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Vendimiando en la DO Toro. 2. La foto oficial de vendimia del Consejo Regulador de la DOCa. Rioja. 3. Una foto que tuiteó el sumiller Carlos Echapresto durante la vendimia en Rioja.

Cosechas

¿Qué se puede esperar de la vendimia 2016 en España?

Amaya Cervera | Martes 22 de Noviembre del 2016

Probablemente, la imagen de esta vendimia ha sido la de los cientos de racimos tirados en el suelo en Rioja. Los altos rendimientos se han dado especialmente en nuestra región más internacional, Navarra y en Castilla y León. Un contraste bastante llamativo frente a la España mediterránea donde la sequía determinó producciones bastante inferiores a la media. La imagen más triste la puso la Ribeira Sacra con el tremendo granizo que cayó a mediados de agosto en la zona de Doade y que se llevó 400.000 kilos de uva por delante.

En líneas generales, el invierno de 2016 fue de los más suaves que se recuerdan en la historia reciente del vino español. La primavera, sin embargo, resultó lluviosa en una mayoría de zonas y aseguró unas buenas reservas de agua en el subsuelo.  Pese a la amabilidad del invierno, la brotación se retrasó, “cosa que no sucedió con otros cultivos como los almendros o los frutales”, apunta Pablo Eguzkiza, de la Cía de Vinos Telmo Rodríguez que opera en un gran número de regiones vinícolas. La floración, algo retrasada en algunas regiones, se llevó a cabo sin problemas y de forma generosa; el primer síntoma de una cosecha abundante.

El verano fue muy seco en gran parte del país. En lugares como Rioja o Penedès resultó anómalamente seco, pero las temperaturas no fueron demasiado altas en muchas zonas hasta la última semana de agosto y la primera semana de septiembre, lo que frenó la maduración en algunos lugares (con el consiguiente alargamiento de la vendimia) o determinó un punto de inflexión cualitativo. En septiembre se registraron algunas lluvias, en general escasas, que no perjudicaron en exceso. La mayoría de productores de calidad coinciden en señalar que de ninguna manera constituyen la causa de unos excesos de producción que eran ya evidentes en el campo desde principios del verano.

La bendición de 2016, para quien quiso o supo aprovecharla, fue la práctica ausencia de lluvias durante el resto de septiembre y la mayor parte de octubre que permitió alargar considerablemente (hasta noviembre, incluso) una vendimia que, al final, fue relativamente cómoda, muy escalonada y con muy buena sanidad de uva.

A continuación realizamos un repaso más detallado por zonas.

Rioja

Las imágenes de racimos en el suelo que se han visto en Twitter durante esta vendimia difícilmente soportan la comparación con la tozuda defensa del viñedo borgoñón durante las heladas que afectaron en mayo pasado a una buena parte de los viñedos más legendarios de esta región francesa.

Pablo Franco, control manager del Consejo Regulador de Rioja, explica que de las 18.000 hectáreas supervisadas este año por los técnicos del organismo desde el 1 de julio, 2.000 presentaban excesos de producción antes del envero. Tras el aclareo, el problema persistió en unas 200 hectáreas, la gran mayoría viñedos jóvenes en espaldera y en zonas de valle que este año han tardado más de lo habitual en madurar.

“La cosecha ha sido muy abundante y el Consejo no ha permitido que la uva que no tuviera la calidad adecuada entrara en el circuito de producción. Por eso está en el suelo. Ahora estamos viendo qué hacer con esas viñas”, señala Franco. Las zonas más productivas este año han sido Rioja Alta (18,5% más que en 2015) y Rioja Alavesa (un 27% más) frente al descenso del 23% en Rioja Baja donde 2015 fue un año especialmente productivo.

¿Se podía haber evitado este espectáculo? Pablo Eguzkiza nos contaba que “ya en julio los racimos se veían grandes y era evidente que venía una cosecha abundante; el cuajado este año ha sido muy bueno”. Desde su punto de vista, “quitar uva implica que la planta está desequilibrada; si tienes que tirar uva en vendimia algo no va bien”.

Juan Carlos Sancha, investigador experto en variedades y productor en Baños de Río Tobía, va mucho más allá y apunta a problemas de fondo en la DOCa: “Lamentablemente, la producción crece en función de las expectativas del precio de la uva. Mientras los precios han rondado los 0,40-0,50 €/kilo, no ha habido problemas, pero ahora que se acercan al euro hay más interés. De acuerdo que este año ha sido más productivo, pero los siguientes lo van a ser también porque lo peligroso es el mar de fondo que tiene que ver con los clones productivos, el paso del cultivo en laderas al valle o el riego por goteo”.

Respecto a la calidad, Sancha señala que “salvo quienes se precipitaron en vendimiar y exceptuando también las parcelas que han tenido superproducción y en las que ha costado mucho madurar, tenemos unos vinos excepcionales”.
No es extraño que Julio Sáenz, el enólogo de La Rioja Alta, S.A., haya hablado de la vendimia “de la paciencia” porque “tras un año meteorológicamente atípico y difícil con altas temperaturas y gran sequía estival, la maduración se ha producido muy lentamente”.

En Finca Valpiedra, Lauren Rosillo, quien cree tener mejores uvas incluso que en 2010, está encantado de haber podido vendimiar tempranillos aromáticos con buena madurez y grados alcohólicos moderados. “El gran milagro –señala– es que no ha llovido en vendimia. Donde las producciones han sido moderadas, la uva ha madurado muy bien”. 

No hay duda de que la ausencia de lluvia en octubre y las temperaturas amables del otoño han sido el gran factor cualitativo de la zona. Para Pablo Eguzkiza tras el “estrés brutal que generó la sequía, se han necesitado las noches frescas del otoño para madurar la piel y librarla del amargor y la dureza generados por el estrés hídrico”. En la Cía. de Vinos comenzaron la vendimia el 1 de octubre en Rioja Alavesa y acabaron el 1 de noviembre en las parcelas más altas de Labastida. “Pocas veces –concluye Pablo– se ve una cosecha de cantidad y calidad”.

Castilla y Léon

“En los 15 años que llevo vendimiando nunca había visto rendimientos tan altos en viñas viejas”, afirma sorprendido Eduardo García. Para el responsable técnico del grupo Mauro, 2016 dará muchos vinos “de fondo de armario”, con buen nivel medio, pero no excepcionales y con menor capacidad de guarda.

Desde su punto de vista, la vendimia ha resultado “mejor de lo esperado, pero sin llegar a la altura de 2014 y 2015”. Los factores definitorios en Ribera del Duero han sido, desde su punto de vista, “la ausencia de lluvias desde mayo y el calor en los meses de julio y muy especialmente a finales de agosto y principios de septiembre que hizo que hubiera menos diferencias térmicas de lo habitual en la zona”.

Almudena Alberca, de Viña Mayor, coincide en el diagnóstico y describe la añada como “naturalmente moderna” debido a la ausencia de concentración  en unas uvas que, no obstante, entraron sanísimas en bodega. Y María del Yerro, de Viñedos Alonso del Yerro, destaca el gran carácter aromático que presentaban los vinos tras la fermentación.

De la misma manera, Eduardo García, pese a que nos confesó que sí hará su top de Castilla y León Terreus (“las viñas viejas bien trabajadas se han comportado muy bien”), anuncia vinos más ligeros, con grados alcohólicos más bajos (“viene bien para ganar finura, especialmente en Toro”), pero también acideces más bajas “porque cuando hay dilución, se diluye todo”, explica. En esta última DO, donde el Consejo Regulador habla de “producción récord”, la cosecha fue casi un 30% más abundante que en 2015, pero solo un 2% superior a 2014.

A Pablo Eguzkiza le gusta el estilo fresco y nada pesado de los vinos de Ribera y Toro en esta cosecha. Cree que, comparadas con las viñas riojanas, el estrés hídrico ha sido menor para estas cepas mejor adaptadas a condiciones climáticas más severas. Considera que la calidad estará en función del momento de vendimia.

Cigales cosechó un 12% más que en 2015 y Rueda, con casi 109 millones de kilos recogidos, se encontró con una nueva producción récord. Nuevamente, la calidad irá en función del rendimiento. En esta zona a menudo se da la paradoja, cuenta Eguzkiza, de que las pocas viñas de secano y en vaso que quedan (muchas se han transformado a espaldera para poder ser vendimiadas a máquina) maduran antes que las espalderas. 

Lauren Rosillo anuncia que en Finca Montepedroso, la bodega de Rueda de Familia Martínez Bujanda, tendrán “verdejos frescos y limpios, quizás con algo menos de extracto que la cosecha anterior”, pero desde su punto de vista con mejor calidad.

En Bierzo, la producción fue menor para la mencía y se mantuvo para la godello. Las lluvias, muy abundantes, alcanzaron los 1.000 mm. frente a la media de 600-700 mm., lo que provocó problemas de corrimiento en floración y un intenso ataque de mildic en mayo. 

Para Ricardo Pérez, de Descendientes de J. Palacios, se cumplieron las condiciones climáticas habituales en la zona pero con carácter algo extremo: un mes marcadamente frío en un invierno muy húmedo, y un verano seco y caliente. Las aproximadamente tres semanas de retraso en el ciclo se compensaron con las lluvias de finales de agosto y la vendimia empezó en fechas muy similares a 2014, aunque fue algo más escalonada. “Ha sido un año difícil de manejar por la alta humedad al principio del verano y luego por la sequía, pero los vinos son muy equilibrados, con la estructura propia de añadas continentales y los aromas de años frescos y atlánticos”. Para él el perfil es parecido a 2014; ambas son cosechas que se sitúan a caballo entre años atlánticos y continentales.

Galicia

Para Dominique Roujou, que trabaja y asesora bodegas en casi todas las denominaciones gallegas, el resultado final ha sido mucho mejor del esperado. Las mayores incidencias en esta cosecha fueron los ataques de mildiú en floración que afectaron más a unas variedades que otras en función de su ciclo (menos la albariño de Rías Baixas; más la treixadura de Ribeiro, por ejemplo), pero sobre todo el severo y generalizado ataque de mildiú que se registró en toda Galicia entre la última semana de junio y la primera de julio. Algo que para Roujou invita también “a una reflexión sobre la eficacia de ciertos productos sistémicos que acaban generando cepas de mildiú más resistentes”.

El buen tiempo del verano con un agosto “espectacular” mejoró mucho la situación y jugó a favor de una bajada del málico (elemento determinante en la albariño) y la subida del grado alcohólico. Para Roujou, es especialmente curioso que este año las tres subzonas principales de Rías Baixas, Condado de Tea, O Rosal y Salnés, hayan ido casi a la par en maduración. Al final, y pese a los habituales problemas de botritis por las lluvias en septiembre, se ha conseguido “una maduración bastante buena y mayor grado, equiparable a la cosecha 2012 con acideces que en Condado y Rosal son más moderadas de lo habitual”, concluye.

“En el lugar no recuerdan una granizada igual en 40 años”, comenta Carlos Rodríguez de Sílice Viticultores en Ribeira Sacra. La zona más afectada fue Doade, donde tienen bastante viñedo bodegas pioneras en mostrar el terruño de la región como Algueira y Guímaro. La segunda incidencia importante en 2016, como en casi toda Galicia, fue el mildiú. La producción ha sido menor, pero la viña se recuperó bastante en agosto y tras las lluvias de mediados de septiembre, el buen tiempo permitió esperar para recoger las uvas en su mejor momento. “No será tan buena como 2015, pero está por encima de 2012 y 2013”, señala el enólogo francés Dominique Roujou quien asesora a Ponte de Boga en la zona.

En Valdeorras, Pablo Eguzkiza recuerda que a la primavera lluviosa y sin heladas le siguió un verano seco que generó estrés hídrico y retrasó la vendimia de los blancos, aunque se han conseguido mostos muy equilibrados, mientras que en los tintos hay más frescura y menor grado.

Cataluña

“Nunca había visto un año tan seco en el Penedès”, explica Mireia Torres, directora general de Jean Leon y Torres Priorat y responsable de I+D+i del grupo familiar. De los 450-500 mm. de lluvia habituales en la zona, este año se han registrado poco más de 200 mm. “No ha llovido en periodo vegetativo y los rendimientos han sido muy bajos: hasta un 50% menos en alguna parcela de merlot y en torno a un 25% en general”.

En este sentido, Bruno Colomer, director técnico de Codorníu, decía en una presentación realizada hace unos días en Madrid: “Este año he prensado las uvas más pequeñas del mundo. Hay un 30% más de racimos, pero el rendimiento de kilos por hectárea ha bajado otro tanto. Hay muy poco volumen, mucha uva y gran intensidad aromática”.

Para Mireia Torres, las variedades autóctonas y las de ciclo largo, ayudadas por la lluvia de septiembre, son las que mejor han respondido. Destaca la calidad en los blancos: “frescos y aromáticos y con buena acidez porque, aunque ha habido sequía, las temperaturas han sido bastante moderadas durante el verano”. Los tintos, en cambio, se anuncian intensos y concentrados.

En Priorat, las circunstancias fueron similares, pero las altas temperaturas a finales de agosto y septiembre aceleraron la maduración sobre todo en los viñedos más jóvenes y obligaron a vendimiar algunas parcelas antes de tiempo, explica Mireia. Desde su punto de vista, las zonas más cálidas fueron las más perjudicadas. También nos cuenta que la producción se ha compensado, de modo que los rendimientos son similares a otros años y que el estado sanitario de la uva es bueno. 

Las temperaturas moderadas fueron también una constante en Conca de Barberà, donde la primavera sí fue lluviosa y lo mismo en la zona casi limítrofe de Costers del Segre donde la sequía se notó mucho más. No obstante, Mireia Torres considera que en zonas secas por naturaleza como ésta, las variedades están bien adaptadas y responden mejor a condiciones de escasez de agua.

Otras zonas

Navarra. La tónica general fue la abundancia y el retraso generalizado respecto a un año normal, pero con excepciones. En la subzona de Ribera Alta, la producción ha caído un 15% respecto al año anterior y, según explica Adriana Ochoa, de Bodegas Ochoa, “hemos podido salvar la cosecha gracias al riego gota a gota porque si no habríamos tenido una pérdida brutal de vegetación debido a los calores de finales de agosto y principios de septiembre”.

Este calor también bloqueó la madurez de la uva y generó un retraso de unos 15 días que al final “ha sido muy positivo de cara a la elaboración de vinos más frescos y equilibrados”, señala Adriana. “Este año vamos a encontrar vinos con menos grado y acidez”, añade. Desde su punto de vista, las variedades locales han funcionado muy bien (“la moscatel ha pasificado bien y a tiempo, las garnachas han madurado bien y en el caso de la tempranillo ha dependiendo mucho del suelo y el régimen hídrico”). Con las foráneas se han producido excepciones: “La merlot, por ejemplo, que es de las primeras variedades que se vendimian, este año ha sido una de las últimas”.

En la zona más fresca y septentrional de Baja Montaña, Elisa Úcar de Domaines Lupier se muestra muy satisfecha con la cosecha y señala que tras un invierno con nieve y reservas de agua en el suelo el año iba un tanto retrasado, pero los 60-70 litros que cayeron entre finales de agosto y principios de septiembre fueron un factor cualitativo decisivo. “Los vinos son florales, con mucha fruta roja y acidez”, señala.

Aragón. Bartolomé Abellán, director técnico de Gil Family Estates, considera que tanto la producción como la calidad han sido similares a 2014. “En Campo de Borja los rendimientos han sido algo menores por la sequía; en Calatayud, hemos tenido más cantidad de uvas pero con bayas muy pequeñas debido a la escasez de lluvia”.

Gredos. Pablo Eguzkiza habla de un año productivo gracias al buen cuajado de la uva incluso en una variedad como la garnacha, en la que el corrimiento es muy habitual.  La fecha de cosecha se ha retrasado respecto a lo habitual e incluso a los granos les costó completar totalmente el envero, pero “la vendimia ha sido fresca”, concluye.

La Mancha. Lauren Rosillo nos cuenta, según su experiencia en Finca Antigua, la bodega manchega de Familia Martínez Bujanda, que la cantidad cosechada fue muy similar a la del año pasado y sin excesos de rendimiento. “Aunque el verano ha sido más suave que en 2015, hizo mucho calor durante la primera semana de septiembre coincidiendo con la fase final de maduración. En blancos ha sido buena, pero las cepas de tinto se bloquearon”. El ascenso de temperaturas truncó las altas expectativas que había hasta entonces. La cosecha, para Rosillo, irá más en línea con 2003 y 2005.

Jumilla. Bartolomé Abellán, director técnico de Gil Family Estates, está satisfecho con la “sanidad excepcional” de las uvas que cosecharon este año, pese a la merma de en torno a un 25% de la producción respecto a un año normal a causa de la sequía. No llovió nada desde la primavera y cuando llegaron las lluvias en octubre, ya era tarde. Desde su punto de vista, las características de la añada son similares a las del año anterior con buena concentración y grados relativamente elevados en la parte murciana de la DO y algo menores en la zona de Castilla-La Mancha donde se registraron más lluvias y el viñedo se cultiva a mayor altitud. 

Almansa. Bartolomé Abellán la considera mejor que 2015, un año marcado por las lluvias y la botritis. “En 2016 la sanidad fue muy buena, las lluvias de septiembre ayudaron un poco en la maduración final y se vendimió a finales de octubre”. Se esperan vinos con menor grado alcohólico, lo que en esta zona es positivo.

Málaga. Verano inusualmente fresco para Pablo Eguzkiza, ya que tardó mucho en empezar a hacer calor de verdad y la moscatel es una variedad que necesita un cierto estrés hídrico. Recuerda también que “para poner la moscatel en la pasera debe haber madurado previamente en la planta”. Este año no solo se retrasó la maduración (“la primera pisa la hemos hecho el 22 de agosto y la última el 1 de noviembre”), sino que el secado en pasera ha sido más largo, pero parece que el equilibrio va a ser bueno”, observa.

Baleares. Francesc Grimalt de 4 Kilos en Mallorca nos habla de un verano muy seco pero afortunadamente con temperaturas suaves que evitaron que se reprodujera el efecto de la cosecha 2003. “Ha sido una año muy bueno para las variedades locales porque ha habido una buena concentración, aunque no tanto para las foráneas”, explica. A diferencia de otras regiones, Mallorca se libró del golpe de calor que sacudió gran parte de la Península entre finales de agosto y principios de septiembre.

Canarias. Recién llegada de las islas, Yolanda Ortiz de Arri ha tenido la oportunidad de recabar directamente las opiniones de distintos productores. 

En Tenerife, tanto Borja Pérez (Ignios Orígenes, DO Ycoden Daute Isora) como Jonatan García (Suertes del Marqués, DO Valle de La Orotava) también hablan de un año difícil, con un invierno sin frío ni lluvias que, en algunos casos, derivó en una brotación temprana e irregular. En otros casos, la primavera fría, paralizó la brotación de algunas viñas. “En verano se registraron olas de calor de hasta 43°C, algo muy poco habitual en La Orotava, en el norte de la isla”, explica Jonatan García. “La Solana, una parcela de listán tinto de orientación este situada a unos 350m de altitud, no saldrá en 2016; sin embargo, las parcelas situadas en cotas de entre  400-700 metros de altitud son de gran calidad y han madurado muy bien”.

Borja Pérez recuerda que se pasó de 26ºC el 26 de diciembre a nieve en enero y las plantas sufrieron. “La poda se retrasó casi un mes”, señala. En Icod se habla de un 40-50% menos de producción. La zona de Anaga, donde el equipo de Envínate elabora Táganan y Parcela Amogoje, también ha sufrido mucho (De hecho, éste último no se elaborará en 2016). Roberto Santana, sin embargo, está contento con la calidad general de su viñedo, especialmente en Santiago del Teide, de donde sale su nuevo Benje de listán prieto, y confía en poder sacar al mercado un par de nuevas etiquetas de los viñedos que han empezado a trabajar en la zona de La Orotava.

Victoria Torres, de Matías i Torres, en La Palma considera el año “muy complicado”, con un descenso de la producción muy importante tanto en el norte como en el sur de la isla debido a la fuerte sequía del verano y la ausencia de lluvias. 

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