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1 y 6. Algunos de los jueces españoles 2. Muestras en ExCel 3. Ed Adams MW 4. Batería de vinos en una pantalla 5. Oros para catar al final de la jornada 7. Batería de tintos 8. Sarah Jane Evans MW Fotos: Decanter Nic Crilly-Hargrave y Y.O.A.

Catas

DWWA: así es el mayor concurso de vinos del mundo

Amaya Cervera y Yolanda Ortiz de Arri | Martes 17 de Mayo del 2022

DWWA (Decanter World Wine Awards) es el mayor concurso de vinos del mundo por número de muestras. En su decimonovena edición, celebrada en Londres entre el 24 de abril y el 7 de mayo de 2022 concurrieron unas 18.500 etiquetas de todo el mundo. Participar como jurado por primera vez nos ha permitido conocer los entresijos de la competición.

El escenario para valorar semejante cantidad de muestras fue el recinto ferial y de congresos ExCel, situado en el Royal Victoria Dock, una zona de dársenas a orillas del Támesis y al este de la ciudad de Londres. 
 
Nos apeábamos, muy apropiadamente, en la estación de Custom House. Con este nombre se conoce a los edificios gubernamentales situados en zonas portuarias que controlaban el pago de impuestos de los bienes que entraban y salían del país, así que era inevitable pensar en siglos y siglos de comercio de vino con los ingleses.


Con puntualidad británica, y dos horas de entrada distintas para los jueces por protocolo Covid (aunque en Londres las mascarillas brillan por su ausencia, incluido el transporte público), las catas empezaban a las nueve y media de la mañana para el primer grupo de jueces y a las diez para el segundo. Este año casi 300 profesionales, entre los que se contaban más de 60 Masters of Wine y Masters Sommeliers pusieron sus narices y paladares al servicio de la competición.
 
La organización es complejísima, tanto por el gran volumen de vino que hay que procesar, clasificar y cubrir para garantizar el anonimato (todas las catas se realizan a ciegas), como para cuadrar las fechas de cata de los jueces, ya que los días de asistencia varían en función de la agenda de cada uno. Recomiendan dedicar al menos dos jornadas para que la experiencia sea más completa. En nuestro caso, fueron tres días Yolanda y dos Amaya.

Información y debate 

Las catas se organizan por países o zonas más amplias (por ejemplo, los Balcanes o Italia Central). Nuestro escenario de trabajo fue casi todo el tiempo la sala 2, destinada casi íntegramente a España, aunque también catamos en la sala 3 junto a paneles que valoraban los vinos de Alemania o Portugal, entre otros.

En cada sala trabajaban a diario varios equipos formados por dos o tres catadores más un regional chair experto en el país o la región que ejerce de presidente y puede estar asignado a una única mesa o coordinar dos de manera simultánea. En este último caso, suele haber un senior judge que se encarga de hacer el recuento de las puntuaciones. Si hay alguna duda, el regional chair cata el vino y se decide con su opinión.


Cada mesa cuenta con un par de asistentes (Daniela, en la foto superior, fue una de ellas) que se encargan de colocar las copas, numerarlas (muy importante para no confundirse en baterías relativamente largas) y servir los vinos. Todos los puestos de cata están equipados con su propio ordenador donde figura el programa del día. Los jueces solo debíamos preocuparnos de situarnos en la batería correspondiente, teclear nuestras notas de cata y puntuar cada vino en la escala que hizo famosa Parker y que abarca del 70 al 100.

Uno de los elementos más interesantes del concurso es que contábamos con información básica para contextualizar los vinos: región, variedades, añada y, muy interesante, bandas de precio, porque esto contribuye a impulsar hacia arriba los vinos más asequibles que se desmarquen junto a otros más caros. 
 
Las baterías son temáticas y están pensadas para que los catadores puedan dosificar fuerzas. Durante la mañana se probaban habitualmente tintos, mientras que las tardes se dedicaban a blancos, rosados y espumosos. Y todo ello con una planificación bastante sensata para alternar vinos de estructura con regiones más livianas. Así, por ejemplo, la mañana podía arrancar con Valdepeñas o La Mancha para seguir con Montsant, pasar luego a Toro o Ribera del Duero y terminar con Bierzo o Ribeira Sacra. Tras un descanso de no mucho más de una hora para comer, continuaban las baterías de la tarde. Algunas de las que nos tocaron fueron cavas, y espumosos de otras zonas, txakoli, sauvignon blanc de Rueda… Al final, a lo largo de un día se pueden catar entre 65 y 85 muestras. 
 
Otro aspecto que aporta valor al concurso es el breve debate que tiene lugar al término de cada batería. El presidente de mesa repasa el grado de acuerdo de los vinos catados, trabaja por consensuar una puntuación final en el caso de que se hayan dado valoraciones divergentes y adjudica las correspondientes medallas: bronce (85-89 puntos), plata (90-94 puntos) y oro (95-100). 

Medallas y catadores

Los oros, en caso de haberlos, pasan a una recata y verificación que tiene lugar en la segunda semana del concurso. En esta segunda ronda, los co-chairs o presidentes del concurso (este año eran cuatro: Sarah Jane Evans MW, Andrew Jefford, Michael Hill Smith MW y Ronan Sayburn MS) dilucidan los oros, gran oros y platinos. Son ellos también, en última instancia, quienes deben resolver posibles diferencias de opiniones en las mesas. 


Nos pasó con un vino que estaba en el límite entre el oro y la plata y con otro que tenía una nariz un tanto extraña, pero un paladar bastante especial. Los co-chairs dan su punto de vista, se vuelve a hablar y se decide a partir de sus comentarios, todo ello de una forma muy civilizada y profesional. Lo cierto es que, a pesar de que los compañeros de mesa cambian habitualmente cada día, la relación resulta muy profesional y fluida.

El perfil de los catadores es muy variado: sumilleres, críticos, compradores de vino, formadores, periodistas…, pero con un alto número (más de 60 este año) de Masters of Wine (MW) y Masters Sommeliers (MS) – nunca habíamos visto tantos juntos bajo el mismo techo salvo en el simposio de su Instituto que se celebró en Logroño hace unos años.  El hecho de que cada juez tenga una disponibilidad diferente hace que se cate cada día con nuevos compañeros de mesa, lo que, sin duda, resulta muy enriquecedor.

En la sala de España encontramos muchas caras conocidas, empezando por Ferran Centelles y Pedro Ballesteros MW, ambos en su papel de regional chair, y siguiendo por sumilleres como Guillermo Cruz, Pilar Cavero, Agustín Trapero o María José Huertas. 

Uno de los atractivos que tienen los jueces es poder catar todos los oros de cada día al final de la jornada. Todos quedan expuestos en una mesa y clasificados por regiones o países, pero con las etiquetas convenientemente ocultas, para quien quiera improvisar una última cata.
 

Algunos de los protagonistas

Sarah Jane Evans, Co-chair DWWA 
Gran defensora y excelente conocedora de los vinos españoles, Sarah Jane Evans mantiene una conexión especial con este país desde que trabajó como au pair en El Escorial en los años 70. Para la tesis de su Master of Wine en 2006 escribió sobre la contribución de los almacenistas a la calidad del vino de Jerez y desde entonces ha publicado infinidad de artículos sobre los vinos de esta zona y del resto del España.

Ex presidenta del Institute of Masters of Wine, Evans es también miembro de la Gran Orden de Caballeros del Vino por sus servicios al vino español. Además de su trabajo como formadora, juez en concursos internacionales, periodista y escritora de vino, Sarah Jane Evans es experta en chocolate. Autora del libro The Wines of Northern Spain, está ahora inmersa en el segundo volumen, que abarca el sur del país.

Pedro Ballesteros, Regional Chair
Ingeniero agrónomo y Master en Viticultura y Enología, Pedro Ballesteros es el decano de los Masters of Wine españoles y uno de los divulgadores más lúcidos y didácticos del panorama vinícola en España. 

Aunque su trabajo principal está en la Comisión Europea, Ballesteros encuentra tiempo entre sus muchos viajes para escribir en diversas revistas internacionales, participar como jurado en concursos de vino en ocho países y participar activamente en actividades de formación, promoción y asesoramiento del vino español. Como Sarah Jane Evans, es miembro de la Gran Orden de Caballeros del Vino. 

Además de ofrecer mucha información y análisis en un tono ameno y accesible, su último libro, Comprender el Vino, es también una invitación a la reflexión y al debate sobre el mundo del vino en España.

Beth Willard, Regional Chair
Australiana afincada en Inglaterra, Beth Willard (en la foto inferior, junto a Ferran Centelles) comenzó a trabajar en el mundo del vino movida por su interés por los viajes y los idiomas. En la actualidad es directora de compras del distribuidor independiente Winetraders UK y está especializada en España y Europa del Este. Anteriormente, fue directora de compras de Direct Wines, uno de los distribuidores de vino más importantes del Reino Unido. 

Beth también es miembro de la Gran Orden de Caballeros del Vino, viaja a menudo por toda la geografía española y es una buena conocedora de la realidad vitivinícola del país. Participa como juez en los Decanter Wine Awards desde 2015.


Ferran Centelles, Regional Chair
La vida profesional de Ferran Centelles está ligada a elBulli, donde entró a trabajar como stagier en 1999 y permaneció como sumiller hasta su cierre en 2011, año en el que obtuvo el Premio Nacional de Gastronomía. En la actualidad, no solo colabora en la partida de bebidas de elBullifoundation, sino que también imparte clases de sumillería y formación de vino en diversos centros, entre ellos Outlook Wine en Barcelona, del que es co-fundador, y es corresponsal en España de jancisrobinson.com

En 2016, Centelles publicó ¿Qué vino con este pato?, su primer libro sobre maridajes.

Jueces senior
Además de los regional chairs, en cada mesa de cata, compuesta por al menos tres personas, se sienta un juez con amplia experiencia en el concurso y que puede actuar como coordinador cuando uno de los regional chairs está a cargo de dos grupos. En las mesas con vinos de España coincidimos con Pierre Mansour, jefe de compras de The Wine Society, Christine Parkinson (co-fundadora y asesora de Brimful Drinks) y Ed Adams MW, consultor y socio junto al enólogo sudafricano Bruce Jack de La Báscula Vinos.

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