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Imágenes de vendimia facilitadas por: 1. Verum. 2. Balancines (nocturna y manual). 3. Abadal. 4. Torres Priorat. 5. Mas Doix (cariñena afectada por el calor). 6. Celler del Roure. 7. Los Frailes (viñedo afectado por la lluvia). 8. Victoria Torres.

Cosechas

La cosecha 2019 en la mitad sur, regiones mediterráneas e islas (y II)

Amaya Cervera | Martes 19 de Noviembre del 2019

Tras el informe que publicamos la última semana de octubre sobre Galicia y la mitad septentrional, a continuación reproducimos las impresiones de una veintena de elaboradores de la mitad sur, las regiones vinícolas del Mediterráneo, Baleares y Canarias. Una reducción importante en la cantidad y la obtención de uvas de alta concentración son dos de los muchos puntos en común con otras zonas de España.

2019 se recordará por las olas de calor, en especial la de la finales de junio que literalmente abrasó un buen número de cepas en Cataluña, y los estragos de la gota fría en Levante a principios de septiembre que dejó viñedos anegados (aquí abajo el vídeo que hizo el enólogo Dominique Roujou en Los Frailes, en Valencia y arriba una imagen de la misma viña 25 días después; la vid tiene una capacidad de recuperación casi milagrosa). 

Retos climáticos y humanos 

La sequía ha determinado unas producciones mucho más bajas. Victoria Torres, valiente elaboradora de La Palma, nos hablaba de las alarmantes consecuencias que está teniendo la sequía acumulada unida al abandono del campo y a la falta de relevo generacional. 

Otro episodio triste fue la bajada en los precios de la uva en varias zonas con especial incidencia en la región del Cava (hasta 0,30 € kilo) donde se dio la “tormenta perfecta” al confluir las existencias relativamente altas tras la abundante cosecha 2018, la nueva gestión al frente de los gigantes de las burbujas Freixenet y Codorníu y la salida de la DO, unos meses antes, de las bodegas que forman parte de Corpinnat. Pese a que los asociados de esta marca colectiva europea se comprometen a pagar precios muy superiores a la media, su capacidad de influencia en el conjunto del mercado es realmente pequeña. 

Al final del artículo se pueden consultar las tablas de evolución de precios de variedades de referencia en distintas zonas vinícolas. La revista sectorial La Semana Vitivinícola ha compartido generosamente esta información con SWL. 

Castilla La Mancha

La sequía determinó una vendimia escasa, aunque el verano fue mucho más moderado de lo habitual en la mayoría de zonas. Esta fue la tónica en Méntrida (Toledo), donde la enóloga de Arrayán Maite Sánchez destaca también la brotación adelantada (20 días con respecto al año anterior), el estrés hídrico y la producción muy corta de albillo, no solo por la sequía sino también por los pájaros (“es la primera uva en madurar y eso la convierte en el centro de su atención”). Su diagnóstico: “Hay grado, pero no se ha producido pérdida de acidez gracias a ese verano no muy caliente; las uvas son concentradas y la calidad ha sido buena”.

En Cuenca, Lauren Rosillo, enólogo de Finca Antigua (Familia Martínez Bujanda), está entusiasmado con sus cabernets de excelente maduración sin pasarse de los 13,5% vol. y excelente acidez. “No hemos tenido olas de calor. Ha sido un año fresco”, señala. 

En Tomelloso (Ciudad Real), Elías López Montero de Verum tiene sensaciones encontradas: “Para nosotros ha sido una añada complicada, con el punto de vendimia menos evidente que otros años y hemos decidido vendimiar algunas variedades antes de lo esperado. Los vinos sin duda estarán influenciados por la añada, pero a veces ciertas deficiencias se pueden convertir en algo diferencial y eso es algo que me gusta porque el vino no es Coca-Cola”. La suya fue una vendimia temprana, a tono con una brotación también adelantada y con problemas de cuajado por el calor de junio que ha determinado producciones más bajas y que ha beneficiado en general a las variedades de ciclo corto. “En airén, que es la variedad que marca la calidad, se ha obtenido del orden de un 40% menos en viñedos de secano y del 25% en riego”, explica. El perfil le recuerda un poco a 2013, pero con menor tasa de cuajado y nivel de vinos superior. 

El calor sí que se notó en Manchuela, lo que unido a la ausencia de lluvias generó estrés en la planta. Gracias a su filosofía de vendimias relativamente tempranas, Juan Antonio Ponce consiguió que las uvas más tempranas entraran en bodega con buena acidez y poco grado. Destaca la calidad de la blanca albillo: “Los viñedos que van a Reto son muy antiguos y de poca producción; ha sido una añada muy buena para blancos”. Cuando el panorama parecía complicarse, los 40 litros que llegaron al rebufo de la gota fría cambiaron la vendimia de las parcelas más tardías y permitieron que las uvas de sus vinos parcelarios ganaran peso y las plantas se recuperaran. En cuanto a cantidad, “tenemos un 15% menos de producción que compensaremos con siete hectáreas de bobales muy viejos de Villanueva de la Jara que hemos empezado a trabajar este año”. Más allá de las condiciones específicas del año, “todas las vendimias se basan en el viñedo que tienes y en cómo lo trabajas”, recalca Ponce. 

Extremadura

En Pago Los Balancines (Ribera Alta) Pedro Mercado habla de calidad “espectacular” en una vendimia muy sana y sin que el perfil de los vinos sea cálido. “He sido conservador para vendimiar pronto y escapar de los calores que pudieran provocar deshidrataciones. Gracias a la brotación temprana hemos tenido madurez en una época en la que no ha hecho mucho calor. Andamos en una media de 14% vol. con buenas acideces”.  Su variedad favorita ha sido la tintorera, tanto en parcelas jóvenes como viejas; la más complicada, la graciano, porque ahora queda la tarea de equilibrar los 9 g/l de acidez con los que ha entrado en bodega.

La noticia negativa es la escasez de uva, agravada por el hecho de que todos los viñedos de Balancines son vasos de secano sin posibilidad de riego. “En rendimientos hemos pasado de 2.000 kg/Ha a una media de 1.200-1.300, pero algunas parcelas se han quedado en 900 gramos. Al haber tan poca uva, la vendimia se hace muy lenta y pesada”, señala. No es habitual ver imágenes (en el carrusel superior) de vendimia nocturna manual como la que se practica en esta bodega.

Andalucía

Málaga. En la Axarquía, Pablo Eguzkiza, de la Cía de Vinos Telmo Rodríguez, describe 2019 como una vendimia temprana, seca, con poca producción y madurez corta para la moscatel. “Hubo que cortar pronto porque empezaba a pasificarse en planta; en las paseras, en cambio, el proceso fue muy bien”, señala. Dice que los vinos secos son muy aromáticos pero que el carácter de la moscatel está algo menos marcado este año. 

Lauren Rosillo, que solo elabora vinos secos en esta región de empinadísimas laderas la considera una añada fantástica pese a la caída en la producción. “Hay mucha concentración y tenemos más color del habitual en los tintos”, comenta.

En Ronda, Bibi García, directora técnica de Cortijo Los Aguilares, habla de un 30% menos de cosecha (“aunque había muchos racimos, la uva pesaba muy poco”), con un invierno y veranos muy secos por lo que las plantas tuvieron que tirar de reservas del año anterior, pero sin golpes de calor y sin las pasificaciones de otros años. “El ciclo se ha acortado dos semanas con respecto al año pasado para las variedades más tempranas y entre tres y cuatro en las más tardías. Ha venido casi toda la uva de golpe porque al final apretó el calor y los grados subieron muy deprisa. La madurez es algo irregular, pero sin taninos verdes y con mucho málico. Tenemos acideces históricas”. Con un estado sanitario excelente, Bibi señala que el comportamiento de las variedades ha sido irregular. A su juicio, las de ciclo largo (petit verdot, garnacha y graciano) “están increíbles”. 

Cádiz fue otra de las provincias que esquivó el calor. Tras una primavera cálida que hizo que la planta empezara a vegetar temprano, las temperaturas de julio y agosto fueron más bajas de lo habitual. “Teóricamente podría ser una vendimia perfecta porque la maduración se ha producido con temperaturas frescas y ha llovido poco”, señala Willy Pérez de Bodegas Luis Pérez. “La uva está muy concentrada: tanto en aromas como en azúcares, lo que va muy bien para los palominos, y además hay mucha acidez, con pHs de 3 y hasta 2,9”, añade. Reconoce, eso sí, la complicación para llevar las fermentaciones a término (“tengo algunas botas con cuatro y cinco gramos de azúcar residual”), pero prácticamente no ha corregido la acidez con mostos verdes. “La uva tiene un sabor y una fruta como no he probado desde 2016. Lo que me falta saber ahora es si los vinos tienen finura”, nos cuenta. La parte negativa, una vez más, ha sido la cantidad (“45% menos que en 2018 en nuestro caso”) por la sequía (450 mm. frente a los 600-650 mm. habituales en la zona).

En Chiclana, Primitivo Collantes comparte los desastrosos rendimientos (“entre un 40 y un 45% menos, aunque oficialmente se dice que un 30%”). En su caso, y por la cercanía del mar, la humedad ha marcado mucho el año con algunas zonas afectadas por mildiu y oídio. “Entre las nieblas y los vientos frescos de poniente, la uva no avanzaba”. Por suerte, la tendencia cambió en agosto, con más calor y alguna racha de viento de Levante que activó la maduración. “Lo bueno de este año es que las acideces han sido buenísimas. La uva ha venido muy compensada y con graduaciones algo más altas por lo que habrá que comprar menos alcohol. Llegar a 14% vol. en la costa es excepcional ya que rara vez pasamos de 13% vol., pero esto va muy bien para vinos de guarda”, apunta. 

Cataluña

Josep Sabarich, director técnico de Familia Torres habla de una caída general de rendimientos en Cataluña que va desde 15% hasta un 30% en muchas zonas de Priorat. Destaca la “terrorífica ola de calor” de finales de junio “que nunca habíamos visto en esas fechas”. En muchos viñedos el daño no se notó hasta casi dos semanas después: muchos granos se secaron en una especie de “aclareo térmico” que perjudicó especialmente a la cariñena y provocó pérdidas de hasta el 50 y 60% en zonas bajas de Terra Alta, Priorat y Montsant. Habla de un año maduro para vinos blancos, pero con más acidez de lo normal (“son francos, abiertos y maduros”) y una cosecha excelente para tintos.  

Las oleadas de calor afectaron de forma diferente a las distintas regiones catalanas. Delfí Sanahuja, enólogo de Castillo de Perelada habla de dos vendimias muy diferenciadas en Empordà: una antes de la subida de temperaturas de la segunda semana de septiembre (“uvas con buena madurez, acidez, pH, grado perfecto y mucho aroma”) y lo que vino después, que fue de perfil menos fresco. “Sucedió algo que no había visto nunca: de jueves a lunes subió el alcohol entre 2 y 2,5 grados dependiendo de la variedad. Las uvas maduraron de golpe”. Pese a ello, considera que la calidad es “entre muy buena y excelente” y elaborarán todos los vinos top de la bodega. También habla de una reducción de producción en la zona de entre un 10% y un 20% que afectó más a las variedades de grano pequeño (chardonnay, merlot y cabernet) y a la garnacha que sufrió bastante corrimiento, aunque en general se consiguieron racimos “muy equilibrados y homogéneos, con buena concentración y equilibrio”. 

En Pla de Bages, Ramón Roqueta de Abadal recordaba que la punta máxima de la ola de calor de junio se registró en Artés con tres días por encima de los 44 grados. En esta zona continental el ciclo fue bastante particular: tras un febrero templado, en marzo cayeron las temperaturas y se alargó el invierno. “Pese a que la ola de calor recortó una parte del ciclo, la vendimia ha sido tardía y eso explica que no hubiera plantas quemadas como en otras zonas. Llevamos ya varios años trabajando la ventilación con cobertura de hojas para evitar el sol directo en función de la exposición”. Según Roqueta, la sanidad ha sido excelente y los resultados muy parecidos a otras zonas: uva pequeña, racimos aireados y alta concentración. “La última fase se benefició de temperaturas más frescas. Hemos conseguido maduraciones muy completas de pieles manteniendo la acidez”.

En las condiciones de esta cosecha se puso de manifiesto la alta resistencia a la sequía de las variedades autóctonas (mandó, sumoll, picapoll). “Son algo más productivas, pero tienen en común que son uvas tardías y que dan grados moderados. Hemos vendimiado mandós el 22 de octubre con 13% vol., que hoy en día en España es casi como una utopía”, señala Roqueta. Frente a 2018 que fue muy buena para ellos, este año ha permitido trabajar con tranquilidad, afinar mucho y hacer bastantes pruebas. 

En Penedès Josep Sabarich diferencia entre las uvas destinadas a espumosos y vinos tranquilos. En estos últimos los rendimientos han sido muy inferiores para blancos y algo menos para tintos. En espumosos, según Ton Mata de Recaredo, bodega miembro de Corpinnat, 2019 es la primera cosecha con producciones aceptables en mucho tiempo: “Hemos conseguido una media de 7.000 kg/Ha, frente a los 5.600 kg que han sido la media de los últimos siete años. Mata destaca asimismo que la uva ha sido muy sana y que al final tuvieron que correr porque el pH empezó a subir con bastante rapidez.

La vendimia en Priorat ha sido agridulce por la reducción de cosecha y los efectos de la ola de calor de junio, pero los productores están contentos con la calidad final. Es significativo que Ricard Rofés de Scala Dei y Sabarich de Torres compartan la idea de que ya no existen años normales, de modo que las comparativas cada vez son más difíciles. 

El diagnóstico de cosecha de Rofés se reduce a tres palabras: corta, sana y rápida. Estuvo muy marcada por la sequía (“llovió más el 29 de octubre que todo lo que llevábamos acumulado del año”) y, en su caso, con un 21% menos de producción, pero con diferencias marcadas entre las viñas de menos altitud en pizarra y las garnachas de altura en arcilla. “En las cariñenas viejas de coster que van al coupage del Cartoixa y a Heretge nos hemos quedado a la mitad; se quemaron todos los racimos que estaban expuestos. La garnacha solo se quemó lo que se había azufrado recientemente, la piel de la garnacha siempre está turgente y el grano no se deshidrata como ocurre con la cariñena”, explica.

Valentí Llagostera de Mas Doix incide en la confluencia de las altas temperaturas y la caída de la humedad hasta niveles desconocidos por la influencia de los incendios en Ribera d’Ebre en Tarragona (“el humo y la ceniza llegaron hasta Priorat”). Han tenido cariñenas en las que se ha secado un brazo, pero la planta ha dado frutos en los otros dos. “Como si hubiera sacrificado una parte para madurar a la perfección unos pocos racimos en los que no hay rastro de los efectos del calor”, señala Llagostera quien confirma que, al final, ha sido una de las mejores cosechas que ha visto en la zona. 

Rofés, por su parte, destaca la concentración de los vinos “con colores que no había visto nunca en la garnacha”. Hay grados más altos que en 2018, pero muy buena acidez. “Los vinos son frescos, lo que nos está permitiendo alargar las maceraciones (Sant Antoni, Mas Deu y algunas otras parcelas estaban sin descubar a principios de noviembre). Dice que la mesa de selección este año se ha utilizado como cinta transportadora. “No tengo partidas para vino joven; todo tiene calidad para ir a crianza”. Le recuerda a la 2013, que fue muy buena, aunque no tan corta. 

Sabarich también relaciona ambas cosechas sobre todo en lo que se refiere a maduraciones lentas a finales de septiembre y principios de octubre. “Son vinos muy tensos y frutales, incluidas las cariñenas que al principio siempre resultan más vegetales y rústicas”. 

En Terra Alta el golpe de calor de junio afectó a la garnacha y sobre todo a la cariñena, según Ramón Roqueta (Lafou). Se vivió como algo alarmante en la zona porque era algo que no se había visto nunca, pero Roqueta cree que su incidencia en el cómputo global de la vendimia no fue tan determinante. Comparte la sensación de otras zonas de racimos con uvas más pequeñas. La merma de producción en su caso se sitúa en torno al 20-25%. Están contentos con las calidades de la garnacha blanca. Las tintas empezaron a vendimiarse el 17 de septiembre después de las lluvias, primero la garnacha, luego la cariñena y terminaron el 11 de octubre con la morenillo. “La calidad es muy buena y el perfil de los vinos no será cálido en absoluto”, señala. Valora muy positivamente que se consiguieran maduraciones fenólicas completas sin sobremaduración. “Las acideces son buenas y no se ha disparado el grado. Promete mucho, creo que es de las mejores cosechas que hemos tenido tras una 2018 bastante desastrosa y 2016 y 2017 que fueron cálidas”.

El Sureste, pasado por agua

La vendimia estuvo marcada por las torrenciales lluvias provocadas por la gota fría o la DANA. En Requena no tuvieron tanta incidencia según Toni Sarrión (34 litros una noche, 20 el día siguiente y 20 más un día después). Se esperaba una vendimia a la antigua y retrasada porque en agosto la bobal tenía muy poco grado, pero las lluvias cambiaron la situación y el buen tiempo posterior encarriló una vendimia marcada por el color y la concentración que choca con la tendencia de los últimos años hacia vinos más ligeros. Los granos son muy pequeños como consecuencia de la sequía y las lluvias no modificaron este factor. “El alcohol es un poco alto porque al esperar tras la lluvia ha subido del orden de un grado cada tres/cuatro días en lugar de cada ocho, pero los pHs y las acideces son normales”, señala. “Tenemos unos vinos impresionantes”, dice Sarrión, quien asegura no haber visto nunca tanto color ni tanta concentración. “Hemos remontado solo una vez por la mañana, lo justo para que no se oxide el sombrero”. 

En cuanto a los blancos, “las primeras uvas que cogimos pronto para evitar las lluvias son regulares, con buenos aromas, pero flacas y con mucho málico. La merseguera y la malvasía vendimiadas tras las lluvias en cambio son buenísimas”, señala.

En Fontanars (Valencia), en los viñedos de Los Frailes se habían recogido con buena calidad las uvas blancas, la tintorera y la syrah. Le tocaba el turno a la marselan cuando el día 12 cayeron 185 litros en seis horas. La más afectada fue la monastrell que aún no estaba madura y se vendimió 25 días después gracias al buen tiempo de la segunda quincena de septiembre. “Tuvimos que tirar algo de uva, pero el resto maduró bastante bien”, señala Roujou. Hay buena calidad para vinos jóvenes, pero aún no saben si harán 1771 y los otros tops. 

En la propiedad cercana de Celler del Roure, Pablo Calatayud nos contaba que recordará la añada 2019 por dos temporales: el bueno y el malo. El bueno fue el de Pascua, (“una lluvia fina y necesaria que dejó 200 litros en cinco días”) y el malo, evidentemente, el de la segunda mitad de vendimia que perjudicó sobre todo a la monastrell. Hay buena calidad en variedades tempranas y de ciclo medio que ya estaban en bodega y en la monastrell hubo que seleccionar mucho para retirar todo lo que no estaba bien. Muy interesantes sus comentarios sobre la variedad arcos: “Nos ha vuelto a demostrar que resiste muy bien estas lluvias torrenciales. Es aún más tardía que la monastrell así que cuando llovió, las uvas estaban más verdes y duras. Pero además tiene una piel gruesa muy resistente a la botrytis”. 

En Alicante, Violeta Gutiérrez de la Vega, de Gutiérrez de la Vega y Curii, tuvo que enfrentarse a una cosecha muy mermada por la lluvia. “Lo que no recogimos antes de la lluvia tuvimos que seleccionar. Al final era recoger lloviendo, tirar en el campo y luego seleccionar. Hemos perdido más giró porque la mayor parte de la moscatel ya estaba en bodega. No es un año para recordar. La selección ha sido primordial; quien la haya hecho se salva un poco”.

En Jumilla, José María Vicente de Casa Castillo, describe 2019 como una añada seca, temprana y de corte mediterráneo en línea similar a 2015 y 2017. El perfil es de vinos explosivos y frutales frente a la verticalidad, fluidez y mayor timidez de añadas continentales como 2016 y 2018. Sin embargo, en 2019 hubo un antes y un después de los 200 litros que cayeron en septiembre. “Hay una primera parte muy buena con las variedades de ciclo más corto, la garnacha y la syrah. Luego tuvimos que parar con la lluvia y el reinicio fue regular. Por suerte, el buen tiempo que siguió permitió secar la uva y evitar la botrytis, pero luego el final de vendimia con la monastrell joven y de suelos arenosos fue regular porque son viñas con más carga y más tardías. Pero hemos conseguido salvar el 70%”. La buena noticia es que sí habrá Gravas y Pie Franco, y se anuncia un excelente año para la garnacha y el syrah. Las dificultades, paradójicamente, vendrán en los vinos más básicos. 

Baleares

En Bodegas Ribas (Consell, Mallorca) consideran que el factor clave este año fue la escasez de precipitaciones que incidió muy positivamente en la sanidad la vendimia. El verano fue algo más cálido que 2018 pero similar a 2017; no se puede hablar de ola de calor a su juicio. “Este año fuimos más precavidos y aplicamos más riego”, nos decía Araceli Servera. “Al igual que en 2017 las graduaciones son moderadas debido a que la planta, para evitar la evapotranspiración, cierra estomas y ralentiza la maduración”. Considera que este fenómeno es una ventaja a la hora de elaborar vinos con variedades de graduación tan elevada como la manto negro (15% vol. este año), pero añade: “No me atrevería a decir que sea beneficioso para la planta, especialmente a largo plazo y después de una serie consecutiva de veranos cálidos, muy cálidos o extremadamente cálidos, en particular 2015, 2016 y 2017”.

En Porreres, también en Mallorca, Barbara Mesquida asegura haber vivido su mejor vendimia desde que lleva elaborando, “no tanto por las condiciones que han sido buenas, sino por tener un concepto más asentado, viñas bien trabajadas y un buen equipo”. Hubo algún momento de preocupación (“a principios de junio la viña tenía un aspecto cansado por la escasez de lluvias”), pero unas pequeñas precipitaciones en julio y las temperaturas moderadas del verano llevaron a una cosecha muy sana con un 20% menos de producción. Pese a trabajar en biodinámica casi no tuvieron que utilizar cobre y las cantidades de azufre fueron menores que otros años. “Muchos días no he puesto ni la cinta de seleccionar porque la uva era de revista”, nos decía.

Dentro del estilo de frescura que busca, en blancos empezó a vendimiar muy pronto (7 de agosto) para preservar el perfil fresco de fruta cítrica. “En tintos no es un año de hollejo muy maduro, pero las pieles eran gruesas y había poco mosto, por lo que hemos trabajado con maceraciones más cortas y carbónicas. Hay mucha fruta y frescura”, señala.

En Ibiza, donde Dominique Roujou asesora a Ibizkus, la calidad ha sido buena pero lamentaba que las torcaces se hubieran comido la mitad de la monastrell de viñedos tradicionales en pie franco.

Islas Canarias

En Tenerife, Jonatan García de Suertes del Marqués nos contaba que los rendimientos habían sido particularmente bajos para las variedades blancas con descensos en producción de hasta el 50% (“no salían racimos, ha sido algo muy poco habitual”), pero que en los viñedos de listán, de rendimientos medios, estaban en sintonía con un año normal. Calcula que el descenso de producción global en el valle de la Orotava será en torno al 20%. La calidad de la añada es buena, pero la sitúa por debajo de 2018 que fue realmente espectacular.

En la isla de La Palma encontramos a una Victoria Torres Pecis un tanto descorazonada, no tanto por las circunstancias concretas de la vendimia sino por la evolución general del viñedo en la isla. “Llevamos un ciclo de sequía de siete años, en las últimas vendimias más acusada, que está afectando especialmente al sur de la isla. Aunque son viñas viejas protegidas por la capa de ceniza volcánica bajo la que se acumula agua, las reservas están agotadas y este año han muerto muchas plantas”.

Para Torres el problema más acuciante ahora es cómo continuar. No hay relevo generacional y el abandono paulatino del viñedo afecta a los pocos que siguen cultivando. “No se pueden resolver los problemas y ofrecer soluciones porque no hay gente joven. A alguien con 70 años no le toca asumir este papel cuando lo que cultiva muchas veces no llega a una hectárea”. Una consecuencia muy visible este año ha sido la presión de la fauna: “Hemos visto animales comiendo uva verde y conejos alimentándose de brotes de viña hasta el final del ciclo porque no tenían otros cultivos a los que recurrir. No es solo el cambio climático; es la situación del mundo rural y la agricultura”, explica.

El comportamiento de las viñas también ha sido preocupante, en especial el desarrollo muy anómalo de la listán blanco (“nunca he visto sarmientos tan cortos”). La negramoll ha funcionado mal y ahora se están viendo las variedades mejor adaptadas; la malvasía es la que mejor ha funcionado este año”, comentaba.

La producción se ha reducido a la mitad en su bodega y en general en la isla (se han vendimiado 650.000 kg frente a 1.400.000 en 2018). Las cantidades en su caso han sido tan pequeñas que apenas ha utilizado su prensa neumática de 1.000 kg de capacidad en cuatro ocasiones. “He tenido que adquirir una prensa vertical para vinificaciones de 300 kilos”, contaba con tristeza. 

La viticultora Ascensión Robayna, parte del nuevo y fascinante proyecto de Puro Rofe en Lanzarote, señala también que “la falta de lluvia de los últimos años incrementa más, si cabe, la dificultad de este escenario de lo imposible” aunque sus sensaciones son más positivas (“siempre se obra el milagro”). En sus viñedos, 2019 “ha sido significativamente menor que la campaña anterior, pero de una extraordinaria calidad”. 

Más allá de la escasez por la sequía acumulada en El Hierro (se calcula un 60% menos de la media de los últimos años) y el buen estado sanitario, Pablo Matallana de Bimbache Vinícola ve diferencias entre la zona del Pinar, donde “la cosecha se redujo drásticamente debido a las altas temperaturas sufridas a mediados de agosto” y parte norte de la isla donde “ la vendimia se desarrolló en las fechas habituales”. 

EVOLUCIÓN DEL PRECIO MEDIO DE LA UVA EN ESPAÑA*

Zona

Variedad

 

2019

 

2018

 

2017

 

2016

 

2015

Ribeiro

Godello (B)

1,2

1,35

1,2

1,35

1,2

1,3

 

 

0,7

0,8

Rías Baixas

Albariño (B)

1,3

1,45

1,3

1,45

1,3

1,4

1,15

1,25

0,9

1,1

Rioja Alavesa

Tempranillo (T)

0,85

1,1

1,1

1,25

1,2

1,25

0,9

1

0,9

1

Rioja

Tempranillo (T)

0,85

1

0,95

1,05

0,85

1,2

0,8

1

0,78

0,9

Somontano

Cabernet (T)

0,57

0,61

0,44

0,55

0,52

0,55

0,42

0,53

0,6

0,65

Cava

Macabeo (B)

0,3

0,35

0,4

0,45

0,4

0,5

0,36

0,45

0,35

0,4

Ribera Duero

Tinta del País (T)

1

1,5

0,8

1,5

1

1,5

0,9

1,19

0,85

1,2

Rueda

Verdejo (B)

0,6

0,65

0,8

0,9

0,9

1

0,7

0,9

0,6

0,75

La Mancha

Airén (B)

0,18

0,23

0,22

0,29

0,26

0,34

0,22

0,25

0,15

0,18

La Mancha

Cencibel (T)

0,21

0,32

0,27

0,37

0,35

0,4

0,25

0,29

0,19

0,22

Utiel-Requena

Bobal (T)

0,28

0,31

0,25

0,31

0,28

0,38

0,25

0,27

0,19

0,22

Alicante

Monastrell (T)

0,32

0,34

0,31

0,35

0,35

0,38

0,27

0,3

0,2

0,23

Valencia

Moscatel (B)

0,28

0,3

0,28

0,3

0,33

0,37

0,4

0,45

0,45

0,55

Jumilla

Monastrell (T)

0,31

0,33

0,29

0,32

0,41

0,52

0,26

0,29

0,2

0,23

Tierra de Barros

Pardina (B)

0,2

0,24

0,23

0,25

0,26

0,29

0,17

0,18

0,13

0,15

Montilla-Moriles

P. Ximénez (B)

0,4

0,43

0,36

0,42

0,36

0,38

0,32

0,35

0,31

0,32

*Media de precio mínimo en la columna de la izquierda; media de precio máximo en la de la derecha
Fuente: La Semana Vitivinícola

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