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  • Belondrade, 20 años defendiendo el blanco
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1 y 2. Una cata vertical de 11 añadas, con todos los vinos en doble mágnum. 3. Foto de familia: Didier Belondrade, la enóloga Marta Baquerizo y la nueva generación, Jean Belondrade. Fotos © Amaya Cervera

Bodega destacada

Belondrade, 20 años defendiendo el blanco

Amaya Cervera | Jueves 21 de Agosto del 2014

Belondrade es la única bodega de la DO Rueda dedicada casi en exclusiva a criar la verdejo en barrica y que consigue producir unas 80.000 botellas anuales de un blanco, Belondrade y Lurton, que se vende en España en el entorno de los 25 euros. 

Su propietario, Didier Belondrade, es lógicamente un gran defensor de los vinos blancos. Cuando le visité hace dos años en sus instalaciones de La Seca (Valladolid), en plena meseta castellanoleonesa, me espetó: “Hay que poner los vinos blancos bajo los focos. Los que tenemos ahora mismo en España son increíbles, pero cada vez que los políticos brindan lo hacen con tinto”. 

Didier Belondrade siempre ha sido vehemente en sus afirmaciones y su visión del mundo. También se reconoce perfeccionista, un tanto puntilloso y casi maniático. Sólo hay que ver las instalaciones, el cuidado por la imagen en las etiquetas o la web y el meticuloso trabajo de viñedo. La bodega y los vinos son una extensión de su personalidad y de su visión de esta región castellanoleonesa cuya fama (y gran éxito comercial) ha hecho subir el caché de su uva autóctona, la verdejo, como la espuma. 

Amor a primera vista

Las cosas sin embargo eran muy diferentes cuando Didier llegó a la zona en los noventa. De entrada, la verdejo era una variedad en fase de recuperación, ya que tras la filoxera la zona había sido inundada con palomino y algo de viura. Su potencial sin embargo estaba claro desde que la firma riojana Marqués de Riscal se instaló en la denominación en los setenta. Pero el perfil del momento era el de un blanco joven y afrutado de frescos aromas herbáceos. 

Didier, un enamorado de España con casa en la Sierra Norte de Sevilla, probó su primer verdejo en 1993. Fue una botella enviada por un amigo que le pareció peculiar y diferente. “Pensé que como había elegancia y finura se podría hacer algo interesante. Me gustó el toque amargoso, así que de vuelta a Francia hice mi primer viaje a Rueda”. Los suelos pedregosos le recordaron al Ródano. Los datos climáticos, con grandes diferencias térmicas entre el día y la noche durante la fase de maduración, eran perfectos para conseguir buenos índices de acidez. “Era una zona relativamente barata –recuerda Didier– porque entonces nadie hablaba de vinos blancos en España”. 

El primer Belondrade y Lurton de la cosecha 1994 salió al mercado dos años después y en 1998 Didier se trasladó definitivamente a España. El proyecto inicialmente era compartido con su mujer Brigitte Lurton, que aportaba el apellido de resonancias bordelesas al vino, pero tras la separación de la pareja y el regreso de Brigitte a Francia, Didier siguió llevando el negocio en solitario aunque el nombre del vino se mantuvo intacto. En 2000 se edifica una bodega propia en el municipio de La Seca en cuyo entorno se encuentra la gran mayoría de las viñas de Belondrade. 

Un verdejo de coupage

Las aspiraciones de calidad fueron claras desde el primer momento: elaborar un blanco fermentado en barrica a partir de viñas propias. Hasta 2006 se adquirieron y plantaron 30 hectáreas repartidas en 19 parcelas distintas dentro del municipio de La Seca. Desde 2012 además todo se trabaja en ecológico. 

Los suelos, fundamentalmente arcillosos y pedregosos, con zonas arenosas y porcentajes variables de arcilla, ofrecen diferentes expresiones de verdejo y pueden variar notablemente en función de cómo se articulan estos componentes. Aquellos que tienen una capa importante de arcilla a unos dos metros de profundidad son perfectos para retener el agua en las añadas más secas. 

Todos los viñedos, tanto si están plantados en vaso como en espaldera, se vendimian a mano (en una región en la que más del 90% de la vendimia es hoy mecánica) y los rendimientos se mantienen por debajo de los 5.000 kilos/hectárea. Esto realmente marca diferencias con el patrón medio de los blancos de Rueda, muy enfocados a la relación calidad-precio. 

Desde los inicios se realizaron maceraciones en frío y fermentación en barrica. Buscando un menor protagonismo de la madera, hoy se usan barricas de 300 litros de roble francés que se cambian cada cuatro años. Incluso se trabaja con barricas de cuerpo de roble y fondos de acacia que resultan más suaves y menos agresivos para ciertas viñas menos estructuradas, al tiempo que se mantiene la función de microoxigenación. 

Los vinos fermentan y se crían por parcelas. En enero se hace una primera cata para decidir qué vinos van a Belondrade y Lurton. Los descartes junto a los vinos de viñas más jóvenes fermentados en inox van a parar al segundo vino, Quinta Apolonia (lleva el nombre de una de sus hijas, unas 40.000 botellas), que se comercializa como VT Castilla y León y fuera, por tanto, de la DO Rueda. Y en julio se realiza una segunda cata de assemblage. En total, un Belondrade y Lurton pasa entre 10 y 12 meses en barrica. 

La lucha por las levaduras naturales

Junto a la introducción de barricas de mayor formato, el cambio más importante que se ha producido en la elaboración en los últimos años ha sido la apuesta muy clara por parte de Didier por las elaboraciones espontáneas. Lo que, por otro lado, parece consecuencia lógica de su filosofía: “No quiero hacer un vino de enólogo; quiero hacer un vino que tenga alma porque el vino procede del terruño, del clima, de la variedad”. 

Tanto él como su directora técnica fueron muy sinceros a la hora de reconocer sus grandes discrepancias sobre este punto y las grandes reticencias por parte de Marta Baquerizo al no poder controlar totalmente las fermentaciones. No hay que olvidar que Rueda es una zona de blancos muy tecnológicos (vendimias mecánicas, fermentación con frío, rasgos aromáticos a menudo muy marcados por levaduras en función de las modas del momento) en la que muy pocas bodegas intentar realizar un trabajo más artesanal en este sentido y menos con producciones en el entorno de las 80.000 botellas como es el caso de Belondrade y un precio que ronda los 30 €

Sin embargo, la valoración final es positiva. No hay cambios drásticos en el estilo de los vinos, si acaso una mayor nitidez y ausencia de interferencias (a lo que ha ayudado también notablemente un uso más discreto del roble). Y en bodega la adaptación a la nueva forma de trabajar las fermentaciones ha sido tal que incluso no se ve necesario emplear la levadura propia que se ha ido seleccionado de manera paralela en colaboración con la Universidad de Valladolid. “El trabajo con muchas levaduras aporta gran diversidad y permite además vehicular el carácter propio de cada añada”, explica una Marta Baquerizo totalmente convencida al día de hoy. 

La bodega también produce un rosado de tempranillo, Quinta Clarisa, dedicado a otra de las hijas de Didier, de producción reducida (por debajo de las 10.000 botellas) y comercializado como VT Castilla y León. 

La siguiente generación está ya integrada en la bodega a través de Jean Belondrade, centrado en la actualidad en la exportación. La política fuera de España, a donde viaja más del 30% de la producción, consiste en conseguir una buena presencia internacional con especial preocupación por posicionarse en restaurantes de referencia. 

En vertical

La celebración del 20 aniversario fue la excusa perfecta para catar todas las cosechas elaboradas desde 2001 hasta la actualidad salvo 2007 porque no había vino suficiente para ofrecer en la cata. Se utilizaron botellas doble mágnum de tres litros de capacidad y con decantación previa. 

Belondrade y Lurton 2012. Es la añada actualmente en el mercado que se corresponde con un año muy seco y de sequía acumulada. La primera sin nada de maloláctica y también la primera que se trabaja en la nueva sala de barricas, que ha permitido estar más seguros de que las levaduras que actúan son las que vienen del viñedo. 

Amarillo intenso. Buena intensidad y relieve, hierbas (hinojo), fruta blanca, piel de cítrico, más nota mantequillosa que ahumado. Buen verdejo carnoso y equilibrado, con amplitud y nota salina que enfatiza la mineralidad del terruño. Madera mucho menos presente que en otras añadas en esta fase. 

Belondrade y Lurton 2011. Es un blanco más cálido que el anterior, pese a que la añada fue menos cálida. La diferencia viene por un septiembre caluroso y con menos diferencias térmicas entre el día y la noche. 

Alimonado intenso. Matices tostados y nota láctica. Hierbas en infusión (hinojo), mantequilla. Sabroso, salino, con algo menos amplitud y más sensación de concentración, buena persistencia.

Belondrade y Lurton 2010. Paradójicamente, una vendimia más tardía, pero con temperaturas medias más altas (hasta 40 grados) pero mínimas en el entorno de los 12. Desde 2010 las fermentaciones son 100% espontáneas. 

Alimonado intenso y brillante. Hierba seca (heno), casi cera (lanolina), fruta blanca y cítrica, ahumados. Boca con bastantes tostados (pipa de girasol), ligera calidez, con más centro de boca que persistencia. Buen representante del estilo de la bodega 

Belondrade y Lurton 2009. Otra añada cálida y de sequía de las que la enóloga Marta Baquerizo defiende que se desarrollan de forma muy elegante. 

Dorado intenso. Más carácter de evolución en botella (hierbas en infusión, manzanilla, casi balsámico y nuez moscada) y lías (tostados, praliné, mantequilla). Boca tostado, mantequilla de nuez, mucha untuosidad y grasa. Refleja sin duda la añada y el estilo de elaboración de antes; quizás no es emocionante, pero sí muy consistente. 

Belondrade y Lurton 2008. Añada de alta calidad y con perfecto equilibrio en vendimia según sus elaboradores. 

Dorado. Hay una nota inicial herbácea y abundantes toques tostados (mantequilla y ahumados), con elegancia. Marcado por la estructura de la madera en boca; toque farmacéutico en final. Aparece de forma clara por primera vez el amargor por encima de la mineralidad. 

Belondrade y Lurton 2006. Dorado intenso. Notas muy cremosas que casi evocan un chardonnay (tostados, mantequillas), elegante, pero menos definido como varietal. Boca sabroso, intenso, algo cálido, pero con equilibrio y cremosidad. Estructura otra vez determinada por la madera, pero ligera y distintiva salinidad en final. 

Belondrade y Lurton 2005. Dorado intenso. Primera sensación de una leve reducción en el transcurso de la cata. Hierbas en infusión, lácticos, balsámicos, tostados (praliné). Boca con amplitud, buena estructura y salinidad, equilibrio, madera menos presente que en el anterior, agradables tostados y balsámicos finales. Ligeramente más cálido, pero muy consistente. 

Belondrade y Lurton 2004. Dorado intenso. Algo tímido en nariz, pero con el carácter de farmacia y tostados, armonioso. En boca es amplio, sabroso, equilibrado; no es espectacular pero si es muy armonioso. Creo que es lo que a todo el mundo le gustaría encontrar cuando descorcha un blanco de 10 años. 

Belondrade y Lurton 2003. Dorado con ligera evolución. Pasada su fecha idónea de consumo, pero realmente nadie esperaba encontrar un vino espectacular de la muy cálida cosecha 2003. 

Belondrade y Lurton 2002. La cosecha se describió como de madurez muy escalonada en la que fue necesario realizar varias pasadas en algunas parcelas para reducir el riesgo de podredumbre. A partir de esta cosecha se empiezan a introducir barricas de 300 litros para la crianza. 

Amarillo dorado intenso. Interesante nariz (hierbas, tostados finos, un punto de almíbar). Boca algo marcada por la barrica, cierta acidez que mantiene el tipo. Sale un punto de amargor equilibrado en final. Algo desvaído en general. 

Belondrade y Lurton 2001. Dorado intenso un punto evolucionado en color. Nota pulverulenta, ligera reducción, lácticos. Toque ligeramente amargo que denota su evolución, recuerdos de naranja en confitura.

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