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1. Beatriz Herranz y Félix Crespo. 2 y 3. El viñedo de Barco del Corneta. 4. Así ha evolucionado su etiqueta. 4. La bodega subterránea. 6. El botellero de añadas antiguas. 7. La colección de vinos. 8. Judas. Fotos: A.C.

Bodega destacada

Barco del Corneta: otra mirada sobre la verdejo

Amaya Cervera | Sábado 08 de Enero del 2022

Ser pequeño en Rueda no es fácil. Aunque el primer Barco del Corneta data de 2010, cuando se constituyó oficialmente la bodega en 2013 la producción no alcanzaba las 30.000 botellas necesarias para formar parte de la DO. Hoy las supera con creces (el objetivo final es convertirse en una bodega que unas 100.000 botellas), pero sus propietarios se sienten más cómodos trabajando de forma independiente.

Barco del Corneta es el nombre del pinar que enmarca el viñedo de cinco hectáreas y media que la enóloga Beatriz Herranz y su madre María Antonia Sanz plantaron en 2008 en el paraje de Cantarranas, en La Seca, a partir de esquejes de verdejo de una viña vieja del municipio. Además de aportar biodiversidad, el pinar aísla la viña en una parte de su perímetro y le da un aire silvestre y recóndito dentro del paisaje de amplios horizontes y terrenos levemente ondulados que caracteriza a La Seca y a gran parte de los viñedos de esta parte del valle del Duero, en pleno corazón de Castilla y León.

El terreno, donde hacía tiempo que no crecían vides, era una herencia del abuelo. A Beatriz, quien nació y se crío en Valladolid, esta viña le ha hecho recuperar el vínculo con el pueblo de sus antepasados y la tierra que cultivaron. 

Su primera intención fue la de vender la uva, hasta que en 2010 se llevó una partida de 500 kilos a la bodega de Gredos donde trabajaba en aquel momento. Con una vinificación muy sencilla, un simple pisado de uva seguido de una fermentación natural en madera de segundo uso, y pese a la juventud de la viña, consiguió resultados muy interesantes dentro de un perfil bastante diferente a la estridencia aromática que dominaban los verdejos más comerciales de la época. 

Viñedo y bodega en sintonía

La plenitud que ofrece hoy un Barco del Corneta 2018, su añada en curso, demuestra que se pueden hacer excelentes blancos de verdejo en la zona a partir de viñedos relativamente jóvenes (en esta cosecha las cepas tenían 10 años) conducidos en espaldera, plantados en suelos adecuados y orientados a una producción de calidad.  

Desde el principio estuvo claro que sería una viña de secano, ecológica y con rendimientos moderados (el máximo histórico es de 7.000 kg/ha en la muy productiva cosecha 2016, pero la media se acerca más los 5.000 kilos hectárea). También que la verdejo es una variedad noble susceptible de ser envejecida en madera.  

Y el tiempo rema claramente a su favor. El 2018 no solo se beneficia del carácter fresco de la añada, sino de la profundidad y complejidad que va desarrollando en botella. Mezcla toques florales con notas tostadas (pipa de girasol) y una leve nota de petróleo que denota una fina reducción. En boca es profundo, jugoso, vivaz y con mucho recorrido por delante.

La entrada en el proyecto en 2016 de Félix Crespo, antiguo compañero de Universidad de Beatriz, ha contribuido notablemente a su consolidación. Especialmente valiosa ha sido su experiencia en Belondrade, la bodega vecina de La Seca que es la gran referencia de calidad de blancos criados en madera. Otra pieza que ha dado alas a Barco del Corneta son las nuevas instalaciones donde elaboran desde la cosecha 2019. Están ubicadas en la antigua botica de La Seca que, como casi todas las casas solariegas del pueblo, contaban con su propia bodega.

Beatriz y Félix han reestructurado el conjunto de edificaciones que la conformaban. La vieja zona de caballerizas, gallinero y aperos se ha transformado en nave de elaboración, y la sala de catas se ha construido sobre el viejo lagar. Hay una parte de vivienda donde reside Beatriz, un amplio patio que da mucho juego en vendimia y, lo más interesante, dos cavas subterráneas con condiciones ideales para la crianza de los vinos donde también se ha habilitado un botellero histórico de cosechas. Pese a la juventud del proyecto, tienen claro que elaboran blancos para disfrutar con tiempo en botella.

En busca del equilibrio

La gama de vinos se ha construido desde la viña. En Barco del Corneta han identificado tres suelos diferentes: en la parte baja cercana al pinar prima la arena; en la parte media el canto rodado y en la más alta, la arcilla. La zona de cascajo, que es la primera en madurar va casi íntegramente a Barco del Corneta.

La difícil cosecha 2017, marcada por las heladas y muy poco productiva, ha servido como aprendizaje para modificar ligeramente el trabajo en viña. “La parte alta se salvó de la helada, pero la zona de arena la sufrió de lleno, lo que nos llevó a trabajar a partir de entonces con una poda larga que luego ajustamos a mediados de abril. Esto permite moderar el vigor y retrasar el ciclo de la planta en los suelos de arena para tener una vendimia más escalonada”, explican. Los seis días que tardan en vendimiar a mano toda la parcela son significativos del detalle con el que trabajan. 

Desde su punto de vista, el factor clave en el viñedo es el equilibrio. Así, en 2017 y pese a la escasa producción final, consiguieron granos de uva algo más grandes que la tónica general en la zona, donde la excesiva concentración redujo mucho el tamaño de la baya.

Todas las uvas que se destinan a Barco del Corneta (unos 17 € en España) se trabajan en madera con preferencia por los formatos grandes (300, 500 y 600 litros). En el caso de Cucú (9,50 €), el vino regional que combina uvas de La Seca (Valladolid) y de Aldeanueva del Codonal (Segovia), la proporción de vino criado en barrica se reduce a un 30% aproximadamente y la parte de Segovia que llega a estar en contacto con el roble se pone siempre en madera usada. Al proceder de viñedos jóvenes, se busca sobre todo la nota fresca de una zona situada a mayor altitud mientras que las uvas de La Seca aportan la estructura. Es resultado es un verdejo sabroso y con leves notas florales; una buena opción para adentrarse en esta variedad desde una filosofía menos tecnológica e intervencionista. 

Comercializados ambos con sello de certificación ecológica, la estética de las etiquetas los hace muy reconocibles. La de Barco del Corneta, que desde el principio jugó con la figura de un barco de papel, se ha ido refinando con el tiempo (se puede ver la evolución en el carrusel de fotos superior), aunque quizás siga resultando un poco naif para la seriedad y nivel de calidad que ha ido adquiriendo el contenido de la botella.

Homenaje a los viñedos históricos

La gama alta de la bodega está compuesta por tres blancos elaborados con viñas viejas de las tres variedades blancas que han tenido más predicamento en la región: verdejo, viura y palomino. En todos casos las producciones son muy reducidas y están por debajo de las 2.000 botellas. La trilogía se presenta como una colección bajo el título de Parajes del Infierno. De nuevo, la forma de elaborar es mediante fermentaciones espontáneas y su posterior crianza en barricas de gran formato, a menudo con algunos meses más en acero inoxidable antes del embotellado. Aunque intentan que los vinos no hagan la maloláctica, no siempre es posible controlar este proceso cuando se trabaja con fermentaciones naturales que suelen ser mucho más largas.

La principal fuente de viñedo que alimenta los Parajes del Infierno se encuentra en el municipio de Alcazarén, a unos treinta kilómetros al este de La Seca sin abandonar la provincia de Valladolid. Son pequeñas parcelitas de cepas centenarias plantadas en un mismo paraje que suman en torno a una hectárea y media. Viñedos en pie franco y libres de filoxera gracias al carácter arenoso de sus suelos (Beatriz los describe directamente como arena de playa). De aquí salen las uvas que se destinan a La Sillería, el verdejo que comercializó en sus primeras añadas como Casio, y el palominio Las Envidias (22 €), otro vino que cambió el nombre del Bruto inicial. Para él se inspiran en Jerez, la región donde reina esta variedad, y trabajan bajo velo de flor.  

La Sillería (27 €) es una expresión profunda y refinada que solo un viñedo de estas características puede ofrecer. La añada 2019 que se encuentra ahora en el mercado está aún muy joven; con marcada tensión en el paladar, domina el carácter cítrico y tiene un excelente potencial de envejecimiento. No es descabellado pensar en una horquilla de consumo de 10 años a partir de la fecha de cosecha. Y lo que puede probar directamente de barrica en la bodega sorprendía por su persistencia.  

Judas (25 €), por último, es la aproximación a la viura, una variedad que cada vez alcanza cumbres más notables en Rioja. Hay un vínculo afectivo porque es la variedad que cultivaba su abuelo en La Seca en el paraje del Infierno con el que se ha bautizado la trilogía. Las uvas para Judas, sin embargo, proceden de Villanueva de Duero otro municipio de Valladolid que, al igual que todos los anteriores, forma parte de la comarca de Tierra de Pinares. El suelo aquí es un poco más arenoso que en La Seca, pero con cantos rodados de mayor tamaño en la superficie, y el viñedo algo más joven, de finales de los años 60. El perfil del vino resulta más cremoso (la añada en mercado ahora mismo es 2018) y, como le ocurre a la viura en Rioja, le va bien el desarrollo en botella para integrar la madera. Sacada del botellero histórico, la cosecha 2015 había desarrollado ya un carácter maduro muy atractivo con interesantes notas tostados, recuerdos de cera y n buen volumen en boca.

Dentro de la DO Rueda ahora mismo no sería posible elaborar blancos varietales de viura y palomino, aunque quizás más preocupante es la pérdida de viñedos tradicionales. Tras el gran crecimiento de la superficie de viñedo que ha caracterizado las primeras décadas del siglo, Beatriz y Félix coinciden en que “la prohibición de nuevas plantaciones va a ser lo que acabe definitivamente con el viñedo en vaso”. En La Seca, uno de los municipios centrales de la DO Rueda, solo 313 de sus casi 3.600 hectáreas actuales están plantadas de vaso. 

Barco del Corneta también elabora el tinto Prapetisco con uvas de Arribes. Más información aquí.

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