, un peso pesado del vino de Rioja, que ha encontrado en sus hijos Rafael y Santiago la continuidad perfecta para sus pasiones. De la bodega se encarga Rafael, ingeniero agrónomo y licenciado en enología en Burdeos, que está dando un atractivo vuelco a los vinos de la casa gracias a la insistencia en los viñedos propios y al trabajo con variedades minoritarias. De la Fundación Vivanco, en la que se integra el museo y el centro de documentación, Santiago Vivanco, licenciado en Derecho, que llegó al vino por la vía del arte y la historia. 

Es evidente que detrás del Museo de la Cultura del Vino Vivanco hay un trabajo ímprobo. Aunque se inauguró en 2004, hubo siete años previos de construcción y montaje. Y las aproximadamente 5.000 piezas que se exponen en su interior son el resultado de 45 años de búsquedas y adquisiciones por España y por el mundo, en viejas bodegas, en cientos de subastas, a coleccionistas privados… 

Probablemente, el mayor acierto del museo radica en su capacidad de llamar la atención de gentes de muy diverso perfil y no necesariamente interesadas en el vino. Además de su perfecta adaptación para ciegos y discapacitados o más allá del hecho de que los niños puedan realizar una auténtica gymkana dentro del propio recinto, habrá quien quede fascinado por la imponente muestra de prensas antiguas, quien prefiera dedicar su atención a la extensa colección de sacacorchos o quien descubra por fin qué sucede durante la fermentación gracias a un vídeo tan laborioso en su ejecución como tremendamente revelador de la acción de las levaduras y la transformación del azúcar del mosto en alcohol. 

La disposición de los espacios permite elegir el ritmo de la visita y centrarse en aquellos aspectos que resulten más interesantes para cada visitante, ya sean los objetos antiguos, la claridad de los materiales audiovisuales, el juego de los aromas, los aspectos históricos o las ricas manifestaciones culturales inspiradas en el vino. 

Y el vino, como producto, se enriquece gracias a la disposición de áreas específicas destinadas a la vendimia, los recipientes de elaboración, la tonelería y la barrica, el corcho, la botella. Se hace más rico y complejo; más atractivo. ¿De verdad hay tantas cosas detrás de una copa de vino? La respuesta resulta tremendamente obvia en este contexto.

“El museo siempre sorprende y supera las expectativas”, señala  Santiago Vivanco. “A veces pienso –continúa– que no hicimos bien en utilizar la palabra museo, que está tan devaluada y se asocia con algo estático. De ahí que insistamos también en la idea de cultura. Porque no es un museo de Vivanco, ni de Rioja, ni de España, sino de la cultura del vino”.

En este sentido, en el museo cabe desde una jarra de Anatolia del 3.000 a.C. o la placa oficial que el Ministerio de Agricultura francés concedió a Alexis Millardet por introducir la plantación sobre pies de vides americanas para paliar los efectos devastadores de la filoxera, pasando por un ejemplo de botella romana de vidrio de los siglos II-III d.C., hasta un bodegón de Picasso. Otro aspecto especialmente interesantes es que muchos de los procesos relacionados con el vino (vendimia, elaboración de corcho o barricas) se muestran en su doble vertiente artesanal e industrial.

La última apuesta es intentar mostrar más por Internet y que entre 3.000 y 4.000 piezas sean muy pronto visibles online. Sin embargo, la difusión de la colección por esta vía difícilmente podrá sustituir esa sensación que experimentan los visitantes de sumergirse en el rico, polifacético y estimulante mundo del vino.

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