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Informe de vendimia II 2020: Sur de España En portada, Fran López, sumiller de Bodegas Luis Pérez en Jerez, durante la vendimia 2020. El resto de las fotos intercaladas en el texto son de las bodegas mencionadas.

Cosechas

Informe de vendimia II 2020: Sur de España

Yolanda Ortiz de Arri | Martes 24 de Noviembre del 2020

Tras el completo informe escrito por Amaya Cervera la semana pasada sobre la cosecha en la mitad norte del país y Baleares, esta semana publicamos las impresiones de más de una quincena de productores en el sur de la península y Canarias.

Como en el resto del mundo, la vendimia 2020 se recordará principalmente por las condiciones de pandemia en las que se desarrolló. En el plano climatológico, casi la totalidad de los productores destacan la primavera lluviosa y el verano seco y cálido con ataques de mildiu, en general leves y más pronunciados en variedades foráneas, y una vendimia temprana que en lugares como Lanzarote y Gran Canaria comenzó en julio. Con luces y sombras respecto a la cantidad, la calidad parece haber acompañado a la mayoría de las bodegas con las que hemos hablado.

Andalucía

Desde Jerez, Willy Pérez describe una brotación muy temprana en una primavera muy lluviosa que desembocó en una vegetación frondosa y una intensa actividad fotosintética en las plantas, algo que el viticultor gaditano asegura no haber visto en muchos años. 

Con la humedad llegaron las plagas. “La principal fue el mildiu que en algunas parcelas nos hizo perder hasta el 50% de la uva. También hubo oidio y podredumbre gris, aunque se dio más en la costa y en el interior no nos afectó”, explica Willy, que trabaja en ecológico y con prácticas algo diferentes a otros productores de la zona. 

Aunque el verano fue seco y algunas uvas se cocieron tras un golpe de calor en junio, la vendimia no se adelantó tanto como se esperaba en un principio. “El ciclo desde brotación a vendimia ha sido muy largo, de un mes más de lo habitual. La cosecha ha sido muy corta, y lejos de haber ganado en concentración, la uva tenía muy poco grado y poca acidez”. En el caso de Bodegas Luis Pérez, comenzaron vendimiando el 14 de julio en Macharnudo con los blancos y acabaron a principios de septiembre en Carrascal con los jereces. 

Respecto al perfil de los vinos en esta añada, Willy prefiere ser prudente pero no es optimista. “Los vinos en Jerez te pueden sorprender con el tiempo, pero parece que el 2020 quedará muy lejos del genial 2019”.


En Sanlúcar de Barrameda, Montse Molina, de Bodegas Barbadillo, habla de un año en conjunto seco, que sigue la tendencia del 2019. Destaca en especial las altas temperaturas de julio, que en la zona coincide con el periodo de envero-maduración, con el consiguiente estrés en las uvas e incluso retrasos en la maduración. “Fue importante esperar la buena fecha para vendimiar”, comenta la enóloga, que procesa cada año unos nueve millones de kilos de palomino fino entre uvas propias y de 30 proveedores. Respecto al estilo de los vinos, Molina los describe como “aromáticos, suaves, frescos y ligeros de cuerpo”.

Como en el Marco de Jerez, la lluvia en primavera y el calor y la ausencia de pluviometría en el verano también fueron protagonistas en la Axarquía malagueña. Vicente Inat (Viñedos Verticales) comenzó la vendimia el 10 de agosto, con un adelanto de entre una semana y diez días según parcelas, y se prolongó hasta primeros de octubre en una condiciones complicadas por el Covid. “Aquí en verano hay días que llegamos a los 40ºC y calor, esfuerzo físico y mascarilla no siempre es fácil”, explica. 

Por suerte, el estado sanitario de la uva fue bueno, sin grandes problemas de plagas ni hongos excepto en la garnacha, donde el mildiu ha recortado rendimientos un 40%. La producción ha sido más corta que otros años, per no por el número de racimos sino porque las uvas pesaban menos (un 20% más ligeras que en un año bueno). “Esta concentración de las bayas nos ha dado vinos aromáticos, frutosos y con más peso que otras añadas pero sin perder su carácter afilado”, explica Inat. “En general estamos bastante contentos con los vinos, porque aunque ha sido un año cálido, los suelos de nuestros viñedos mantienen bien la acidez”. (Foto: Cristina Moreno)


Parecida fue la situación climatológica en Montilla-Moriles, según comenta Cristina Osuna, enóloga de Lagar de los Frailes y Terrevuelos y desde septiembre de este año, directora técnica de un nuevo proyecto de vinos tranquilos de calidad en Toro Albalá.

A las lluvias de primavera, muy bienvenidas porque aliviaron el estrés hídrico que arrastraba el viñedo cordobés, les siguió un verano suave con madureces irregulares y problemas de oidio. “Ha sido un año atípico, con un descenso en cantidad de un 20% y uvas más pequeñas que otros años, aunque de buena calidad”, indica Cristina. “Al principio parecía que iba a ser espectacular de kilos, pero los conejos aprovecharon que no había gente en la viña durante el confinamiento, a lo que se sumó la incidencia del hongo”.

Como en otras zonas, la pandemia impuso trabas añadidas a la campaña en Montilla-Moriles, con brotes en algunas bodegas en plena vendimia, pero la enóloga cordobesa está contenta con la calidad de sus mostos. “Son aromáticos, con buena boca y estructura. El grado alcohólico ha sido más bajo en algunas zonas pero lo hemos compensado con otras más altas”.

Murcia y Levante

Sabe que para el mundo han sido unos meses durísimos, pero Julia Casado firmaría por otro año climatológico como este en lo que se refiere a La del Terreno, su proyecto en la sierra de Lavia en Bullas (Murcia)

“Ha sido una vendimia espectacular, con un estado sanitario increíble tanto en Moratalla a 1.200 metros como en La Venta del Pino y otras zonas altas. La uva maduró lentamente, sin golpes de calor y no hubo incidencia de oídio ni mildiu. Cayó la lluvia justa, sin exceder la capacidad de drenaje”, explica Julia. “Los mostos han macerado más tiempo que ningún año y las acideces son fantásticas. Es un año muy expresivo”. 

Prefiere esperar a la primavera para hacer una valoración de la calidad, pero cree que 2020 puede ser todavía mejor que 2017, hasta ahora su mejor añada. Julia, que este año mudó su bodega y su vivienda a una finca en Caravaca donde comparte espacio con otros proyectos de agricultura regenerativa, anuncia un nuevo vino rosado de monastrell elaborado en tinajas y su salida de la DO Bullas con todos sus vinos excepto Ninja de las Uvas, elaborado junto a Bodegas del Rosario. “Las restricciones no se ajustan a lo que necesito, es caro y ser parte de la DO no tiene una repercusión positiva sobre las ventas”, confiesa.


Las buenas sensaciones de Bullas se repiten en Jumilla, a pesar de que aquí el Covid tuvo más incidencia y complicó considerablemente la logística, con más personal en el campo y en bodega, y aplicando protocolos sanitarios estrictos.
Para José María Vicente de Casa Castillo, ha sido una cosecha “extraordinaria”, completada en tres semanas en lugar de las cuatro o cinco habituales, y la sitúa entre las tres mejores los últimos 30 años, a la altura de 2017. 

Tuvieron alguna pérdida por el mildiu y hasta mayo no pudieron entrar en la viña por la abundante lluvia de marzo y abril, pero los tratamientos con azufre y cobre hicieron efecto. “Cogimos uvas bien maduras, con el ph y la acidez perfectas. La monastrell suele tardar más tiempo en expresarse, pero este año muestra más inmediatez”, asegura Vicente. “Los vinos son bastante accesibles y equilibrados, incluso desde el fin de la fermentación alcohólica, y tienen textura y profundidad, con el mediterráneo impreso en la copa”. 

En Alicante, Pepe Mendoza de Casa Agrícola habla de una añada “de equilibrio, sin estridencias”. En consonancia con otras regiones vecinas, la primavera lluviosa, el calor de agosto y el mildiu marcaron la evolución de la uva. “En el Mediterráneo sabemos tratar la polilla y el oídio, pero no estamos acostumbrados al mildiu”, indica Mendoza, que durante 25 años ha sido el enólogo de la bodega familiar Enrique Mendoza. “Tuvimos que tratar con cobre, pero sobre todo deshojar y ventilar mucho”. Siendo una añada temprana, lo habitual es que sea mala por la deshidratación de las plantas, explica Mendoza, pero el ciclo se cumplió. “Tenemos vinos aromáticos, con fuerza, color y buen frescor en boca, con buena estructura pero sin agresividad”. 

Tras dos añadas marcadas por las tormentas estivales de 2018 y las lluvias torrenciales del final del verano de 2019, Javi Revert, viticultor en La Font de la Figuera, volvió “cargado de energía” de su viaje a Argentina en enero. El confinamiento le pilló con los trabajos de poda finalizados, pero enseguida tuvo que lidiar con la abundante vegetación, muy vigorosa tras los más de 200 litros que cayeron en primavera en esta zona del interior de Valencia. El verano, seco y cálido, le obligó a tratar con cobre y azufre para controlar el mildiu, que hizo acto de presencia en algunas parcelas. 


La vendimia comenzó con la amenaza de dos gotas frías “que afortunadamente no se concretaron” y con 15 días de adelanto para las uvas blancas y se hizo “con un equipo cerrado de cinco personas y con todas las precauciones posibles”, explica Revert. “Las uvas estaban sanas y con más grado alcohólico del habitual por lo que tenemos vinos  más profundos y oscuros que en años anteriores”.

Castilla-La Mancha

Un poco más al norte, en la zona de la Manchuela aunque fuera de la DO, Ana e Iván Gómez, dos de los propietarios de Bodegas Gratias, describen el 2020 como “una añada para el recuerdo, en todos los aspectos”. Viven en Valencia, pero el confinamiento les pilló podando sus viñas cerca de Alborea, donde suelen vivir en verano y en vendimias. “Otros años tenemos ayuda de mi suegro, pero esta vez hemos tenido que hacer todo el trabajo en la viña entre Iván y yo”, comenta Ana. “Con la lluvia tan abundante de la primavera y al no poder entrar en las fincas, la vegetación creció incluso por encima de las cepas, algo rarísimo aquí así que preguntamos a amigos como Iria Otero y Xurxo Alba de Galicia en los directos de Instagram que hemos estado haciendo y nos recomendaron comprar una desbrozadora”.

La polilla, que es la plaga endémica de la zona, no afectó este año pero el mildiu atacó a la flor sobre todo de la variedad tardana, en la que tuvieron que hacer mucho deshojado, y en la bobal, donde tuvieron que pasar dos manos de cobre y azufre (otros años suele ser cero). 

Están contentos con la vendimia, para la que contaron con la ayuda de dos chicos en prácticas, uno de ellos de Nantes. “Nos acostumbramos a la mascarilla en campo y bodega (nada fácil) y no tuvimos ningún percance”, añade Iván. “Hemos practicado inglés y hemos hecho catas con el equipo de vendimia con vinos de todo el mundo, quesos, gazpachos, paellas y hasta una raclette”.

Al final, el duro trabajo de la primavera ha merecido la pena, añade Ana. “Es pronto para describir los vinos pero en general tienen menos grado, son más ligeros y siguen el estilo menos extractivo de los del 19. Lo difícil de este año no ha sido el campo; lo que más cuesta es la venta”.


Incertidumbre es la palabra que podría definir esta añada 2020, según Tao Platón, director técnico de Fontana, en la DO Uclés, e integrada en Península Viticultores. “Incertidumbre por el clima, por la mano de obra y por la salud de todos, así que respiramos aliviados al ver toda la uva en la bodega con todo el personal sano”.

El parón de mitad de la vendimia dificultó mucho la logística y la toma de decisiones. “Fue muy heterogénea, con un mal cuajado de las variedades blancas y un rendimiento muy comedido”, indica Platón. Por contra, en los tintos tuvieron que trabajar para equilibrar la producción con la calidad y el potencial de cada parcela. 

Vendimiaron pronto, primando la frescura y la elegancia a costa del grado para conseguir “vinos tensos y expresivos en las variedades blancas y finos, elegantes y frescos en las tintas”, añade el enólogo de Península. “Conseguimos una calidad media alta pero no es un año destacable en nuestras gamas altas ya que llovió antes de la vendimia de esas parcelas”.

El viñedo manchego ha vivido un año más húmedo de la habitual pero con temperaturas muy altas en agosto por lo que las uvas, especialmente las de ciclo corto, se vendimiaron con menor frescura. Por contra, explica Elías López Montero de Verum en Tomelloso (Ciudad Real), variedades como airén, graciano o tinto velasco, todas de ciclo largo, han dado “vinos abiertos, francos y con alcohol moderado en los que brilla la fruta desde el inicio”. 

En cuanto a las condiciones de trabajo por el Covid, este año se redujo el número de personas por cuadrilla y aumentaron los costes de los desplazamientos y las distancias sociales en el viñedo, pero se consiguieron evitar brotes, añade López Montero, que ha ido a la bodega solo lo indispensable. ”Es algo que a los enólogos nos pone muy nerviosos pero este año hay que intentar evitar el contacto”.

Maite Sánchez, de Bodegas Arrayán, con viñedo en el noroeste de Toledo, agradece las lluvias de primavera tras un 2019 muy seco. "El problema fue que llovió justo cuando la flor se estaba cerniendo y esto hizo que hubiera corrimiento y mermara la cosecha del 2020”, explica la enóloga, cuyas garnachas de El Real de San Vicente fueron las más afectadas.

Al margen de las dificultades provocadas por el Covid, lo más difícil para Sánchez este año ha sido determinar la fecha de vendimia. “Algunas viñas que maduraban antes, este año han ido más tarde y al revés, en función de la cantidad de uva que traía la planta; menos uva significaba un adelanto de la vendimia”. A nivel cualitativo está muy contenta con el resultado. “Ha sido un año con unos mostos muy equilibrados, de gran frutosidad y de taninos suaves”.

Gredos

Maite Sánchez, que también trabaja con viñas en la zona alta de Arrebatacapas, en Cebreros (Ávila), nos explica que como el ciclo llevaba retraso, no afectó a la producción. “Sí ha habido más riesgo de mildiu y oídio pero con una incidencia baja. Ha habido bastante buena cosecha en esta zona”.


A pesar de ser un año con menos actividad comercial, más dificultades laborales por la falta de equipo y jornaleros y una vendimia en burburjas, Fernando García, de Comando G, considera que 2020 es una añada de buenos rendimientos y de ciclo largo, principalmente en Rozas de Puerto Real y en el Alto Alberche. Las ligeras heladas y una nevada a finales de marzo afectaron sobre todo a las viñas de albillo real, una variedad de brotación temprana, mermando considerablemente la cosecha por tercera añada consecutiva. “Esto nos hace plantearnos la mala adaptación de esta variedad al calentamiento global,” confiesa Fernando. 

La primavera, lluviosa y fresca, trajo un ligero ataque de mildiu, pero no tan dramático como en otras zonas, a la que siguió unos días de calor en junio, coincidiendo con el cuajado “bastante generoso” de la garnacha. 
El enólogo madrileño divide la vendimia, muy marcada por la lluvia (más de 200 litros en septiembre), en dos partes muy diferenciadas. 

“Los pueblos más tempranos tienen un nivel de grado, carga de fruta y tensión tánica más alta y una sanidad espectacular. Las zonas vendimiadas después de la lluvia trajeron menos grado, finura, equilibrio y longitud, con una presión de botrytis más alta que llevó a la uva al límite en maduración y nos obligó a una selección exhaustiva”. Respecto al perfil de los vinos, García los sitúa entre 2016 y 2018, “con menos grado, buena acidez, con buena sensación de esencia de fruta, floralidad, finura, longitud y delicadeza”.

La situación sanitaria ha hecho que Tao Platón pase menos tiempo que otros años en Gredos y otras zonas vitícolas históricas del Sistema Central, donde elaboran sus Vinos de Montaña, pero está contento con la calidad, tanto en Cadalso como en Cebreros. “La producción es más pequeña de la esperada pero el estado sanitario es muy bueno, indica Platón. ”Los vinos muestran muy buen equilibrio entre peso de fruta y frescura y mucha tipicidad y diferencia individual entre Cadalso —que nosotros percibimos más floral y elegante— y Cebreros, más musculoso y con tanino más firme”, añade Platón. “El componente “pueblo” se viene repitiendo año tras año, y eso es lo que más felices nos hace“.

Extremadura

En consonancia con otras zonas, la primavera lluviosa seguida de un verano seco y caluroso creó el ambiente propicio para la aparición del mildiu y una cosecha reducida. Pedro Mercado, enólogo y propietario de Pago Los Balancines, cuyas viñas de secano se trabajan en ecológico, ha visto un descenso moderado en sus rendimientos —de los 1.900kg/Ha habituales a 1.600 kg/Ha— pero asegura que en el conjunto de Extremadura el mildiu ha causado mermas de hasta un 40%.

En un año de calor como 2020, las variedades foráneas como la merlot lo pasaron mal, así como la bruñal y la graciano, que vendimiaron antes para que no se secara. Por contra, las garnachas tinta y tintorera y la tinta roriz —la tempranillo portuguesa, más adaptada al clima de la zona que la cultivada en el norte—aguantaron muy bien. 


Por fortuna, el Covid, que sí afecto en Almendralejo donde la recogida se llegó a parar, no les impidió llevar a cabo una vendimia que Mercado describe como “especialmente buena y bonita”. Empezamos el 10 de agosto, antes que las cooperativas, porque nos convenía por la acidez y eso también nos ayudó a disponer de personal, que trabajaron manteniendo la distancia de seguridad natural que tenemos en nuestras viñas de tres metros entre planta y planta”.
Los vinos, según el enólogo madrileño afincado cerca de Mérida, tienen “acidez correcta y equilibrio”.

Canarias

En un año complicado para muchas bodegas del archipiélago por la ralentización de las ventas internas debido a la ausencia de turistas, la variabilidad no solo entre islas, sino también entre zonas, es la tónica de la vendimia 2020. En la costa norte de Tenerife, Jonatan García (Suertes del Marqués) destaca el comportamiento del “oasis” de La Orotava, donde tiene su fincas y la bodega. “Ha sido un año productivo”, asegura García, que este año incrementará la producción de su Trenzado blanco. “No llegamos a la cantidad de 2017, pero sí a la calidad”.


En Taganana, en el extremo noreste de la isla, donde nace su gama Sorte Vera, la sequía y la fauna han hecho mella en la viña, ya de por sí afectada por la escasez de agua de 2019, una añada muy corta en la zona. En Ycoden-Daute-Isora, la parte norte se ha comportado mejor que la sur,  donde se registraron temperaturas elevadas, igual que en Santiago del Teide y Valle de Güímar, con el consiguiente adelanto de la vendimia en toda la isla. En el caso de García y los viticultores a los que compra uva, ha sido la más temprana que recuerdan. “Empezamos el 21 de julio y acabamos el 26 de septiembre”, indica.

Al ser una cosecha tan temprana, sus vinos están ya bastante hechos y con las malolácticas ya completadas. “Es una añada más accesible que otras pero los vinos son finos, limpios, tienen buena acidez, grado alcohólico contenido, como nos gusta en la bodega y potencial de longevidad”, añade García, que también elabora los vinos de Tamerán, el nuevo proyecto del futbolista Diego Silva en San Bartolomé de Tirajana, en el centro de Gran Canaria

Allí la vendimia también comenzó en julio en un año con bastante sequía y rendimientos bajos, pero García está bastante contento con los resultados de la primera añada, elaborada en instalaciones prestadas hasta que finalice la construcción de la bodega. “Son vinos limpios y precisos. Vendimiamos la uva con 11-12 grados de alcohol para mantener la acidez pero no se nota verdor”.

También en Gran Canaria, Carmelo Santana (Bien de Altura) se muestra entusiasmado tanto con la cantidad como con la calidad de sus uvas, especialmente después de la escasez de 2019. En su caso, trabaja con viñedos entre 1.100 y 1.460 metros de altitud en el noreste de la isla, donde este año también ha podido seleccionar más parcelas. En cuanto a los vinos de 2020, vendimiados con tres semanas de adelanto frente a otros años, asegura que será una añada mejor que la anterior. “Se parecen más a los de 2018; son vinos precisos e inmediatos”, concluye.


En Lanzarote, la sequía y la calima de febrero, en plena época de poda, complicaron la primera parte del año y adelantaron la vendimia hasta el 14 de julio. En el caso de Puro Rofe, Santana destaca la irregularidad dentro de las mismas viñas, donde tuvieron que vendimiar algunas parcelas en dos tandas. “Aunque la producción es más baja, el estado sanitario de la uva fue estupendo, gracias en buena parte a que nuestros viticultores son unos cracks. Los vinos tienen buena acidez y finura y creemos que será una buena añada, también porque vamos encontrando el perfil y el estilo que nos gusta, con menos reducción en el tinto, malolácticas en los blancos y cero sulfuroso en toda la gama”.

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