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1. El Valle. 2. La bodega. 3. Jaime Suárez. 4. Viñedos protegidos de los jabalíes. 5. Cepa prefiloxérica. 6. Un perfil de suelos. 7. La gama de vinos parcelarios. 8. La cata. Fotos: A.C.

Bodega destacada

Dominio de Atauta: en el valle de las viñas centenarias

Amaya Cervera | Martes 06 de Abril del 2021

Situada en la provincia de Soria, en el extremo oriental de la Ribera del Duero, la localidad de Atauta es uno de los lugares más fascinantes de esta DO. Su famoso barrio de bodegas, declarado Bien de Interés Cultural en 2017, ocupa un espacio central en el valle que se extiende a los pies del municipio a lo largo de unos cuatro kilómetros en dirección este-oeste. Es la prueba de la larga y fructífera relación del hombre y la viña en un paisaje de pequeños majuelos, cepas centenarias y prefiloxéricas, y laderas onduladas que se ha mantenido casi inalterable durante el último siglo y medio.

Es inevitable pensar que de un lugar que desprende tanta energía deben de salir vinos de gran personalidad. Más allá de la emoción que genera en cualquier aficionado un escenario de vides supervivientes, resulta reconfortante descubrir esta naturaleza un tanto recóndita y silvestre, alejada de la Ribera más mediática y rutilante. De mi primera visita a la zona durante los días previos a la vendimia (de eso hace ya más de una década), recuerdo el olor intenso de las hierbas aromáticas en la viña y el vuelo imponente de los buitres sobre el valle. 


Para Jaime Suárez, director técnico de Dominio de Atauta, la bodega que puso este paisaje en el mapa de los vinos finos de Ribera del Duero, hay un cúmulo de factores que explican el carácter diferencial de la zona: “El equilibrio entre la altitud, el clima y la situación geográfica, y la complejidad que aportan los suelos y las viñas viejas”. 

El distribuidor de vinos de origen soriano Miguel Sánchez se enamoró de este lugar y se aventuró a crear una bodega que se estrenó en la cosecha 2000. A finales de esa década la firma fue adquirida por el grupo de la familia Jové Avante Selecta (hoy Terra Selecta). Hasta el día de hoy, tres enólogos han dejado su huella en Atauta: el francés Bertrand Sourdais (quien desarrollaría luego su propio y muy relevante proyecto en la zona con varios vinos elaborados con uvas de Atauta); Almudena Alberca MW (al frente hoy de Viña Mayor en la ribera vallisoletana) y Jaime Suárez, que llegó procedente de Toro en la cosecha 2016. A este último le gusta pensar que el proyecto está por encima de las personas y que es el valle el que marca la personalidad de los vinos.

Microparcelas

Mientras recorremos algunas viñas en una nublada mañana de febrero, Jaime llama la atención sobre la buena sanidad de la zona. Ayuda mucho la altitud (todos los viñedos del valle están por encima de los 920 metros), el flujo constante de viento favorecido por la ubicación de la ribera soriana entre el Sistema Ibérico y el Sistema Central y los bruscos saltos térmicos en los días previos a la vendimia, algo más acusados en este extremo oriental de la DO. “Pasamos de estar entre 25 y 30ºC a 4 y 6º C durante la noche, con lo que se elimina el problema de botrytis que no tiene incidencia por debajo de 10º C”, señala Suárez. Más sorprendente aún: no sufrieron mildiu en una cosecha de ataques generalizados del hongo como 2020 y no tienen enfermedades de madera.

Se las ven, eso sí, con las heladas, y también con los corzos y los jabalíes. De hecho, muchos de los viñedos que visitamos estaban vallados. A menudo, y por el tamaño muy pequeño de los cultivos, es habitual que los viticultores levanten protecciones de manera conjunta. La fragmentación de la propiedad es muy llamativa. Las algo más de 40 hectáreas que gestiona Dominio de Atauta (la mitad propias y el resto controladas) se reparten en ¡600 microparcelas! que suponen, según la bodega, el 85% del viñedo prefiloxérico del valle y que suelen identificar con pequeños carteles como los de la imagen inferior. 


“El proyecto ha evolucionado en la línea de las microvinificaciones como resultado de un mejor conocimiento del valle. Por ejemplo, antes el paraje de La Mata se elaboraba todo junto, pero ahora se distingue entre una zona alta, otra media y una baja”, recalca Jaime Suárez. Las diferencias en ocasiones no solo tienen que ver con los suelos sino con los matices que separan el trabajo propio del de los viticultores. 

Los viñedos se extienden a lo largo del valle central y de los pequeños brazos o ramificaciones que se abren hacia el sur. Existe también un segundo y pequeño valle, San Juan, que discurre en paralelo al de Atauta un kilómetro más abajo y de donde sale uno de los vinos más sutiles del proyecto. En total, se trabajan unos 25 terruños diferentes.

Según Jaime Suárez, todos los viñedos del valle, con excepción de una viña injertada de unos 90 años, se plantaron en pie franco, amparados por la textura arenosa que no permite el avance de la filoxera. Las cepas más viejas, que cifra en 165 años, se localizan en el paraje de La Roza. Domina la variedad tempranillo en marcos de plantación estrechos que obligan a que todo el trabajo de campo se realice de forma manual.

El director técnico de Dominio de Atauta destaca el gran trabajo de recuperación realizado por Ismael Sanz, responsable de viticultura desde 2010. Sus grandes focos de atención en los últimos años han sido los parajes de La Roza y San Juan que se elaboraron brevemente en los primeros años de la década de los 2000 y tras abandonarse se volvieron a retomar en la cosecha 2013. Las faltas se suelen reponer con material vegetal de la propia viña. Si hay posibilidad, se intenta recuperar la planta de la manera que se explica en el vídeo inferior.  

Arenas, arcillas y roca caliza

Bajo el patrón común de una base de roca caliza y proporciones variables de arena y arcilla, Atauta concentra, según Jaime, “un gran mosaico de suelos”. La roca madre puede pasar de encontrarse a tan solo 70 centímetros, como ocurre en el paraje La Mala, a alcanzar los dos metros de profundidad en la parte más baja del valle, una zona que, con todo el sentido, recibe también el nombre de El Hondo. 

El diseño de la gama de vinos atiende a los distintos tipos de suelo. El tinto de entrada de gama Parada de Atauta (la cosecha 2017 se vende por 17,80 € en Vinissimus o vía Wine Searcher) es la única etiqueta de la bodega que incluye uvas de fuera del valle. Aquí se buscan suelos arenosos que permitan elaborar un vino más amable, con taninos redondeados y que se pueda beber antes. Las uvas proceden fundamentalmente de San Juan y del valle de Ines, que se extiende hacia el este. 

Con fermentación en hormigón y crianza en roble francés, un 50% nuevo, la tendencia es aumentar el porcentaje de barrica de 300 litros. El 2017 actualmente en el mercado muestra abundante fruta roja y azul y buena acidez para ser una cosecha temprana. Al ser Soria una zona más fría y de brotación retrasada, la helada que asoló la zona a finales de abril tuvo consecuencias menos devastadoras que en otras áreas de la Ribera. De hecho, la producción final fue un 3% superior a la media. Aquí, 2017 se considera una añada espectacular.

Dominio de Atauta (25,95 € en Vinissimus o vía Wine Searcher) es el vino que mejor refleja el sabor del valle. La selección de uva se centra en suelos de tipo arcilloso situados en su arteria principal. Para Suárez, “la familia de las arcillas da vinos más frescos, con más fruta roja, pHs más bajos y con mayor acidez y estructura en general”. En la práctica, puede aglutinar entre 10 y 12 terruños diferentes. “En la medida de lo posible criamos de forma independiente y buscamos la tipicidad del valle en el ensamblaje”, señala Jaime. La cosecha 2017 tiene el toque fragante que distingue los vinos de la casa (hierbas secas, violeta, lavanda), con notas lácticas y de confitura y un paladar opulento y sedoso, mucho menos marcado por los taninos que en las elaboraciones de antaño. 

Los vinos de pago

La añada en vigor de los terruños que se embotellan por separado es 2014. Se considera de muy buena calidad, pero menos fresca que 2017 porque, aunque había reservas de agua acumuladas del invierno e inicio de primavera, el resto del ciclo estuvo marcado por una sequía severa. Soria, por su brotación y maduración más tardías (aunque el cambio climático también hace aquí de las suyas) es la provincia que más se desmarca del resto de la Ribera. En 2015, por ejemplo, una añada madura y fácil en casi toda la DO, aquí fue muy complicada y no se elaboraron los pagos a causa de las heladas. 2016 fue excelente, fresca y equilibrada, aunque más productiva que la media

Fue muy interesante catar simultáneamente los pagos de las cosechas 2014, una de las últimas elaboraciones de Almudena Alberca, y 2016, la primera de Jaime Suárez y poder repasar las características de cada uno de los terruños. No hay que olvidar que Atauta realizó uno de los primeros desarrollos del concepto borgoñón en España. Los vinos fermentan en acero inoxidable tras unos días de maceración en frío y se crían en roble francés de segundo uso. Algunas de las novedades introducidas en esta última etapa enológica son un ligero adelanto de vendimia y más malolácticas en barrica.

He incluido fotografías facilitadas por la bodega donde se muestran las parcelas que se destinan a los distintos embotellados. Los vinos se han ordenado siguiendo el orden en el que se cataron. Es una lástima que por sus elevados precios y escasa producción sean vinos de difícil acceso. 

Llanos del Almendro. Es una de las terrazas que se divisan desde la bodega en la ladera norte del valle. Viñas de unos 140 años situadas a 940 metros (para que sirva de referencia el fondo del valle está a 920 metros de altitud). De las poco más de dos hectáreas que tiene el paraje, se destinan 1,39 (19 parcelas) al vino de pago. Es un perfil de suelo arenoso con la roca madre a 1,20 metros de profundidad. El 2016 se mostró más abierto (balsámico y tan expresivo como expansivo), mientras que el 2014 se expresaba más en clave de fruta roja, con evolución a toques mentolados y de lavanda y una presencia importante en el paladar medio. Price: 115,90 € vía Wine Searcher


La Mala. Situado en el extremo este del valle, en una terraza de ligera pendiente y orientación norte, es el suelo menos profundo de todos: solo 60 centímetros de arena y 10 de arcilla antes de alcanzar la roca madre. Son 10 parcelas que apenas suman 0,70 hectáreas y que se destinan en su totalidad al vino de pago. Cinco de ellas son propiedad de Dominio de Atauta; el resto se dividen entre cinco propietarios distintos. Cepas de 130 años a 950 metros de altitud. Parece que debe su nombre al clon de tempranillo muy poco productivo con el que está plantado que da racimos muy sueltos. El vino es más estructurado, profundo y mineral, con menos fruta, aunque hay un fondo evocador de hierbas aromáticas. La fantástica textura del 2014 hace que ese mayor peso sea perfectamente asimilable y le da una finura distintiva. Algo más exuberante y mentolado se mostró el 2016, pero manteniendo ese toque mineral tizoso bien marcado. Precio: entre 90 € y 110,90 € vía Wine Searcher.



Valdegatiles. Está situado a la derecha de Llanos del Almendro si se mira desde el pueblo o la bodega, también orientado al norte pero a menor altitud (930 metros) y con un perfil de suelo radicalmente diferente porque lo que tiene debajo son dos metros de arcilla roja sobre la roca calcárea. Esto hace que sea uno de los vinos de mayor personalidad de la gama. El paraje está formado por 15 parcelas (1,62 has.), pero solo 9 (1,09 has.) llegan al vino de pago. Son viñas de 120 años y para Jaime las más regulares de todas, lo que seguramente explica que sea el de mayor disponibilidad (entre 1.200 y 1.400 botellas). También es el vino con el pH más bajo. El 2014 se mostró esquivo al principio para luego expresarse con notas de cacao, mentolados, bombón de licor y hierbas secas. Muy sápido, consistente, con buen recorrido y un final de boca casi explosivo que sorprende y lo hace particularmente memorable. El 2016 era más fresco y abierto en nariz, con notas herbales muy evocadoras; también excelente en boca, jugoso, tanino firme bien integrado y nuevamente con gran persistencia. Precio: 115 € vía  Wine Searcher.  


San Juan. En ese valle paralelo situado un kilómetro al sur de Atauta y con orientación sur se han recuperado ya 18 parcelas (2,28 hectáreas) de las que siete (0,45 has.) van a para a este vino. Son cepas de 140 años situadas a 950 metros de altitud. Los suelos son particularmente pobres: 1,2 metros de arena con porcentajes muy bajos de arcilla y caliza que se traducen en un perfil más sutil y delicado. El 2014 tardó mucho en abrirse pero tuvo uno de los mejores desarrollos en copa (cacao, hierbas aromáticas) aunque por esa sutilidad quizás hubiera sido más adecuado catarlo antes de Valdegatiles. El 2016 mostró más profundidad y persistencia y una nariz muy compleja, beneficiándose probablemente de los efectos de una añada más fresca. Debido a la reducida producción (300-400 botellas), el precio se incrementa drásticamente. Al final, es más un ejercicio de bodega que un vino al alcance de los aficionados. Precio: 230,15 € en la web de la bodega.


La Roza. Volvemos al valle de Atauta, pero no a su espacio central, sino a uno de los brazos más profundos que se abren hacia el sur ladera arriba. Es un paraje más elevado (965 metros) y agreste, enmarcado por un bosque de encinas y con el perfil de suelo más variado y complejo: un metro de arena (con canto rodado en la superficie y con arcilla más abajo) sobre un metro de arcilla. Se cultivan 2,39 hectáreas, pero solo se utilizan tres parcelas que suman 0,24 has. para el vino. Al ser otro de los parajes en recuperación solo se elaboraron 300 botellas de la cosecha 2014 pero en 2016 pasan ya a 600. Ojalá puedan seguir incrementando la producción porque es un vino realmente interesante y completo en el que confluyen elegancia y estructura casi a partes iguales. Me pareció el más fresco y jugoso de los 2014, con muy buena textura, persistencia y profundidad; excelente tanino, firme y maduro. El patrón se repitió en la batería de los 2016 donde se perfilaba como el vino de mayor potencial. Nuevamente, el precio y la escasez lo hacen bastante inaccesible. Precio: 230,15 € en la web de la bodega.


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