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1. Bárbara Palacios y Merlot 2. Curro y Jesús con sus perros 3. David y Melanie con Shrek y Fiona 4. Juan Carlos Sancha y Kinga 5. Isolina Florido y Willy 6. Oxer Bastegieta y Ohiu 7. Nini, la gata de Fredi Torres. Fotos: Y.O.A. A.C. y productores

Vino y más

El mejor amigo de los bodegueros: seis perros y un gato

Yolanda Ortiz de Arri | Domingo 18 de Agosto del 2019

Este es el segundo artículo de la serie que estamos dedicando este mes de agosto a los animales favoritos de los productores de vino españoles. Continuamos con la familia perruna, pero nos hemos permitido incluir como excepción a la gata de Fredi Torres.

Bárbara Palacios y Merlot (Barbarot)

El golden retriever de Bárbara Palacios es un integrante más (aunque sin sueldo) del proyecto que esta enóloga lanzó en 2005 con viñedos de Tempranillo y Merlot en Haro plantados años antes por su padre, Antonio Palacios Muro.

Merlot es un perro de pelo blanco, mirada sosegada y carácter tranquilo que acompaña a Bárbara tanto en casa como en la bodega y en la viña. “Ahora tiene 12 años así que es mayor. Toma una pastilla para la artrosis, pero le ayuda no estar gordo”, cuenta Bárbara.

Fue la inspiración para el nombre de su proyecto, Barbarot, y para las etiquetas de los dos tintos que elabora. “Cuando saqué el primero, Merlot era todavía pequeño”, recuerda Bárbara. “Al principio el vino se iba a llamar Barbaró, pero mi padre sugirió Barbarot, por Bárbara y Merlot, y así se quedó”. De ahí también surgió la antigua etiqueta en la que aparece una niña con un perro. “En las actuales está solo el perro porque la niña ya no es tan niña”, comenta la enóloga riojana, que compró a Merlot en Alfaro, donde ella nació. Su segundo vino, Puppy (cachorro, en castellano), hace referencia a sus nuevos proyectos y parcelas.

Bárbara no quiso hacer el papeleo que certificara el pedigrí de su perro, pero eso no le ha impedido a Merlot tener sus escarceos con otros golden retriever. “Estuvo con la perra de Arturo De Miguel (Artuke) pero no se gustaron. Se ve que no tuvieron feeling entre ellos”, bromea Bárbara. “Me hubiera hecho ilusión que tuviera un hijo, pero no pudo ser”.

Curro Barreño, Jesús Olivares y sus socios #doglovers (Fedellos de Couto)

Estos dos jóvenes e inquietos productores comparten su pasión por el vino y los perros. Curiosamente, sus socios en los distintos proyectos en los que están involucrados también lo hacen. 

Su socio en Fedellos de Couto (Ribera Sacra), Luis Taboada, tuvo un mastín durante muchos años y ahora disfruta de Ron, un “cachorro gigante”, según lo describe Curro Barreño, mezcla de pastor alemán y mastín. En Gredos, la pareja formada por Victoria Serrano y Paolo Armando, con quienes lanzaron un nuevo proyecto en 2017, tiene una simpática caniche llamada Ginger; y Javi Tenorio, el bodeguero de Ca’ di Mat donde están elaborando los vinos tiene también dos compañeros peludos: Tofu y Lur.

La simpática foto que se puede ver más arriba la tomé en mi visita a Valdeorras en primavera del año pasado. Allí han puesto en marcha el proyecto Peixes a partir de viñedos de la zona de Viana do Bolo que quedan fuera de la DO. Lupo, el border collie de Curro, de seis años, y Vago, el fornido labrador negro de Jesús, de cinco, se llevan a las mil maravillas y están más que acostumbrados a pulular por sus bodegas y viñedos. Van con sus dueños a todas partes a menos que tengan que coger un avión o que estén en vendimia, cuando el trajín continuo no les permite tenerlos bien atendidos.

¿Qué está dispuesto a hacer un amo por su perro? Curro y Jesús llegaron a descolgarse por un barranco. Fue un día que estaban podando una de sus viñas más bonitas del Bibei, situada al borde de un cortado. Una devastadora helada la había dejado maltrecha e iban apilando los brazos secos de madera de vid en un montón cercano hasta que uno de los troncos rodó precipicio abajo y, Lupo, haciendo gala de su instinto de perro cobrador, se fue corriendo detrás y cayó al vacío. Por suerte, se quedó colgado de unos árboles. “Nos costó muchísimo sacarlo de allí”, recuerda Curro. “Tuvimos que bajar los dos e ir pasándonos al perro el uno al otro hacia arriba. Menos mal que no fue Vago el que se cayó porque pesa mucho más y no habríamos podido con él”. A.C.

David Sampedro y Melanie Hickman y Shrek y Fiona (Bodegas Bhilar)

Perros, gallinas, caballos, una colonia de abejas y un gato son los animales que viven en la finca y las viñas de esta pareja de viticultores y productores en Elvillar, Rioja Alavesa. Melanie, una enamorada de los animales, incluso sueña con tener más. “Una cabra, un par de ovejas para que cuiden la viña… Quizás cuando los niños sean más mayores”. 

El primero en llegar fue Kitty, un gato muy viajado que se mudó con Melanie de Hawaii y sigue conviviendo en la casa familiar junto a la bodega. El siguiente en incorporarse al hogar familiar fue Keko, un cariñoso american stafford que seguía a su dueña a todas partes y que murió el pasado invierno. Seguramente estaba profundamente agradecido a Melanie, que lo adoptó en la protectora de animales de Vitoria después de llevar años abandonado. “Si los tratas bien, son increíbles. No hay razas peligrosas; estos perros simplemente tienen que estar en las manos adecuadas,” explica Melanie.

Pocas semanas antes de que Keko muriera, David trajo a los hermanos Fiona y Shrek, dos cane corso pensados para proteger la bodega. En principio iba a venir solo Fiona, pero David llegó con dos porque Shrek, de salud frágil, iba a ser sacrificado. “Yo siempre prefiero adoptar, pero cuando vi a Shrek pensé que era como si lo hubiera adoptado. Ahora los dos cuidan las instalaciones, pero también me hacen compañía y son buenos con los niños. En verano están conmigo en la oficina, donde hace más fresco”. 

En la finca también viven una colonia de abejas de las que en breve esperan recolectar miel y ocho gallinas de raza castellana y vasca. “Ponen los huevos por toda la finca porque son más independientes y rústicas que las de granja,” añade Melanie. Los dos caballos son propiedad de Alfred Ferris y viven en un establo junto a Hapa, una finca con preciosas vistas de la sierra y de Elvillar y de la que David y Melanie elaboran un vino blanco y un tinto. “No trabajamos con tractores; son los caballos, tirados por Alfred, quienes nos ayudan a labrar y a hacer las labores en la viña”

Juan Carlos Sancha y Kinga (Bodegas Juan Carlos Sancha)

Tan grande como bonachona, Kinga es una pastora del Caúcaso de unos diez años de edad adoptada en la perrera municipal de Logroño. “Una amiga nos avisó de que la sacrificaban al día siguiente así que ese mismo día fuimos a por ella”, recuerda Juan Carlos Sancha. “Se ve que los dueños anteriores no querían un perro tan grande”. 

Kinga, que llegó a casa de Sancha con ese nombre, lleva cinco años viviendo en la finca que el bodeguero tiene en Baños de Río Tobia. Cuando se instaló allí le pusieron un collar eléctrico para que no saliera del recinto, pero enseguida aprendió y se lo quitaron. Ahora anda a su aire por los 30.000m2 de terreno entre el río, la vivienda familiar, la bodega y los viñedos. “Cuando más cómoda está es en invierno, en alguna plancha de hielo. En verano siempre está buscando la sombra”, comenta Sancha.

Por suerte para el productor riojano, a Kinga no le gusta comer uva, sino que prefiere pienso y restos de lo que comen en casa. “Es impresionante verla triturar el hueso de un jamón. No sé cuantos kilos de comida ingiere cada día, pero muchos”. 

Kinga pesa unos 40 kg pero todo lo que tiene de grande lo tiene de buena y cariñosa. “Siempre está atenta a ver quién entra y sale. Ladra e impone mucho cuando tiene que hacerlo pero nunca se ha mostrado violenta con nadie”.

Isolina Florido y Willy (Finca El Armijo)

Desde niña, Isolina Florido siempre recuerda haber tenido animales en El Armijo, la finca familiar a las afueras de Sanlúcar. Hija de Gaspar Florido, un productor visionario y aferrado a la calidad de sus viñas y vinos, Isolina no concibe su vida sin sus perros ni su caballo Armijo, que es el favorito de sus hijos, aficionados a montar a caballo.

Agricultora y viticultora de profesión, Isolina está siempre acompañada de Willy, un bodeguero andaluz, más grande que otros perros de esta raza y pensado para estar al lado de las bestias. “Es sevillano, tiene tres años y viene de una ganadería de caballos de raza española”, explica Isolina. Willy tiene un hermano de cuatro años que se llama Casper y vive en la finca de al lado. “Los perros bodegueros andaluces son muy buenos para tener en las bodegas y cortijos porque cazan ratas y ratones que se esconden entre las botas”, añade la propietaria de Finca El Armijo.

Aunque es Willy quien sale en la foto, el fiel acompañante de Isolina durante su día a día en El Armijo es Otto, su teckel de pelo duro. “Es mi secretario”, cuenta Isolina. “Me acompaña a todas partes aunque tiene un problema en la columna vertebral y le cuesta subir las escaleras a mi oficina”.

Oxer Bastegieta y Ohiu

Ohiu es un terranova de “70 kilos de amor y babas”. Así lo describe su dueño, el joven productor vasco asentado en Laguardia Oxer Bastegieta y quien junto a sus muy particulares e interesantes riojas, también elabora txakoli en su tierra natal. “El nombre en euskera quiere decir grito y realmente se lo puse porque buscaba un nombre corto y que me gustara”. 

Aunque la raza es de origen canadiense, a Oxer le gusta recuperar una de las historias sobre su origen: la que dice que proviene de los mastines que llevaron los pescadores vascos en sus barcos. De lo que no hay duda es de que es un perro de aguas “porque en cada pozo que ve, da igual que sea de decoración, la cantidad de agua que tenga o si está limpia o sucia, allí se mete.  A veces los turistas acaban haciendo fotos al perro, en lugar de a los monumentos”.

Cuenta Bastegieta que Ohiu es el guardián de la viña y de la bodega, pero de vez en cuando le da por comerse alguna cepa. Su uva favorita, por cierto, es la garnacha en su doble versión de blanca y tinta. A.C.

Fredi Torres y Nini

El elaborador de ascendencia gallega pero criado en Suiza es toda una excepción en sus preferencias dentro del reino animal. Su compañera es una linda gatita (arriba podéis ver la foto que aparece en la cuenta de Instagram de Fredi Torres) con la que vive en su apartamento de Gratallops (Priorat).

Para Torres es mucho más que una gata: “La recogí en la calle cuando no tenía ni dos meses, me hace más que feliz y no imagino mi vida sin ella”, confiesa este prolífico elaborador que trabaja a caballo entre Priorat, Montsant, Conca de Barberà, Ribeira Sacra y Suiza. De ahí que limite sus viajes a un máximo de cinco o seis días fuera de casa.

Puedo certificar que el cariño es mutuo. Cuando visité a Fredi hace unos años en Priorat, Nini me sometió a la clásica inspección de cualquier recién llegado y luego fue marcando su terreno. Aunque estoy más familiarizada con el comportamiento de los perros que con el de los gatos, capté la indirecta de que ella era la primera e indiscutible presencia femenina en la casa.  A.C.

Información adicional de Amaya Cervera.

Fotos de Yolanda Ortiz de Arri, Amaya Cervera y cedidas por los productores.

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