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1. Botellas de Viña Tondonia a la venta 2. Cartel de La Rioja Alta en la bodega de Haro 3. Peter Sisseck, elaborador de la mítica marca Pingus 4. Les Aubaguetes y L'Ermita, de Álvaro Palacios. Fotos: Yolanda O. de Arri, Pepe Franco y Amaya Cervera

Estados Unidos

¿Qué hace falta para consolidarse como marca de prestigio en EE.UU.?

Bill Ward | Martes 19 de Febrero del 2019

Da igual si se trata de automóviles, aceite de oliva o pañuelos de papel: los consumidores suelen elegir productos que combinan calidad, fiabilidad y valor. Lo mismo ocurre con los aficionados al vino en Estados Unidos, quienes valoran positivamente las marcas españolas que exhiben estos atributos. Nombres como Vega Sicilia, R. López de Heredia y Álvaro Palacios han ganado y conservado fieles seguidores en este país.

"Creo que el valor de la marca y su fuerza juegan un papel clave en las tendencias de mercado del vino español", explica Taurean Philpott, director de vinos del restaurante Rootstock and Vine en Woodstock, en las afueras de Atlanta, Georgia. "España cuenta con buenos clientes que son fieles a determinadas marcas por su excelencia a lo largo de los años”.

Por eso, incluso los vinos más caros como Pingus y Vega Sicilia conservan su prestigio entre los coleccionistas. "Sos los que atraen a los mismos clientes que compran premier-crus de Burdeos o los mejores borgoñas o Ródanos", explica Andy Booth, propietario de The Spanish Table, tres tiendas españolas en la bahía de San Francisco. “Son los vinos que la gente quiere 'tachar de su lista'”. O como afirma la restauradora neoyorquina Alex Raij, "los artículos de lujo que son de primera calidad son los que aguantan, como un bolso de Louis Vuitton".

Lealtad a la marca

Aún así, muchos vinos españoles que no cuestan cientos de dólares han conservado su prestigio entre los aficionados a los vinos en Estados Unidos. La lealtad a la marca se consigue en gran medida cuando los clientes saben que pueden contar con una garantía de calidad en cada compra.

"Sabes que si La Rioja Alta o López de Heredia lanza un vino, va a ser un buen vino", comenta Mike Dombrow, gerente de Sunfish Cellars en Lilydale, Minnesota. "Tienen que trabajar con diferentes cosechas y hacer el mejor vino que puedan. Y lo hacen”.

Estas bodegas, ambas respetadas y conocidas, son expertas en hacer los ensamblajes adecuados para dar con la calidad que buscan. Philpott señala que las botellas de López de Heredia Viña Tondonia “no salen al mercado hasta que el vino no esté totalmente listo", lo que disminuye las posibles variaciones de añada y aumenta la confianza de los clientes.

Para Booth, el hecho de que haya más uniformidad en las añadas juega a favor de los productores del país. "España tiene cosechas difíciles, pero históricamente menos que otras zonas vitícolas del norte", explica. "Los vinos tienen un sabor diferente en función de la añada, pero estilísticamente mantienen esa uniformidad. Es raro oír a alguien decir: 'Me encanta esta cosecha' o 'Odio esta cosecha'”.

La confianza sería menor si los vinos no consiguieran sorprender positivamente. Los estadounidenses han aplaudido las virtudes de los vinos españoles baratos durante décadas, pero el hecho es que el binomio calidad-precio se aplica hasta la cúspide de la pirámide. "Todas esas marcas destacan por una calidad que justifica cada dólar”, sostiene Dombrow. "Los vinos siempre superan las expectativas de lo que se paga por ellos".

Caminos que convergen

Parte del interés por estas etiquetas radica en las altas puntuaciones que han recibido por parte de la crítica. “The Wine Spectator y James Suckling han conseguido que haya gente muy interesada en esos vinos”, explica Booth. “Esto es especialmente cierto en el caso de los grandes minoristas que hacen ofertas por correo electrónico. Dicen '95 puntos', y pueden vender dos palets”.

Otros consumidores van probando los diferentes vinos de la gama de una bodega hasta llegar a los más caros y no moverse de ahí. Por ejemplo, en el caso de Álvaro Palacios podrían comenzar con Camins del Priorat, que cuesta $25, subir al Finca Dofí de $75 y quizás incluso hasta L’Ermita, en el entorno de los $500. Lo mismo ocurre con Hacienda Monasterio, elaborado por el enólogo de Pingus Peter Sisseck, que puede ser una puerta de entrada a Flor de Pingus y después a Pingus. Algunos aficionados al vino se interesan por Pintia antes de llegar a Vega Sicilia.

El cambio en los gustos y los estilos dominantes también tiene que ver con la consolidación de ciertas marcas. "Hace 14 años nadie compraba López de Heredia. Sólo lo vendíamos a clientes de más edad que lo recordaban de sus viajes a España,” afirma Booth. “"Pero se puso de moda principalmente porque el paladar de los profesionales ha cambiado. Hay un mayor interés en ese estilo, especialmente entre la comunidad de sumilleres de Nueva York, San Francisco y Chicago. Es un estilo que les gusta ahora, pero hace 12 ó 13 años los sumilleres preferían los vinos potentes con una marcada presencia de roble y mucha extracción. Ahora buscan más acidez y menos roble, más carácter de uva que de madera".

Para Raij, propietaria de los restaurantes Txikito, La Vara y El Quinto Pino, también se trata de combinarlo con la comida. "Es el fundamento de la gastronomía y el vino españoles”. En el caso de López de Heredia, afirma Raij, hay otro factor de actualidad: “Son vinos que siguen un estilo oxidativo, que cuadra con la moda de los vinos naturales."

La promoción de toda la vida también juega un papel importante. Booth destaca en este sentido la pericia de Palacios. “Hace un gran trabajo de marketing. Para el público en general, ¿qué sería del Priorat sin Álvaro Palacios?

La historia de su parte

Un puñado de bodegas españolas van subiendo puestos en la percepción de calidad entre los consumidores estadounidenses. Dombrow destaca en este sentido los vinos de Bodegas El Nido. "Tengo más gente pidiendo Clio que cualquier otro vino español”, afirma mientras que Philpott considera que Raúl Pérez es “en estos momentos el enólogo más solicitado de España". 
Pero por el momento, son los pilares de la vieja guardia los que llevan a España a compartir podio con las grandes marcas de otras regiones vinícolas de renombre mundial.
 
"Al igual que Burdeos y Borgoña", asegura Philpott, “los [mejores vinos] de España están arraigados en la historia. Los consumidores siguen siendo fieles a esos nombres porque conllevan una garantía de calidad".

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