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1. José Antonio Palacios, capataz de la bodega 2. Fran Asencio, uno de los propietarios 3. La sacristía 4. Casco vacío tras la venta de Pedro Romero 5. Solera antigua 6. Patio de la bodega 7. Pozo 8. Báscula antigua Fotos: Yolanda O. de Arri

Marco de Jerez

La esencia de Pedro Romero sigue viva en Sanlúcar

Yolanda Ortiz de Arri | Martes 17 de Noviembre del 2015

Fran Asencio conoce bien los 900 kilómetros que separan Cangas del Narcea (Asturias) de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir. Co-propietario junto al enólogo Nicolás Marcos de Dominio del Urogallo, una bodega que ha puesto los desconocidos vinos asturianos en el radar de muchos aficionados, Fran se ha embarcado junto con su hermano Fernando en un proyecto en la otra punta del país casi tan aventurado como el de Asturias: recuperar la historia y el prestigio de Pedro Romero tras el colapso económico de la bodega que acabó con el suicido de su propietario en 2014 y un tortuoso concurso de acreedores.

El nombre que han elegido es Bodegas Alonso, su apellido materno, en honor al abuelo Agapito que les llevaba a vendimiar las viñas que tenía en Ribera del Duero. No descartan añadir una coletilla final indicando que era la antigua Pedro Romero, pero prefieren comenzar con un nombre nuevo en el Marco de Jerez “y que hablen los vinos y no los nombres”, indica Fran.

Arrojo y solidez financiera no les falta a estos hermanos de origen sevillano; hicieron dinero como ingenieros construyendo el aeropuerto de Gaza (hoy en ruinas) y otras infraestructuras en Rumanía, pero les entró el gusanillo del vino cuando hace siete años coincidieron con Nicolás en una comida y apostaron por invertir en Dominio del Urogallo. 

La decisión de comprar una parte de Pedro Romero (legalmente, la parte adquirida son activos muebles e inmuebles de Bodegas Méndez) surge después de que Fran llevara un tiempo buscando algún proyecto para invertir en el sur. Tras muchas negociaciones y una suma de dinero no desvelada, un pedacito de la historia de la bodega fundada por Vicente Romero Carranza en 1860 ha pasado a manos de los hermanos Asencio.

Los vinos viejos se conservan

Los hermanos Asencio quieren conservar la marca Pedro Romero junto con uno de los cascos de la bodega y los preciados vinos viejos, pero algunos de los grandes activos de la casa han cambiado de dueños.

La famosa marca Aurora, creada por Pedro Romero a principios del siglo XX en honor a su mujer Aurora Ambrosse Lacave, es propiedad del bodeguero Paco Yuste (su mujer y su hija también se llaman Aurora); la manzanilla reposa ahora en las bodegas del Grupo Estévez, elaboradores de La Guita, y un buen número de las más de 10.000 botas que llegó a tener esta bodega —una de las más bellas de la ciudad, para muchos sanluqueños— están repartidas entre varias bodegas de la zona.

La nueva Bodegas Alonso también está interesada en conservar todas las demás marcas, algunas legendarias como Ansar Real o Gaspar Florido, de las que los hermanos Asencio están sopesando hacer una saca puntual y testimonial de no más de 100 botellas con el fin de demostrar al mundo que “estos vinos siguen vivos y existen; que no se han ido a ninguna parte”. Lo complicado será contentar a todo el mundo. “Tenemos muchas peticiones. Alguna enoteca ya nos ha pedido que hagamos una saca más grande, de unas 3.000 botellas, del GF25, pero tenemos que estudiarlo”, explica Fran Asencio.

Aunque las marcas siguen bajo el mismo techo, da pena ver como el legado se va fragmentado, pero este Monopoly de cascos de bodega y soleras es parte de la historia reciente de la zona. La propia Pedro Romero compró en 2006 las preciadas botas, vinos e instalaciones de Gaspar Florido en el Barrio Bajo así como con las de Bodegas Méndez, un almacenista de El Puerto.

“No venimos al Marco a aportar sino a conservar”, asegura Fran Asencio. “Hemos comprado uva y ya estamos elaborando manzanilla en otras instalaciones, pero la idea es empezar poco a poco, sin meter ruido y haciendo las cosas bien. Nuestra idea es crear un proyecto digno y rentable con la manzanilla y conservar los vinos viejos para los grandes aficionados”.

Nace la manzanilla Velo de Flor

Con una instalaciones a un nivel inferior al mar y orientación a poniente, la ubicación de esta bodega histórica tiene los niveles de humedad perfectos para elaborar vinos en los que la flor —Fran es un gran defensor del velo— se desarrolle sin problemas. “Trajimos manzanilla de otras bodegas de la zona y nos sorprendió que en tres días el vino ya tuviera velo”, explica Fran.

No tendrá las dimensiones de la antigua Pedro Romero, sino que será de carácter artesanal. “No es algo de boquilla; queremos que la elaboración, el etiquetado, el embotellado y todos los demás procesos se hagan de forma artesanal”. 

Su primera manzanilla, que se llamará Velo de Flor, no lleva el tradicional nombre femenino de las manzanillas y saldrá probablemente al mercado para primavera. Más adelante elaborará un vino sin encabezar. “Hemos hecho vino en Toro, Asturias y ahora aquí; tenemos la mente abierta a nuevas experiencias”.

Quieren construir un lagar para trabajar la uva y después decidirán si hacen la fermentación en acero inoxidable, bota o bocoy. “Nos damos un plazo de tres años para ir organizando esto”, explica Fran mientras paseamos por las dilapidadas instalaciones de lo que fuera Pedro Romero, en las que todavía se conservan enseres antiguos como un llenador de vino que se utilizó entre 1860 y 1950, fotos y carteles de épocas pasadas y hasta una guía de “buenas prácticas y manipulación”. Impresiona el casco de bodega vacío, con los ostiones (soportes tradicionales de piedra sobre los que suelen sujetar las botas) tirados por el suelo y la pintura desconchada de las paredes.

Por contra, la sacristía se conserva bastante bien. Entre las reliquias que allí se guardan hay soleras históricas como GF 30 y GF 25, que Gaspar Florido nunca llamó Palo Cortado sino simplemente Jerez Viejísimo o Ansar Real GF, de la que se conservan cinco botas celosamente guardadas bajo llave y cuya edad se ha certificado en 126 años según la prueba de carbono 14. 

José Antonio Palacios, capataz y enólogo de la bodega durante 15 años, nos sirve unas gotas de estos testimonios de la historia vinícola del Marco, vinos con raza y concentración que lamentablemente están en período de extinción. “Algunos de estos vinos han estado estáticos durante cuatro o cinco años; se ha hecho alguna saca en falso para mantener la frescura, pero habrá que reordernar la bodega y rociar”, comenta. 

Asencio es consciente de que hay mucho trabajo por hacer en su recién adquirida bodega, pero viene dispuesto a mantener esas joyas. “Una parte de la historia de Sanlúcar le pertenece [a Asencio]; lo que haga con ella ahora es cosa suya”, comenta el enólogo Ramiro Ibáñez.

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