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1. Tim Atkin en la cata 2. Aficionados en López de Heredia 3. Jazz en la zona gastro 4. Mural en G. Cruzado 5. Salida de la estación 6. La Rioja Alta 7. Zig y Kim 8. Cuadrilla de Bilbao Fotos: Yolanda O. de Arri y Cata del Barrio de la Estación

Rioja

El Barrio de la Estación de Haro se abre al mundo

Yolanda Ortiz de Arri | Martes 22 de Septiembre del 2015

Tim Atkin confiesa que él es en parte responsable de que el Barrio de la Estación de Haro haya decidido unirse por primera vez para enseñar al mundo sus vinos y su historia. Hace un año, el Master of Wine británico animó a las siete bodegas —a través de Guillermo Aranzabal, director de La Rioja Alta— a celebrar un evento para poner en valor lo mucho que esta zona tiene que ofrecer.

El Barrio es el alma de Rioja y un puente entre pasado y el futuro; un lugar maravilloso que aún no tiene el reconocimiento mundial que se merece en un momento clave para la región,” explica Atkin. Es el maestro de ceremonias en una cata para 500 profesionales con 14 vinos vendimiados entre 1981 y 2013 como Viña Tondonia Gran Reserva 1981, Prado Enea Gran Reserva 1994 o Roda I Reserva 1994 que enlazaron con otros del siglo XXI como Gran Reserva 890 Selección Especial 2001, Imperial Reserva 2010 y culminaron con el golpe de modernidad de Pancrudo 2013, la garnacha fresca y vibrante de Gómez Cruzado.

Tras la cata en dos turnos en las instalaciones de Bodegas Bilbaínas, Atkin dice en voz alta lo que muchos de los allí presentes piensan: “Creo que el futuro de Rioja está en insistir más en el origen de las uvas, los viñedos, el terruño y la zonificación. El Consejo Regulador es muy conservador y está dominado por cooperativas y grandes grupos, pero el futuro pasa por los vinos de pueblo y de pagos, aunque no sé si va a ocurrir”. Los Masters of Wine Pedro Ballesteros y Sarah Jane Evans, presentes en la cata, asienten con la cabeza. 

El ferrocarril, pieza clave

Ese futuro, recuerda María José López de Heredia, surge del trabajo de los pioneros que se implantaron en el Barrio de la Estación y que labraron la tierra para conseguir grandes uvas. “Ya en 1900 mi bisabuelo quería vender vino a aquellos que tuvieran coche, llevaran corbata, hablaran inglés y tuvieran relación con la Casa Real,” explica. Dicho objetivo fue posible gracias al ferrocarril, que transportaba el vino hasta Bilbao y de allí en barco a Burdeos, y gracias a la estación, que se construyó en 1864. Lo relata el antropólogo del vino Luis Vicente Elías Pastor en una instructiva y amena presentación sobre el Barrio previa a la cata.

“Aunque en la zona siempre hubo tradición elaboradora, en el siglo XVIII se decía que los vinos eran anodinos y violentos”, explica. En el primer mapa catastral del 1913 aparecen algunas bodegas, pero fueron los primeros comerciantes franceses, que llegaron entre 1846 y 1848 huyendo del oidio que destruyó los viñedos bordeleses, los que construyen los almacenes que son el germen del desarrollo posterior del Barrio y de la plantación masiva de viñedo (68.000 hectáreas para 1891). Comerciantes como Armand Heff, que hacía espumante en Valladolid o vinos de Sauternes y Barsac con viura, que se dedicaban a “adobar” el vino y a transportarlo. “La estación fue clave para que este comercio floreciese, pero estuvo a un tris de ubicarse en otra zona de Haro. Si esa ubicación alternativa hubiera prosperado, hoy en día el Barrio no existiría”, explica Elías.

La modernidad, representada en aquella época por el polígono industrial que era el Barrio de la Estación, es hoy en día un grupo de siete bodegas — Cvne, Gómez Cruzado, La Rioja Alta, Bodegas Bilbaínas, López de Heredia, Muga y Roda— que reciben medio millón de visitantes cada año y producen vino de estilos diversos. El reto ahora es hacer que la unión sea la fuerza. 

Unión a futuro 

Los primeros pasos hacia esa unión se dieron en 2007, con la creación de la Asociación para el Desarrollo Turístico del Barrio de la Estación. Por aquel entonces la idea era peatonalizar la zona pero el proyecto se paralizó, entre otras cosas por la necesidad de expropiar viñas viejas. Cuando surgió la idea de esta cata, la asociación volvió a activarse, explica Iñigo Torres, su gerente. 

“Llevamos un año planeando el evento y la idea es darle continuidad. Es una unión a futuro de las siete bodegas; el objetivo es colocar el Barrio de la Estación donde se merece”, explica. Sí que se plantean cambiar la fecha; con el adelanto de la vendimia este año, el evento ha afectado al día a día de algunas bodegas que ya han comenzado a entrar uva en sus instalaciones.  
 
El coste del evento de dos días asciende a unos 300.000 €, sufragado entre los patrocinadores, las bodegas y la venta de entradas. “Casi el 50% de las 3.500 entradas vendidas por internet han sido las VIP (40 €), que da derecho a probar 14 de los vinos más singulares de cada bodega, lo que indica el interés de la gente”, dice Torres.

El aforo máximo está limitado a 4.000 personas y se cuidan los detalles: las copas (Schott Zwiesel) que se entregan con la entrada tienen marcado un límite de servicio para evitar que el disfrute degenere en borrachera generalizada. A diferencia de algunas conocidas fiestas de la vendimia, la Cata del Barrio de la Estación es una fiesta popular en la que tanto las bodegas como los asistentes aprecian la cultura del vino. Aparte de una pareja inglesa que se queja de no poder entrar con sus perros en el recinto de Bodegas Muga y de alguna protesta por tener que volver a hacer cola para comprar más tickets de tapas, no hay apenas incidentes.

Photocall, trasiegas y mucho jazz

Con la entrada normal, a 20 €, se pueden probar siete vinos y tres tapas elaboradas in situ por varios restaurantes de Haro. Hay además actividades paralelas en cada una de las bodegas como trasiegas en directo en La Rioja Alta, doma artesanal de barrica en Muga o un artista pintando un mural tradicional en Gómez Cruzado. Más informal es el photocall instalado en el jardín de Bodegas Bilbaínas donde te puedes disfrazar con atrezzo de los años 20 y retratarte sentado en un sofá Chester. Para los niños hay talleres de media hora donde pueden hacer collares y llaveros con corchos y otras manualidades relacionadas con el vino mientras que la zona gastronómica baila al ritmo del jazz de dos bandas que tocan y cantan en directo. 

“Eventos como este son beneficiosos para toda la zona”, reconoce Tom Puyaubert, de Bodegas Exopto, que está probando la nueva garnacha de Gómez Cruzado. Carmen Enciso (Bodegas Valenciso) también se ha cogido fiesta hoy para acercase hasta Haro. “Hay que aprovechar la oportunidad de disfrutar de estos grandes vinos”, comenta. 

Hay mucha gente de Logroño, que ha venido en los trenes especiales fletados para el evento, pero entre el público se oye también euskera, catalán e inglés. Zig y Kim han venido desde Nueva Jersey (EE.UU.) para pasar unos días en España. Les gusta planear sus vacaciones en lugares donde se elabore vino, así que una visita a Rioja era inevitable. Conocían los vinos de Muga y han venido a la cata con Jose, su guía de Wine Taste Lovers. “Nos gusta el tempranillo, pero no es fácil encontrar una buena selección de vinos españoles donde vivimos. Sabíamos que Rioja era una zona de producción importante, pero esto es mucho mejor de lo que nos esperábamos; hemos estado visitando bodegas en California pero nos encanta este ambiente y la zona,” explican mientras disfrutan de un Viña Tondonia Reserva 2001. 

Mientras la Dixie Band toca en el patio de Bodegas Roda, Fede, Icíar, Mari Carmen y Javi cuentan que han venido desde Bilbao para el evento. Han cogido un hotel el Haro (“las últimas habitaciones que quedaban”) y están en el Barrio desde las 11, cuando las bodegas han abierto las puertas. “Está todo muy bien organizado; había un poco de cola para recoger las entradas pero ha avanzado rápido. Conocemos los vinos pero es una ocasión fantástica para probar cosas como Roda I 2008, Imperial 2010 o Gran Reserva 904 2005”, explica la cuadrilla de Bilbao. 

Alejo y su mujer, que han venido desde Barcelona exclusivamente para el evento, están en la tienda de Gómez Cruzado comprando vino.“Vivimos en Brasil, pero yo soy catalán. Estamos de vacaciones en Barcelona, pero cuando nos enteramos de este evento decidimos venir. Soy aficionado al vino y hay que aprovechar catas como ésta, que no son habituales en este país”.

Mientras sigue llegando gente en el tren, la valoración inicial del evento es de “notable alto”, según Torres, pero esto es sólo la primera piedra de lo que aquí se quiere poner en marcha. Como dice María José López de Heredia, “no se puede querer lo que no se conoce”.

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