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El secreto mejor guardado de Rioja
Sorteamos cuatro garnachas centenarias de Cordovín
Las mismas uvas interpretadas por cuatro productores
Unidos por un pueblo
Eduardo Eguren, Elías López Montero, Diego Magaña y los hermanos Benés de Valcuerna Viticultores tienen un objetivo común: poner en el mapa las garnachas centenarias de Cordovín, uno de los pueblos más famosos del valle del Alto Najerilla en Rioja. Con cepas de los Benés plantadas entre 1911 y 1922 y divididas en cuatro partes, cada productor hace su particular interpretación de este paisaje. Un afortunado lector de SWL podrá probar los cuatro vinos juntos. Debido a que la actual normativa solo permite utilizar el nombre del pueblo a aquellas bodegas ubicadas en el mismo municipio, se ha optado por utilizar las siglas CDVIN en la etiqueta.
Qué hace especial a Cordovín
Durante muchos años Cordovín fue sinónimo de excelencia para los claretes, el estilo dominante en el valle del Alto Najerilla, y un origen especialmente valorado por la frescura de los vinos. La clave de la fama residía en sus viñas viejas de garnacha cultivadas en altitud (entre los 600 y 700 metros) y con predominio de exposiciones norte en las faldas de la Sierra de la Demanda, así como en la singularidad de su terruño. Son suelos francos con dominio de arcilla o arena y vetas de sulfato cálcico o yeso alabastrino en profundidad sobre una base de arena o roca arenisca.
Cuatro interpretaciones
El punto común de estas cuatro garnachas es la profundidad y persistencia que ofrecen en la copa, aportando una buena capacidad de desarrollo en botella. Luego hemos encontrado fruta algo más crujiente y notas especiadas en el Cuentaviñas de Eduardo Eguren; más profundidad y mineralidad en el que firma Elías Pérez Montero en Verum; frescura, jugosidad y toques herbales en Anza de Diego Magaña; y mucha intensidad y carga floral en el Valcuerna.
Sorteamos cuatro garnachas centenarias de Cordovín
Promoción vigente hasta el 29 de febrero de 2024.