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1 y 2. Raúl Pérez durante la cata. 3. El plano de El Rapolao. 4. Los vinos. Fotos: A.C.

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El Rapolao: el ejercicio borgoñón de Raúl Pérez en Bierzo

Amaya Cervera | Martes 16 de Noviembre del 2021

Este artículo está escrito a partir de la cata que impartió Raúl Pérez el mes pasado en el Duero Wine Fest de Valladolid y durante la que se pudieron probar siete vinos diferentes procedentes de El Rapolao, uno de los parajes que forman parte de la reciente zonificación que se ha llevado a cabo en el Bierzo.

Desde bastante antes Raúl Pérez ha estado embotellando este lugar bajo diferentes paraguas: Raúl Pérez Viticultor, Ultreia o La Vizcaína. En su día registró el nombre como marca, pero tras la zonificación llevada a cabo en la región, lo ha cedido para que pueda ser utilizado por otros productores. Paradójicamente, él ha decidido no entrar por el momento en la trazabilidad de los vinos de municipio o de paraje.

El viñedo del cambio climático

El Rapolao se encuentra en Valtuille de Abajo. Con unas 400 hectáreas de viñedo, es uno de los municipios con mayor superficie vitícola del Bierzo. Se caracteriza por una orografía de lomas dispuestas en dirección este-oeste. El productor berciano distingue entre zonas cálidas, como Villegas, el paraje con característicos suelos arenosos del que sale su Ultreia Valtuille; zonas de transición que suelen alcanzar un buen equilibrio en añadas con condiciones óptimas y de las que Mata Los Pardos es un gran ejemplo; y, por último, El Rapolao, un paraje que mira al oeste (es la orientación más fría en Valtuille) y que daba las mejores uvas en añadas cálidas. Sin embargo, en los años 80-90, cuando se pagaba por grado, era de las zonas menos cotizadas. Cuando Raúl comenzó a elaborar en el Bierzo, lo habitual era buscar el equilibrio combinando estos tres perfiles.

El interés por El Rapolao se acentúa a finales de los 2000 cuando una sucesión de añadas cálidas, combinadas con un cambio de tendencia generalizado hacia vinos más frescos y de menor extracción, lleva a vinificar la zona por separado. El 
primer vino que sale al mercado con el nombre del paraje es El Rapolao 2011 que Raúl Pérez hizo en La Vizcaína
, la bodega centrada en viñedos de más de 50 años del municipio de Valtuille de Abajo, aunque la parcela que se utilizó para elaborarlo se destina en la actualidad al Ultreia Rapolao.

En gran medida, la creación de otros Rapolaos es un ejercicio impulsado por el propio Raúl Pérez. “Quería que este espacio fuera ocupado por gente de mi entorno y con una filosofía de trabajo similar”, señaló.

A lo largo de la cata realizó una disección de las poco más de ocho hectáreas que aparecen dibujadas en el plano superior (aquí se puede ver con mayor definición); explicó las particularidades de cada parcela, el origen específico de las uvas de cada productor y las decisiones de elaboración que tomaron algunos de ellos. 

Una pequeña Borgoña en el Bierzo

La exposición fue tan detallada como para matizar las orientaciones, la composición varietal de las viñas (hay una parcela de merlot) o relatar historias asociadas al paraje. Como la del propietario que plantó robles junto a sus cepas y, algún tiempo después, sufrió un accidente con el tractor y falleció en la propia parcela. La viña se abandonó y hoy solo quedan los árboles. Es una de las parcelas que aparecen en verde en el plano. La parte superior más amplia del mismo color es un pinar que condiciona a las parcelas que están a sus pies, ya que reciben menos horas de sol de lo que les correspondería.

Como es habitual en Bierzo, son casi todos viñedos viejos de mezcla de variedades salvo una plantación de los años 70 que se hizo solo con mencía. Las variedades que acompañan a la mencía en el resto de parcelas reflejan distintas épocas. En las más antiguas hay bastardo (merenzao o trousseau) o malvasía, mientras que las que llevan alicante bouschet son posteriores.  

En lo que respecta a la altitud, la ladera de El Rapolao va de los 530 a los 610 metros, y se da la circunstancia de que las partes más elevadas maduran más rápido. En el suelo mandan las arcillas más o menos compactas y con mayor o menor cantidad de hierro. También hay zonas arenosas y pedregosas. Las parcelas 8, 9, 12 y 13 (ver mapa) son las más frías al estar ligeramente orientadas al norte. En la actualidad, el paraje se suele vendimiar en un espacio de ocho días, pero Raúl Pérez cree que estos márgenes irán reduciéndose a medida que vayan convergiendo los estilos y se definan las cargas antes de la vendimia. 

Siete Rapolaos

Todos los vinos pertenecían la añada 2019 y fueron seleccionados por la cercanía con los productores: Raúl los conoce bien y sabe cómo están elaborados sus vinos. Solo tenemos conocimiento de otro Rapolao que no estuviera en la cata: el que elaboran Michelini i Mufatto con uvas de este paraje en su pequeña bodega de Toral de Merayo. Bodegas Peique sacará el suyo en breve al mercado.

2019 fue una cosecha húmeda y cambiante, pero la vendimia estuvo marcada por el buen tiempo lo que aceleró la maduración. Es algo más cálida que la fresca 2018, pero tampoco pude considerarse mediterránea. El Consejo Regulador le dio la calificación de excelente.

Los grados alcohólicos oscilaban entre los 12% y 13% vol., y los tiempos de crianza, casi siempre en barricas usadas, entre 10 y 12 meses. No todos los vinos estaban elaborados con raspón. También había variaciones en los tiempos de maceración. Raúl se mostró partidario de dar menos tiempo de maceración a vendimias más maduras y de alargar los encubados en añadas frescas. 

Dominio de Anza El Rapolao 2019, Diego Magaña. Se elabora con uvas compradas de la parcela 4. Suelo sin cultivo, bastante compacto. Es la zona de maduración más temprana y la primera que se vendimió en 2019. Ese año Magaña modificó su protocolo de trabajo: no utilizó raspón y realizó una maceración corta (10-12 días) frente a los largos encubados que caracterizan a Raúl Pérez y a la mayoría de productores de su entorno. El vino se crio en tina y barrica. Manda la fruta roja con toques balsámicos; un vino expresivo y abierto, con un punto goloso, bebible y disfrutable.


César Márquez El Rapolao 2019. También uvas compradas, en este caso de la parcela 3, con ligera orientación norte y bastante piedra en el suelo. César Márquez es el sobrino de Raúl Pérez. Trabajó con su tío en La Vizcaína antes de volver a la bodega familiar de Castro Ventosa y de iniciar su propio proyecto, por lo que conoce muy bien el paraje. En esta añada también vinificó sin raspón. Su vino fue uno de mis favoritos: más herbal y especiado que frutal, muy fiel a ese perfil de viñedo fresco que se espera del lugar, con taninos finos y porte elegante.


Jorge Peique El Rapolao 2019. Uvas compradas de la parcela 5, pequeña, con poca pendiente, y plantada solo con uvas tintas. Jorge Peique es originario de Valtuille de Abajo. Durante mucho tiempo elaboró los vinos de su familia en Bodegas Peique y en la actualidad es el director técnico de Conde de San Cristóbal en Ribera del Duero. El vino se elaboró sin raspón y con aireación (“el oxígeno es un agente polimerizador”, recordó Raúl), la maceración se prolongó durante un mes e hizo la maloláctica con las pastas, algo habitual en la región por el bajo pH de la mencía. Es su primer Rapolao y apenas hay dos barricas. Fue uno de los vinos más cubiertos, con una presencia algo mayor de la barrica, pero también con más centro de boca y taninos más redondeados. 


Pago de Valdoneje El Rapolao 2019, Vinos Valtuille. Son viñas propias de Marcos García, productor de Valtuille de Abajo y buen amigo de Raúl. Estamos en la parcela 11, con suelos sueltos y algo más oscuros. El vino se vinificó un 50% en madera con raspón (reductivo) y 50% en inoxidable despalillado (con aireación y movimiento). Pasó a barrica sin hacer la maloláctica. Un poco tímido al principio en nariz, pero luego fueron apareciendo notas balsámicas. Tanino redondo y elegante, buena persistencia. Se bebe muy bien ya.  


La Vizcaína El Rapolao 2019. La mayor parte procede de la parcela 10, que es con la que Raúl empezó a vinificar este paraje, pero en la cosecha 2019 se añadieron otras dos parcelas en propiedad (aparecen a la derecha en el mapa marcadas también con el número 10). Las uvas de la parcela originaria, que casi nadie quería en su momento, se han convertido en algunas de las mejor pagadas del municipio, un signo claro del cambio de tendencia en la región. Es una parcela que no se labra, con suelos que van de la arcilla compacta en el centro, a una arcilla más orgánica abajo y otra con más arena en la parte superior. De las parcelas en propiedad, la situada en la parte inferior derecha tiene canto rodado, mientras que en la superior domina la arena. Ambas se labran. La elaboración es reductiva, 100% con raspón y con maceraciones de 60 a 65 días. El vino se crio en barricas usadas de 500 litros durante 10 meses. Para Raúl es un ejemplo de la parte más animal que puede tener el paraje (había evidentes toques de cuero y algo de establo), pero en boca fue uno de los vinos más profundos de la serie, aunque también tánico.


Valtuille El Rapolao 2019, Castroventosa. Procede de la parcela 2, una viña vieja con bastante uva blanca (sobre todo dona blanca) que mira al sur, pero que al tener árboles frutales que frenan la incidencia del sol, es de las últimas en vendimiarse. Raúl la definió como difícil y cambiante, complicada de elaborar, pero también de las que podían alcanzar un mejor equilibrio. La elaboración corre a cargo de César Márquez en la bodega familiar de Castro Ventosa y Raúl interviene en la selección de las barricas para el embotellado. El vino se elaboró en un 100% con raspón, se maceró entre 35 y 40 días (hizo la maloláctica con las pastas) y se crio en barricas de 225 litros. Se mostró muy fresco, especiado, con fruta viva, tanino firme, expresivo, y madera poco presente. Quizás, la mejor introducción a este paraje para un aficionado medio.


Raúl Pérez El Rapolao 2019. Es una parcela muy pequeña que se corresponde en el mapa con los números 8 y 9. Es la más alta y se caracteriza por sus suelos compactos con alto porcentaje de hierro. El viñedo es propiedad de la familia de Raúl, pero la viña la lleva él. Lo describió como “un vino egoísta, sin DO, que representa más una forma de trabajar”. Es una parcela con bastante bastardo (merenzao o trousseau) de la que se ha tomado material vegetal para replantar en otras zonas del paraje. La cantidad es tan pequeña, apenas una barrica, que se fermenta en un ánfora de 300 litros con uva entera y maceraciones de tres meses. Fue el vino más vegetal de la serie (por lo visto, es una característica que aporta el ánfora), pero también el más persistente y necesitado de desarrollo, con un grado alcohólico de apenas 12% vol. 


De todos estos vinos, solo los de César Márquez y Castro Ventosa llevan el reconocimiento de vino de paraje en la cosecha 2019, mientras que Pago de Valdoneje y Jorge Peique han solicitado la trazabilidad por parte del Consejo Regulador en la cosecha 2021. 

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