Esta página utiliza cookies. La continuidad en la navegación implicará el consentimiento de su uso.Política de cookies ocultar
Pasión por el vino español

conoce

todo sobre el
vino español
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
  • ¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)
1. Ramón Losada. 2. Bodegas-garaje. 3. Mapa de la DO. 4. Vinos del pionero Algueira. 5. Pedro Rodríguez. 6. Viticultura heroica. 7. Rosados y monovarietales. 8. Xabi Seoane. Fotos: Amaya Cervera.

Regiones

¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (I)

Amaya Cervera | Miercoles 27 de Noviembre del 2019

Viña Caneiro es una de esas empinadas viñas con cepas sostenida por muretes de piedra que se precipitan hacia el Sil en el que es, probablemente, el paisaje más fotografiado y famoso de la Ribeira Sacra. En este lugar poco recomendable para quienes sufran de vértigo, Ramón Losada prefiere hablar de “viñas humanizadas” que de “viticultura heroica”. “No queremos que nadie venga a matarse a las viñas, sino que se puedan visitar. Hay que ser prácticos”, explica. 

Y predica con el ejemplo: ahí están las cuidadas escaleras de piedra o un terreno que ha allanado en mitad de la viña para hacer un merendero. Tiene un arma secreta: sus dos trabajadores permanentes en campo también son albañiles, de modo que cuando no realizan tareas de viticultura se dedican a la parte “arquitectónica” del viñedo.

La historia de Ramón es muy parecida a la de muchos otros productores de Ribeira Sacra. Veterinario de profesión, en 1999 reorientó junto con su hermana la bodega de autoconsumo de la antigua casa familiar de Pantón hacia la vía comercial. Hoy producen unas 35.000 botellas a partir de seis hectáreas propias repartidas entre los valles del Miño y el Sil que incluyen un tinto de mezcla de viñas y tres parcelarios que reflejan distintos suelos y paisajes; todo mencías trabajadas en acero inoxidable que ofrecen una expresión pura, directa y cuidada de la región.

Lo que le distingue de otros productores pequeños es que ha salido del ámbito local para colocar sus vinos en dos plazas fuertes como son Madrid y Estados Unidos (el crítico del New York Times, Eric Asimov, incluyó Viña Caneiro en su cata de vinos españoles que seducen en EE.UU. en la última edición de Alimentaria). No hay que olvidar que el 20% de las bodegas de Ribeira Sacra elaboran menos de 5.000 botellas. La Ribeira Sacra que ha encandilado al mundo representa una pequeña parte de las algo más de 1.200 hectáreas acogidas a DO que se extienden por las riberas del Sil, el Miño y algunos de sus afluentes entre las provincias gallegas de Lugo y Ourense

Una resurrección en toda regla

Pese a su tradición milenaria que se remonta a los romanos y la considerable expansión propiciada por las órdenes religiosas en la Edad Meda (aquí está la mayor concentración de iglesias y monasterios románicos de Europa), la Ribeira Sacra no ha tenido un vino histórico que traspasara fronteras como ocurrió en Ribeiro.    

En los años setenta, la viticultura de esta remota región gallega estaba en regresión y gran parte de la producción se destinaba al autoconsumo. Tampoco existía una identidad clara. El libro El Viñedo Español editado por el Ministerio de Agricultura en 1975, distinguía en Ourense la Ribera del Sil y los valles de los ríos Bibei y Xares en el entorno de Pobla de Trives y Viana do Bolo, pero los metía en el saco de zonas donde “los viñedos no constituyen masas definidas” con una superficie cuantificada de 629 y 776 hectáreas respectivamente. Al otro lado del Sil, en la provincia de Lugo, se mencionaba la vocación vitícola de 12 municipios del sur repartidos entre “Monforte-Quiroga”, donde se concentraba el 75% del cultivo, y “Miño”. En ningún momento se emplea el nombre Ribeira Sacra. 

El panorama era sombrío: “El cultivo es escasamente rentable pese a que las cepas son de buenas variedades y no muy viejas. La conformación de las parcelas hace que la cantidad de mano de obra empleada sea muy grande, ya que no solo se deben realizar a mano las labores normales de cava, poda y vendimia, sino que incluso el transporte hay que realizarlo también a pie por lo inaccesible del terreno (…) La tendencia actual es de franca regresión y se puede estimar que un 30% de viñedo existente está semiabandonado o descuidadamente cultivado”.

Y las predicciones catastróficas: “Con el tiempo solo permanecerán algunos viñedos productores de vino de cierta calidad (…) que alcanzan alto precio, especialmente en la zona de Quiroga [aquí se incluía también lo que hoy es la subzona de Amandi] y no se realizarán nuevas plantaciones sino algunas sustituciones o replantaciones de muy escasa cuantía, transformándose los peores viñedos con lentitud en plantaciones de frutales.”

Es una suerte que Fernando González Riveiro, el fundador de Algueira, no hubiera leído estas líneas cuando empezó en 1979 a recuperar la viña de Carballo Covo a orillas del Sil para devolver su esplendor a unas cepas devoradas por el monte. A un recién llegado a la zona como Fredi Torres (Sílice) le parece impresionante que “ese patchwork de pequeños proyectos familiares y sin ninguna profesionalización haya podido subsistir”. 

Más allá de la mencía y del vino joven

El estilo de vino sobre el que se desarrolló la DO Ribeira Sacra tras su creación en 1996 fueron los tintos jóvenes elaborados con su uva mayoritaria, la mencía (con 5,2 de los 5,7 millones de kilos de uva tinta vendimiados en 2018 sigue siendo la reina indiscutible) y destinados al mercado gallego. Rectoral de Amandi, el mayor productor de la región (en 2019 superará los dos millones de botellas) con el 70% de sus ventas en Galicia, ha estado elaborando un único vino según este patrón hasta que en 2014 incorporó un parque de 72 barricas de 300 litros para producir apenas 15.000 botellas de un tinto envejecido en madera. 

La aparición de vinos complejos de crianza capaces de realzar terruños y variedades minoritarias tiene como pioneros a Algueira y Guímaro. Ambos se beneficiaron de la visión y la experiencia del enólogo berciano Raúl Pérez, quien, a día de hoy, sigue elaborando dos etiquetas (El Pecado y La Penitencia) a partir de dos de los viñedos más emblemáticos de Adegas Guímaro y tiene su propio proyecto en la subzona del Miño con Rodrigo Méndez, de Forjas del Salnés. (Es notorio, por cierto, el interés reciente de éste y otros productores terruñistas de Rías Baixas como Eulogio Pomares, Alberto Nanclares o Xurxo Alba por la región).

Aunque a pequeña escala, la Ribeira Sacra tiene todos los ingredientes para convertirse en un grande del vino español: paisajes mágicos con viñedos en pendiente que cortan la respiración, una mezcla explosiva de variedades autóctonas en proceso de recuperación, la complejidad que se deriva de la diversidad de suelos, orientaciones y altitudes, y, sobre todo, una generación de productores volcados en el terruño y la calidad que marca diferencias con un pasado reciente conformista y local. 

A muchos de ellos les visité en una semana de octubre de pura climatología gallega (lluvia y niebla con unas pocas y gozosas incursiones del sol) que me regaló una sucesión de paisajes increíbles a los que invariablemente se accede por carreteras estrechas, empinadas y zigzagueantes que imponen mucho respeto. 

El terreno: ¿amigo o enemigo?

Esta geografía abrupta es un arma de doble filo: permite idealizar la región bajo el gran titular de la “viticultura heroica”, pero siembra el día a día de dificultades y ralentiza el proceso de descubrimiento del terruño. “Aquí no vienen las grandes bodegas”, señala María Jose Yravedra, la arquitecta madrileña que se siente cada vez más gallega y se ha instalado en la zona para estar cerca de su bodega Ronsel do Sil situada en la margen orensana del río. “Las aldeas están vacías, no es fácil contratar gente y luego hay que formarla. Hay una falta de apoyo importante a la viticultura”, nos contaba.

Ramón Losada asegura que recuperar una hectárea de viña con sus muros de piedra, escaleras y raíles para transportar la uva y trabajar con cierta comodidad cuesta ente 80.000 y 100.000 €. Y Fernando González Riveiro de Algueira señala que “no se puede hacer vino joven en pendientes del 85% porque para eso se necesitan al menos rendimientos de dos kilos por cepa y además es una categoría en la que no se vende terroir”. 

La alternativa del siglo XXI es sustituir los muros por bancales de tierra. Es la técnica que ha seguido Guímaro en algún viñedo de reciente plantación y la que utiliza a mayor escala Rectoral de Amandi en sus nuevas plantaciones. Según su director de viña y bodega Antonio Vida, “es inviable construir muros de piedra en una finca de 60 hectáreas; en su lugar se construyen terrazas dejando una inclinación de bancal a bancal para que el terreno no se deshaga y cuya altura dependerá de la inclinación de la ladera, pero que normalmente va de dos a tres metros”. 


Muros de piedra vs. bancales de tierra.

Casi todos los productores coinciden en que falta una protección para los viñedos tradicionales. “La contraetiqueta es la misma para los viñedos en pendiente y zonas llanas”, se lamenta Losada. González Riveiro, por su parte, critica que “cada vez llega más gente de fuera no a trabajar viñas sino a comprar uva” y cree que “la única manera de tener continuidad en la calidad es con una viticultura propia”

Reconocimiento de variedades y envejecimiento

El año pasado al menos se consiguió una reivindicación largamente demandada para dar visibilidad en la etiqueta a algunas de las elaboraciones más interesantes de la zona. Por fin el nuevo pliego de condiciones publicado en octubre de 2018 revoca la obligatoriedad de la mencía como uva mayoritaria en el ensamblaje en los vinos de categoría superior etiquetados como Summun para sustituirla por un 85% de “variedades principales” (la lista incluye mencía, merenzao, brancellao, sousón y los caíños tinto, longo y bravo). También autoriza las branco lexítimo y caíño branco como principales junto a las godello, loureira, treixadura, dona branca, albariño, y torrontés, mientras que la garnacha tintorera (alicante bouschet) por la que apuestan algunos productores sigue como secundaria junto a las mouratón, tempranillo y gran negro (otra variedad de pulpa coloreada). 

La imaginación de la que habían hecho gala hasta ahora muchos productores para intentar explicar lo que había dentro de la botella sin decirlo va desde el Bastarda de Fedellos de Couto, en alusión a la sinonimia portuguesa de la merenzao, las siglas BM para el brancellao apoyado en algo de mouratón de Dominio do Bibei o la enrevesada leyenda B2M utilizada por Guímaro en un Finca Meiximán de la cosecha 2008 que probé durante mi visita: “B” por barrica, el 2 por ser su segundo vino envejecido en madera y la “M” por la inicial del viñedo en un momento en el que no se permitía utilizar los nombres de las fincas. Qué locura, ¿verdad?.

Tanto la mención de las variedades como el nuevo indicativo de “guarda” que permite envejecimientos en recipientes de madera de gran formato, cemento u otros materiales (el término “barrica” está limitado a envases de madera de hasta 500 litros en tintos y 600 en blancos) ha llevado a elaboradores como Xabi Seoane de Fazenda Pràdio (Chantada) a anunciar su vuelta a la DO desde 2019. Sin embargo, es poco probable que regresen quienes como Fedellos de Couto, Envínate, Sílice o Da Terra Viticultores están fuera por desavenencias respecto al estilo de los vinos o su composición varietal.

Otra resolución aparentemente menos trascendente, la autorización de los rosados, podría dar bastante juego comercial. Solo hay que pensar en la trilogía lanzada este año por Abadía da Cova con mencía, caíño y una merenzao que está teniendo una evolución sorprendente, y los pinitos de Ponte da Boga o Pràdio. Fuera de DO, Laura Lorenzo hace un rosado de mencía en exclusiva para su importador americano José Pastor y Fredi Torres de Sílice nos confesaba estar preparando uno. A juzgar por lo que hemos probado hasta ahora, Ribeira Sacra podría tener una “personalidad rosada” bien diferente.

Monovarietales, parcelarios y mezclas

Los productores de referencia han centrado sus gamas altas en las variedades minoritarias y los vinos parcelarios. De las primeras, la godello en blancas y las brancellao y merenzao en tintas han copado el interés hasta ahora, pero a la vuelta de la esquina están caíños varios, la branco lexítimo (probamos dos ejemplos interesantes de la que para muchos es la “gran esperanza blanca” de la región), dona branca, treixadura, e incluso la tinta espadeiro que no figura en el pliego de condiciones del Consejo y de la que ya hay rutilantes ejemplos en Rías Baixas.

Algueira y Pràdio tienen el ambicioso objetivo de recuperar las “variedades gallegas” en su sentido más amplio. Si el primero se jacta de cultivar más uvas que nadie en la zona, Xabi Seoane está reinjertado sus mencías con material vegetal local y el que le han proporcionado elaboradores de referencia en sus respectivas zonas: espadeiro de Xurxo Alba (Albamar), loureira y sousón de Cume do Avia (Ribeiro) o dona branca de José Luis Mateo (Monterrei). Es interesante que estos desplazamientos dentro de Galicia no respondan solo a las modas (la albariño y la godello son las reinas en esto), sino también al deseo de encontrar sabores únicos y de ampliar matices en los vinos.

El enólogo francés Dominque Roujou, que asesora a Ponte da Boga, la bodega del grupo Estrella Galicia en la zona, señala que “brancellao, mencía y merenzao son las uvas que mejor reflejan la frescura y la elegancia en la Ribeira Sacra” y está convencido de que los monovarietales son un excelente hilo para seguir creciendo. Ponte da Boga también elabora por separado albariño, godello y branco lexítimo, mientras que sus vecinos de Ronsel do Sil han llegado a producir ejemplos de dona branca y la treixadura.

El siguiente paso es buscar la mezcla como fuente de complejidad, ya sea en bodega (Ponte da Boga combinó con buenos resultados mencía, sousón, brancellao y merenzao en su Expresión Histórica), partiendo de un viñedo tradicional con mezcla de variedades (lo que en inglés se llama un field blend) o creando una viña a medida como ha hecho Guímaro con A Ponte. En sus 3,2 hectáreas que miran al Sil desde la parte más alta de una vertiginosa ladera hay idéntica proporción de caíño, sousón, brancellao, merenzao y mencía. La idea inicial era trabajarlas por separado, pero debido a la escasez de uva en las primeras vendimias se vinificó de manera conjunta. Pese a la juventud de un viñedo plantado en 2010, la complejidad, elegancia y sapidez del vino aporta una expresión nueva y fascinante para la zona, además de abrir el camino a una combinación casi infinita de variedades en distintas proporciones.

Los precios de estos vinos de producciones reducidas se sitúan entre los 25 € y 45 € en España. Entre estos últimos destaca la gama de fincas de Guímaro y Algueira a orillas del Sil, los de Castro Candaz en el Miño, el blanco La Pena de Dominio do Bibei o fuera de DO, las parcelas de Envínate y Daterra o las minúsculas producciones de una o dos barricas que hace Sílice con sus fincas Romeu, Rosende y el fascinante Lobeiras, los tres en el entorno de los 85-90 €. Es el actual techo de precio en la zona. Su instigador, Fredi Torres, echa de menos “que no haya más vinos a estos precios; lo de las fincas no es una arrogancia, es una necesidad de devolver a la zona algo que merece”.

Nota: se puede consultar un mapa más detallado de la zona aquí.

ARTICULOS RELACIONADOS

“De Borgoña deberíamos aprender la fidelidad al terroir”
El irresistible encanto de Valdeorras
Raúl Pérez: los nuevos proyectos de un productor irrepetible
¿Qué necesita Ribeira Sacra para convertirse en una gran zona vinícola? (y II)
0 Comentario(s)
Comenta este artículo*
Recuérdame:
política de privacidad
*Todos los comentarios serán validados por un moderador antes de su publicación: