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#CarpeDiemWine: ¿Ha llegado el momento de descorchar esas botellas? Recopilamos impresiones y notas de cata de vinos de añadas antiguas que hemos probado en los últimos meses. Fotos: Amaya Cervera y Yolanda Ortiz de Arri.

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#CarpeDiemWine: ¿Ha llegado el momento de descorchar esas botellas?

Amaya Cervera y Yolanda Ortiz de Arri | Miércoles 11 de Noviembre del 2020

El carpe diem del wine lover tiene mucho que ver con esas botellas celosamente guardadas (cada uno las suyas, por supuesto, en función de gustos y presupuestos) que nunca encuentran su ocasión especial. Esta semana hemos empezado a abrir algunas de ellas y a recopilar impresiones y notas de cata de vinos de añadas antiguas que hemos probado en los últimos meses. La idea es seguir ampliando la lista hasta Navidad e invitaros a que os suméis a la iniciativa y compartáis vuestras experiencias en la sección de comentarios al final del artículo o en redes sociales con el hashtag #carpediemwine.

Barón de Chirel Reserva 2008 Tinto, Marqués de Riscal (Rioja)

Elaborado por primera vez en la cosecha 1986, fue el vino que inauguró oficialmente la modernidad en Rioja, aunque para hacerlo no hizo sino inspirarse en sus propios Reserva Médoc, algunos de los tintos más longevos dentro de la magnífica colección de la Botellería Histórica de Marqués de Riscal. La base es una selección de tempranillos de viñas viejas que la centenaria bodega de Elciego denomina internamente “pata negra” combinados con cabernet sauvignon y, en su modelo actual, criados en roble francés. 

Para elaborar el primer Barón de Chirel se contó con la asesoría del profesor de la Universidad de Burdeos Guy Guimberteau, que no hacía sino sumarse a la larga lista de enólogos y asesores franceses (le precedió Émile Peynaud) que ha tenido Riscal a lo largo de su historia y que continuó desde 1997 con Paul Pontallier, el que fuera director de Château Margaux y otro de los personajes que contribuyó a moldear el estilo de Barón de Chirel. 

La mayor potencia y estructura del vino generó una pequeña revolución en un momento en el que Rioja era sinónimo de tintos pulidos y abiertos de color, marcados por el proceso de envejecimiento. La cabernet, que aporta estructura y frescura, se camufla en las fichas de cata con el eufemismo “otras”, ya que debido a su estatus de “variedad experimental”, no está reconocida en el pliego de condiciones de la denominación. Las fichas de cata le dan una presencia en el ensamblaje de entre un 30% y un 35%. 

La cosecha 2008 es una de las últimas añadas muy frescas, casi en línea con lo que era habitual antes del cambio climático, en la que, no obstante, encuentro con frecuencia vinos algo retraídos y faltos de expresión. Aquí, sin embargo, hay mucha finura y una interesante dimensión aromática. La cabernet sauvignon, perfectamente reconocible, no aporta maduraciones de corte mediterráneo, sino una elegancia más septentrional (grosella, mentolados). No es un tinto musculoso, sino vibrante, equilibrado, con un paladar de estructura media, pero firme, con suficiente tensión y vivacidad para augurarle un largo desarrollo en botella, y notable persistencia. Un vino al que le está sentando muy bien la botella.

Barón de Chirel solo se elabora en las mejores añadas. Por eso ha faltado a su cita con el mercado en 1987, 1989, 1990, 1992, 1993, 1997, 2007 y 2009. Se pueden encontrar muchos más detalles sobre la historia de esta marca y de Marqués de Riscal en general en el libro de Andrew Caillard Marqués de Riscal. Un viaje a través del tiempo. A.C.

Aalto 2010 Tinto (Ribera del Duero)

La elección de este vino está contrastada gracias a una cata vertical a la que pude asistir hace unos días en la propia bodega junto al equipo técnico, con Mariano García y Antonio Moral al frente, y al director general Eduardo Ferrín.

Para Antonio Moral, 2010 es una de las grandes añadas de los últimos tiempos en Ribera del Duero, a la altura de 2004 o 2005. También fue la que más destacó en una cata vertical por la que se pasearon 2018 (joven, pero con buen potencial y en línea con el estilo de la marca), 2016 (muy compleja, con gran textura y persistencia, buena apuesta para guardar), un sorprendente 2013 (menos estructura de la habitual, pero fresco, muy equilibrado y con buena evolución), un 2007 en el que se ve la dignidad de las añadas complicadas, aunque sin la amplitud y la persistencia que se consiguen en años de calidad; y un 2000 que aguanta el tipo pero que como describió perfectamente Mariano García, “es complejo, elegante, pero ya”. Todos los vinos se sirvieron de botellas de 75 cl.

Del comportamiento de esta variopinta mezcla de añadas de alta calidad, pero también malditas, se podría aventurar una horquilla de consumo óptimo para Aalto de entre 10 y 20 años quizás ampliable para grandes formatos. De hecho, la bodega embotella anualmente unos 15.000 mágnums de Aalto y 3.000 del top Aalto PS. Además, se trabaja habitualmente -aunque bajo pedido- con botellones de tres, cinco, 18 y ¡27 litros! A modo de curiosidad, solo el envase de 27 litros cuesta 1.100 euros porque, según explicaba Ferrín, hay un porcentaje alto de rotura en la elaboración de estas mastodónticas botellas.

Volviendo a la cosecha que nos ocupa, ¿qué hizo que 2010 destacara tanto? Probablemente, el exotismo, intensidad y frescura dentro de la habitual gama aromática de notas balsámicas y achocolatadas de la marca. Aquí, recordaban las complejas mezclas de hierbas de un vermut o el más tentador bombón de licor. En el paladar, mayor expresión aromática y amplitud, taninos redondeados y textura particularmente sedosa. Según nos contaba Antonio Moral en una visita anterior a Aalto, la añada 2010 marca un cambio de tendencia en Aalto hacia grados alcohólicos más bajos y menor extracción. Fue muy significativo que el vino estuviera mucho más bebible y entero que la misma añada de Aalto Ps, el top de gama de la bodega, que se mostró más firme y entero, y necesitado por tanto de más tiempo de envejecimiento en botella.

No es extraño que las notas de cata de Mariano García para Aalto 2010 fueran “elegante, matices, vida, beber ya”. Es muy probable que el vino esté en uno de sus mejores momentos. A.C.


Cirsion 2012 Tinto, Bodegas Roda (Rioja)

El tinto más moderno de Roda se elaboró por primera vez en la cosecha 1998. Su razón de ser se apoya en el descubrimiento, gracias a la obsesiva cata de uvas que practica esta bodega, de que algunos biotipos de tempranillo experimentaban una polimerización de los taninos similar a la que se produce durante la elaboración pero en la propia planta, dando lugar a un perfil de uvas de alta concentración frutal, pero con texturas naturalmente redondeadas y amables. Esta cualidad permite reducir los tiempos de envejecimiento a menos de diez meses y que el vino resultante, pese a su carácter potente y explosivo, pueda disfrutarse prácticamente desde su salida al mercado.

La botella que guardaba en mi vinoteca es realmente especial: una edición limitada firmada por el propietario Mario Rotllán que conmemora el 25 aniversario de Roda. Fue el regalo que recibimos los asistentes a la jornada profesional de celebración del primer cuarto de siglo de la bodega que tuvo lugar en octubre de 2013. Durante la misma, se cataron distintas añadas de Roda, Roda I y Cirsión de las décadas de los noventa y los dos mil entre las este Cirsión 2012 fue el vino más joven. Mis notas de ese día describían un tinto de color púrpura, casi opaco, con aromas a violeta y fruta negra muy madura. Concentrado, súper potente y casi abrumador, pero que por alguna suerte de graciosa pirueta conseguía mantener el equilibrio. También escribí que sería imposible beber cualquier cosa después.

Siete años después, el color es cereza intenso y mantiene el carácter de fruta negra madura, quizás con notas más licorosas y especiadas (cedro, tabaco), pero muy poca evolución. La gran diferencia es que el paladar se ha afinado notablemente; sigue siendo un rioja moderno, pero ha moderado su potencia. Fue interesante compararlo con una añada más antigua, un 2006 también muy poco evolucionado, pero que resultó más uniforme en su expresión frutal y con menos viveza. 

De hecho, 2012 marca un punto de inflexión en la historia de una marca que se había concebido como un monovarietal de un tipo muy concreto de tempranillo. Debido a la calidez de esta cosecha, muy marcada por la sequía, se introdujo un porcentaje de graciano (10%) en la mezcla que luego se ha mantenido en añadas posteriores, posiblemente aportando longevidad a los vinos. Dudo que los aficionados hayan guardado muchas botellas de esta marca. Su estilo potente y alto precio (las añadas actuales se venden en el entorno de los 170 €) corresponden a una época en la que la mayoría de los riojas de este corte se bebían muy jóvenes y vestían las mesas como símbolo de estatus e incluso ostentación. Quien lo haya hecho, sin embargo, podrá disfrutar de una versión más contenida y aún con mucha potencia frutal o incluso decidir esperar algunos años para disfrutarlo. A.C.


Gran Reserva 904 2005, La Rioja Alta (Rioja)

Clásico entre los clásicos, el 904 es uno de mis vinos tradicionales favoritos de Rioja, por encima incluso, me atrevo a decir, del más estructurado 890 al que quizás es más complicado encontrarle su momento óptimo de consumo. Las mejores añadas del 904 representan la quintaesencia de la finura y elegancia riojanas, marcadas por la complejidad aromática y la sedosidad en boca. 

Mis botellas más antiguas eran un 2000 que respondía bien al perfil de la marca, pero que resultó algo más liviano y menos expresivo y este fabuloso 2005 que se encuentra pletórico y lleno de energía. Cosecha excelente y de buen desarrollo en botella, contó con mejoras añadidas en bodega en lo que respecta a una recolección más selectiva de la uva en cajones de 350 kilos y el transporte refrigerado hasta la bodega. Tras las clásicas notas especiadas y mentoladas, de cuero fino, licor de cereza y avellana, el paladar es una explosión aromática y de frescura, con excelente acidez y textura amable y sedosa, pero sin perder firmeza. Lo mejor llega después en un exuberante y sápido final de boca con abundantes notas balsámicas.

La marca nació como Reserva 1904 para conmemorar el año de la fusión de La Rioja Alta con Bodegas Ardanza, la firma personal de uno de sus accionistas. Aunque en sus inicios el ensamblaje incluía más mazuelo, ahora es la graciano, en porcentajes en torno al 10%, la que pone el contrapunto a la tempranillo. Esta añada se elaboró con viñedos de más de 40 años de Briñas, Labastida y Villalba y el vino envejeció cuatro años en madera con trasiegos cada seis meses. Después de 2005 han salido otras cuatro añadas al mercado: 2007, 2009, 2010 y la 2011 que está actualmente en curso. A.C.


Hacienda Monasterio Reserva 2010 Tinto (Ribera del Duero)

¿Cuánto tiempo hay que esperar para disfrutar de un buen ribera del Duero? Este 2010 está dentro del trío de añadas consecutivas calificadas como excelentes en el periodo 2009-2011, aunque luego cada elaborador tiene sus preferencias y su experiencia. En 2010, un año relativamente frío, sin duda quienes más se lucieron fueron los productores que se esfuerzan por interpretar la cosecha. Y tanto Peter Sisseck, asesor de lujo de Hacienda Monasterio desde sus inicios, como el enólogo Carlos de la Fuente se sienten cómodos en este terreno.

El Reserva, junto con el Reserva Especial, forma parte de la gama de tintos de producción limitada de la bodega (de éste se elaboraron 14.330 botellas) y pensados con mayor capacidad de guarda. Diez años desde luego parece poco para este tinto que se mostró enterísimo, con la fruta aún muy viva (frutas rojas y negras en confitura) y sobre todo, mucha profundidad y complejidad (toques mentolados y de monte bajo, especiados muy leves, algo de licor de cereza…). El paladar es apabullante (se expande hasta el último rincón), pero más por su intensidad y amplitud que por la estructura o la tanicidad. Con mucha fruta también en boca, los dos elementos definitorios de este tinto son una textura fantástica, sedosa y voluptuosa a la vez, que le hace muy bebible y una persistencia fuera de lo común. 

Pese a los 15% vol. que marca la etiqueta hay buen equilibrio, aunque no se podría hablar de frescura según los cánones actuales del término. El alcohol aporta glicerina y potencia la sensación envolvente en el paladar. Es un tinto serio, perfecto para esta época del año. Vestirá muy bien cualquier mesa navideña acompañando el plato estrella del menú (de carne, por supuesto), pero podría aguantar otros diez años más sin problemas. A.C.


Viña Tondonia Blanco Reserva 1999, R. López de Heredia (DOCa Rioja)

Los blancos y el rosado de esta venerable casa de Haro se han convertido en la última década en vinos de culto entre los aficionados de medio mundo por su longevidad, eterno clasicismo y escasez.

La generosidad de mi buena amiga Rocío Orbea y estos tiempos de pandemia, en los que muchos nos hemos dado cuenta de que hay que abrir más y guardar menos, se alinearon para que recientemente pudiéramos disfrutar de una botella, pletórica con una lubina salvaje al horno.  

Rocío compró un par de botellas en la tienda de la bodega en el Barrio de la Estación allá por 2014, cuando todavía se vendían alegremente sin cupos, y las guardó en su cava refrigerada hasta este año. El paso del tiempo no ha hecho sino redondear su complejidad, manteniendo la acidez y un volumen extraordinario, con ligeras notas de evolución en nariz pero donde se perciben todavía recuerdos de fruta. Equilibrado y fino, y con capacidad de guarda para los afortunados que todavía conserven botellas en su poder.

Su vinificación y crianza sigue los mismos principios de siempre. Es un coupage de Viura (90%) y Malvasía (10%) de la finca Viña Tondonia junto al Ebro que se cría en barricas de roble americano usadas, durante seis años, con dos trasiegos por año antes de descansar en la botella.

Rebuscando mucho en internet quizás se pueda encontrar alguna botella de este vino (la añada en curso es 2009, 35 €), pero solo los tintos y Viña Gravonia, el blanco más humilde de López de Heredia (22 €), son accesibles hoy en día en el mercado libre. Y.O.A.

Vega Sicilia Único 1996 Tinto (Ribera del Duero) 

Fue la añada más antigua y la gran protagonista de la cata vertical impartida por Vega Sicilia en Enofusión en enero de 2020 junto con las cosechas 2004, 2006 y 2008 y 2010 de Único. Calificada como excelente en una década en la que aún se utilizaba el calificativo de regular (1993 fue la última añada en recibirlo), 1996 marca un cambio de tendencia hacia un mayor peso de la tinto fino en el ensamblaje. Aquí representa el 90% frente a la horquilla del 80% a 85% en las añadas que le precedieron en esa década. El 10% restante es cabernet sauvignon. 

Quizás lo que hace tan especial a esta cosecha es que ofrece todo lo que uno espera de un gran Único en términos de complejidad aromática y elegancia, pero también en lo que se refiera a la estructura y capacidad de envejecimiento. Con muy buena acidez, fantástica textura y persistencia, es un vino con mucha vida por delante. De hecho, Pablo Álvarez, al frente de la casa desde 1982, confirmó en la cata que es una de las añadas que mejor desarrollo está teniendo en botella. En sus notas de 2013 para el libro conmemorativo del 150 aniversario de Vega Sicilia, la experta en vino clásicos Serena Sutcliffe definía el 96 como “una añada de ensueño, con una fresca acidez que lo hará avanzar hacia el infinito”. Y concluía; “Tengo que sobrevivir para verlo en su plenitud, ¿pero estaré yo en tan buena forma como el vino?” 

Para mí fue muy interesante poder compararlo con el 2006, una de mis añadas favoritas entre los últimos lanzamientos de la legendaria bodega del Duero, aunque quizás no tenga un recorrido tan largo en el tiempo como 1996. A.C.

Gran Juvé & Camps Gran Reserva 2012, Cava

Aunque parece ya evidente que los buenos cavas de crianza ganan en complejidad con el paso tiempo, por desgracia muy pocos aficionados les hacen un hueco en su bodega o vinoteca junto a sus vinos tranquilos favoritos y acaso algún champagne. Quizás por eso algunos destacados productores españoles de espumosos se han afanado en lanzar ediciones limitadas tipo enoteca en los últimos años. Pero una vez que el vino está en manos del consumidor, lo más importante es conocer la fecha de degüelle; esto es, cuándo termina la crianza biológica con las lías y empieza la evolución en botella. ¿Cuánto se puede esperar?

Hace unas semanas, Meritxell Juvé, directora general de J&C Prime Brands, aprovechó la presentación del nuevo proyecto del grupo en Ribera del Duero para compartir la evolución de dos cavas emblemáticos de la casa: el Millésime 2011 degollado en 2014, con una nariz sorprendentemente compleja que simplemente no existía cuando salió al mercado, y un Gran Juvé & Camps Gran Reserva 2012 degollado en 2017 que se encontraba en un momento de gran plenitud (delicadas notas tostadas y de flores secas, amplitud, equilibrio y frescura en boca, y notable persistencia). Probablemente, el carácter fresco de la cosecha 2012 haya contribuido a esta excelente evolución; pero lo mejor es que aún le queda mucha vida por delante. El Gran Juvé y Camps es un ensamblaje de macabeo, xarel.lo, parellada y chardonnay, de distintas fincas de la familia, solo se elabora en las mejores añadas. El precio de venta al público de la cosecha que está actualmente en el mercado, 2015, es de unos 32 €. A.C.


Solear en Rama 1999 Saca de Otoño, Barbadillo (Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda)

Primera manzanilla en el mercado sin filtrar y en cuatro sacas diferentes a lo largo del año. Con Solear en Rama, Barbadillo marcó el camino para un estilo muy extendido ahora entre los productores de calidad del Marco de Jerez. La primera saca se hizo en primavera de 1999 de 12 botas seleccionadas de soleras intermedias entre la manzanilla Solear y el amontillado Príncipe de las que cada trimestre se llenan 2.000 medias botellas y 100 mágnums —formato también novedoso hasta entonces en los vinos de crianza biológica. Tuve la suerte de poder probar una muestra de la saca de otoño de 1999 junto a otra de 2020 durante la Sherry Week en una cata organizada por Ruben Luyten del blog Sherry Notes sobre la que podéis leer más detalles en nuestro Instagram y Facebook.

El paso del tiempo ha suavizado y redondeado los aromas punzantes y la energía del vino, pero la saca de 1999 mostró un equilibrio excelente y una maravillosa evolución en la copa con esa parte seca y salina inconfundible de la manzanilla y una sapidez y concentración profunda de sabores. Sin duda, al provenir de una media botella guardada en bodega, la conservación de este vino ha sido impecable pero demuestra que la evolución en botella de los vinos de crianza biológica de calidad puede ser excelente, tal y como ocurre en otros grandes vinos del mundo. 

¿Por qué no probar a guardar alguna botella de la saca de otoño 2020 y abrirla dentro de unos años? El precio de la media botella es de 14 €. Y.O.A.


Belondrade y Lurton 2012 Blanco, Rueda

Con su bagaje de vinos finos franceses, Belondrade fue, probablemente, la bodega que mejor entendió que la esencia de Rueda y de su variedad emblemática, la verdejo, era elaborar blancos de alta calidad, hasta el punto de apostar de lleno por la fermentación y crianza en madera. También fue nuestra primera “Bodega destacada” en el arranque de SWL en septiembre de 2014. Unas semanas antes habíamos asistido al vigésimo aniversario de su fundación que se celebró por todo lo alto con una cata vertical de prácticamente todas las añadas elaboradas desde 2001. 

Recién salida al mercado, la 2012 fue la cosecha más joven de la cata y, curiosamente, marcaba varios puntos de inflexión. Era la primera vez que se trabajaba todo el viñedo en ecológico, la primera en la que no se había hecho nada de maloláctica y la primera criada en la nueva sala de barricas y, por tanto, con mayor seguridad de que las levaduras llegaran directamente del viñedo. La madera, por otro lado, era menos perceptible que en cosechas anteriores.

A pesar de que 2012 fue un año seco y de sequía acumulada, el vino dio muy bien la cara. Hoy, seis años después, ha mantenido el perfil de complejidad y delicadeza que ofrecía ya en su juventud nariz. Hay notas de cítricos maduros (limón), leves ahumados y hierbas secas que se muestran con nitidez y sin el menor atisbo de evolución. El paladar ofrece buena concentración, siguen mandando las notas cítricas maduras, pero hay buen equilibro con la acidez y, sobre todo, se distingue por sus persistentes notas sápidas y salinas. La botella ha estado conservada en mi vinoteca. Aunque tiene vida por delante, está en un excelente momento y no me arrepiento de haberla descorchado (pero reconozco que probé un poco antes con el Coravin) El precio actual del vino está entre los 32 y 35 €. A.C.


Gran Muralles 1997 Tinto, Familia Torres (Conca de Barberà)

Las últimas presentaciones de añadas de los vinos de gama alta de Familia Torres han incluido alicientes adicionales como la cata de alguna de sus variedades ancestrales y, muy especialmente, de cosechas antiguas. Aunque he tenido la suerte de realizar verticales muy interesantes de Mas La Plana (incluido el mítico 1970 que adelantó a los grand crus de Burdeos en las “Olimpiadas del Vino” organizadas por la revista francesa Gault Millau), Grans Muralles siempre me ha parecido el vino con mayor personalidad de la casa y el que mejor transmite la esencia del paisaje mediterráneo al trabajar con variedades autóctonas. Y su excelente capacidad de envejecimiento ayuda a romper el tópico de que los vinos de climas cálidos no se desarrollan bien en botella.

La cosecha 1997, la segunda en la historia de la marca, estuvo marcada por la lluvia y las altas temperaturas. Las viñas no eran particularmente viejas y el vino aún no se beneficiaba tanto del efecto refrescante de las variedades ancestrales de ciclo largo como la querol y la garró, con más peso en los ensamblajes actuales. De hecho, según Miguel Torres Maczassek, en ese momento la garnacha representaba más del 50% de la mezcla frente al mayor protagonismo actual de la cariñena. El perfil del vino es muy mediterráneo, con notas especiadas (canela), aromas a guinda y fruta en compota, avellana y terrosos que recuerdan al champiñón. En el paladar mantiene bien lleno el centro de boca, hay una frescura que equilibra mucho el conjunto y una textura sedosa y amable que le da un enorme atractivo. 23 años muy bien llevados para un vino que, a unos 170 € la botella, está entre las referencias más caras de la familia. A.C. 



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